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viernes, enero 23, 2026

Rostros de la infamia: De Villa Marista a la actualidad.

 Por: Eloy A González.

El 24 de abril de 1992, mientras estaba en mi consulta de Oncología del Hospital Clínico Quirúrgico Docente Julio Trigo López, en La Habana, fui arrestado. Un agente que se hacía llamar “Vladímir" me dio una nota y, cuando escuchó mi respuesta desafiante, me detuvo.

No cabíamos todos en el auto del G-2. El agente "Rey", que estaba a cargo del hospital, se quedó para llegar a Villa Marista más tarde, cuando ya había comenzado el interrogatorio. Los agentes se iban reemplazando durante los largos y extenuantes interrogatorios a los que fui sometido durante dos días, pero la intensidad de estos no disminuyó.

Además de "Vladímir", que era el que tenía la voz cantante, y "Nidia", la agente principal a cargo del MININT-DSE en el Ministerio de Salud Pública, otro agente se unió por momentos en la tarde. Este tenía una apariencia y comportamiento poco amables, y me dijo llamarse "Juan Carlos". Era incisivo y no perdía ocasión de atacarme con particular dureza. Su apariencia era la del "policía malo", en contraste con la actitud de "Vladímir", el "policía bueno".

¿Por qué estoy trayendo esto a la actualidad? Dado que el agente "Juan Carlos" está hoy en los medios, si es efectivamente el mismo. Bajo el nombre supuesto de "Juan Carlos", hoy se ha revelado la identidad de un agente que estuvo en una de las fotografías tomadas durante el tributo a los soldados cubanos caídos en la extracción del exdictador venezolano Nicolás Maduro. Esto tuvo como resultado un efecto no deseado para el gobierno cubano, acostumbrado a mantener todo encubierto y oculto al reprimir a los ciudadanos. Seis individuos relacionados con el Ministerio del Interior (MININT) que han sometido a artistas y periodistas independientes fueron identificados.

Represores del MININT_DSE identificados .Encuadre en verde: Rafael Pupo Carnet


El 15 de enero de 2026, una cámara de televisión estatal tomó imágenes de los sujetos en la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), aguardando su turno para rendir honores a los restos de mercenarios cubanos que fueron abatidos por tropas estadounidenses el 3 de enero en Caracas. Este era uno de los agentes de la policía política, conocido por muchas víctimas de la represión en Cuba con el nombre de "el teniente coronel Juan Carlos", hablando con sus compañeros que estaban haciendo fila.

Su vivienda estaba situada en el barrio llamado Reparto Flores, ubicado en el municipio Playa, lo cual era conocido. Una fuente ofreció el nombre y el año de nacimiento, que fue 1967. Rafael Pupo Carnet. Se encuentra el nombre en bases de datos que filtran identidades desde hace años en Cuba, y coincide exactamente con: Rafael Pupo Carnet, quien vive en el barrio de Flores. Cuando los funcionarios de la Policía política hostigan, arrestan, agreden o interrogan a los ciudadanos clasificados por el MININT- DSE como "contrarrevolucionarios", es habitual que no se identifiquen con sus verdaderos nombres.

Un video revelador exhibido a cinco de sus víctimas. Coincidieron en que se trataba del mismo individuo, el conocido «Juan Carlos». Quizás el mismo que me interrogó durante dos días en abril de 1992, junto con un "Agente Vladímir" de menor rango. No es otro que el teniente coronel Rafael Pupo Carnet. Aunque los rasgos se me difuminan con el tiempo, las coincidencias están presentes.

Juan Carlos se unió a mi interrogatorio cuando entró en el lugar donde estaba. Todo sugiere que había estado en una habitación diferente escuchando la sesión de preguntas y respuestas. En una de las preguntas reveladoras que me hace "Vladímir", me advierte sobre algo que yo había comentado en la casa de Sonia Carreras, una agente encubierta residente en el Reparto Kholy. Sin dudarlo, le respondí: "No puede usted darle demasiada importancia a lo que dice una mujer del Reparto Kholy". Esto encendió la alarma de "Juan Carlos", quien, enfadado, me acusó de estar manipulando a "Vladimir". "Solo me estoy defendiendo", le respondí.

En la madrugada estando solo en la habitación del interrogatorio entraron ambos agentes, de forma agresiva, porque estaban molesto cuando vieron que no encontraron las evidencia que fueron a buscar, y este “ Juan Carlos” me acerco el puño a la cara. Le advertí que aquello tomaría un curso muy distinto si me golpeaba. Este se tranquilizó. Ambos, en tono más conciliador me dijeron: “Hemos investigado desde su niñez hasta el presente, reconocemos que no tenemos por donde agarrarlo”, respire aliviado.

La información acerca del agente "Juan Carlos", oficial del Departamento de Seguridad del Estado en Cuba, es publicada hoy. Represor consumado. Es verdad que lo que les he narrado sucedió entre el 24 y el 26 de abril de 1992, y también que es complicado identificar a este agente debido a los cambios que pueden ocurrir en la cara durante tantos años. Pero aquí está: quizás sea y pueda ser esa persona que me interrogó aquella madrugada del 25 de abril de 1992. Es aquel que se muestra en la imagen, con su cara encuadrada en verde.

Todos los represores, menos uno, tienen la cabeza rapada. Parece que los agentes represivos del régimen comunista han asumido la estética skinhead. Por lo menos así sucedió en el tributo a los mercenarios cubanos que perecieron en Caracas.

23 de enero de 2026

#RepresoresCubanos  #NiOlvidoNiPerdon  #VillaMarista  #CubaLibre  #DerechosHumanosCuba #JusticiaTransicional  #RafaelPupoCarnet

 

martes, julio 28, 2020

Intento de asesinato. Segunda Parte

Una colisión inesperada del Lada Rojo
Estaba por finalizar el año 1992, en ese tiempo había sido detenido, interrogado y amenazado; citado en varias ocasiones a la sede del DSE, presentado en el Hospital donde trabajaba como “contrarrevolucionario” y “uno de los derechos humanos”. Fracasa un Acto de Repudio organizado en el Hospital, en tanto que, en el vecindario se intenta otro Acto de Repudio, sin mucho éxito, en la Zona de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en Calle 86 y 13 en Playa. A esto se agrega que el resto de mis familiares comenzaron a sufrir las ambigüedades, controles y presiones de todo tipo. ¿Qué faltaba? Algo que nunca esperé.
En octubre de ese año, la escasez de gasolina afectaba toda la capital; a pesar de contar con los cupones para surtir de gasolina no había y cuando aparecía era acompañada de filas interminables de autos. A mediados del mes en el Servicentro de 42 y 33 en Marianao había gasolina disponible y fui para allá; me puse en la fila que ya superaba la Calle 36 y la avenida 33, pero veo que era imposible y decidí irme. Antes caminé en más de una ocasión alrededor del Servicentro, y con esa agudeza que genera el ser objeto de vigilancia, me percaté de un sujeto que se mantenía a distancia vigilándome.
Fue así como regresé al mi auto, un Moskvich Alejo 2141 con problemas de la trasmisión y giré en 42 y 33 hacia la avenida 41, con la intención de girar a la izquierda en la 35 Av. Paré, puse el indicador mientras un auto blanco se situaba detrás. Como tenía dificulta en el arranque por la trasmisión se me hizo difícil el giro y fue entonces cuando veo que venía como un bólido, bajando desde 41 un Lada de color rojo a exceso de velocidad.  Reaccioné con rapidez y en segundos, estando en una cuesta empinada y con las dificultades de la trasmisión solo dejé que el auto, en neutro, descendiera hacia atrás; en tanto que el auto blanco superaba por la izquierda y seguía su camino. Todo indica que el chofer del Lada rojo mostró desorientación y viniendo en descenso y a exceso de velocidad; considerando que yo también haría el giro, gira a la derecha para ir a estrellarse contra un jeep Gaz 69 del ejército, que estaba parqueado a la izquierda en la avenida 35. Como es de suponer la colisión con un vehículo sólido como lo es el Gaz 69 destruyó el Lada.
Un dibujo aproximado de la posición de los autos comprometidos con la colisión. 
Regresé a la esquina y unos vecinos del lugar llegaron hasta mí para decirme que habían visto el accidente y que podían testificar a mi favor; anoté el nombre de dos de ellos. En tanto que el conductor del Lada regresó y me conminó a que le diera mis datos y el número de la placa. ¿Esperamos la Policía?, le pregunté, No, no es necesario, me dijo. Fue entonces que regresé a mi casa.
Estoy seguro de que el conductor no esperaba que dejara rodar en neutro mi auto para que este descendiera por la inclinación; en tanto que el esperaba que un giro a la derecha produciría la colisión con mi auto. Estaba preparado para esto, tanto es así que, cuando giré lentamente y me coloqué en la avenida 35 y regresé al lugar del accidente, el conductor salía del auto arruinado caminando sin ningún problema. No se quedó allí ni procuró mi atención; cruzó rápidamente la Calle 42, se encontró con el sujeto de pantalón de mezclilla y camisa a cuadro alto él, el mismo que había llamado mi atención; intercambiaron brevemente y se dirigieron a un teléfono público que hay muy cerca del Servicentro. Era necesario reportar y esperar orientaciones.
Las circunstancias en que se produjo este incidente son desde todo punto de vista muy sospechosas. Cuando usted es seguido por la policía política desarrolla un especial instinto de atención, pasiva y activa, de manera que percibe la asechanza como algo real. No, no es paranoia, en realidad usted es objeto de atención frecuente sobre todo cuando se mueve con premura en un auto.
La colisión inesperada se da porque el conductor del auto Lada, por muy avezado que era, no esperaba que me detuviera en firme y dejara rodar mi auto hacia atrás. Cuando se produce el choque y queda destruido y humeante el auto, sale del mismo el conductor y camina apresurado para cruzar una calle y encontrase con el otro sujeto; caminan hasta la otra intercepción y hacen una llamada telefónica. De regreso, el conductor, no acepta esperar por la Policía.
Mi error fue desatenderme de los testigos que me abordaron y aceptar que la Policía no llegaría para iniciar la pesquisa policial del accidente; e irme para mi casa.
Continuará…,
Nota: La foto corresponde a un dibujo aproximado de la posición de los autos comprometidos con la colisión.
Información relacionada:

sábado, julio 25, 2020

Intento de Asesinato. Primera Parte


Este es un extenso artículo con el título de “Intento de Asesinato”. Preparado para completar una información valiosa que será incluido en un libro de próxima aparición. Siendo como es muy extenso, he decidido incluirlo en el Blog en tres partes e insertar los enlaces activos donde sea necesario. De esta forma es mas accesible su lectura y permite incluirlos también en las redes sociales.
Intento de asesinato.
El encabezar este testimonio me produce cierto sobrecogimiento. Los hechos que ahora describo nunca han sido incluidos en documento alguno. Sí, existe una corta referencia en el testimonio que, en algún momento, escribí con el título de: Trascripciones tardías u Otras trascripciones tardías. Estos documentos, que aportan notas convincentes, aparecen con esos títulos y a modo de artículos testimoniales en la red; también en mis libros que recopilan artículos y que han sido publicados: “La Habana bien vale unos títulos” y “Notas sobe la religiosidad del cubano bajo una dictadura prolongada”. Desde hace algún tiempo cuando preparaba la maquetación para un próximo libro incluí un archivo: testimonio inacabado; es en este punto que comienzo a escribir.
¿Por qué ahora? No hay mucho tiempo. Es cierto que estos fueron eventos que ocurrieron a finales del año 1992, pero su alcance y lo difícil de aceptar me llevaron, primero a no denunciarlos y después a tratar de reinterpretar todo aquello. Cuando se produjo el juicio y recibí una especie de fallo condenatorio, guardé el documento y al salir de Cuba al exilio no lo traje. El documento en si prueba los hechos no la intencionalidad de los hechos.

Intersección de la Calle 42 y 35 Av. Marianao, La Habana
Es que intento escribir sin tener el documento de referencia que aportaba muchos datos, ni más ni menos, del intento de asesinato de que fui objeto a mediados de octubre del año 1992 en la intersección de la Calle 42 y la Avenida 35 esto en Marianao, La Habana. Si se mira en el tiempo esta es, sin duda, una trascripción tardía, pero necesaria; completa mi testimonio al que solo faltaba esta acción con intención criminal de la policía política. Tratando de ordenar todo lo acontecido en aquel azaroso año del 1992, señalo aquí lo siguiente:
El día 20 de abril de 1992 fui detenido en mi centro de trabajo, Hospital Gral. Docente “Julio Trigo López” a las 9:00 a.m. y conducido a la sede del Departamento de la Seguridad del Estado (DSE) conocido como “Villa Marista”, allí fui interrogado durante 48 horas y puesto en libertad más tarde. Sin conocer las consecuencias ulteriores de mí arresto y teniendo en cuenta las opiniones de la contraparte, es decir de los interrogadores. Obviamente las medidas y consecuencias no se hicieron esperar.
Un mes después de mi detención fui citado a la sede de la Seguridad del Estado a fin de efectuar nuevos interrogatorios en los cuales expresé con claridad mis puntos de vista. Una semana depuse fui citado de nuevo es esta sede para otro interrogatorio, aunque era evidente que éste tenía el propósito, en medio de un fuerte ambiente de intimidación, a lograr nuestro compromiso de colaborar con la policía política, lo cual rechacé de forma resulta y categórica a pesar de las consecuencias que me informaron acarrearía mi actitud con relación a mis familiares.
Los acontecimientos se precipitaron; el día 24 de junio de 1992 se informó en reunión pública en el Hospital donde trabajaba de mi condición de “activista de derechos humanos” y “contrarrevolucionario”, tratando de crear un ambiente de hostilidad entre los trabajadores lo cual resultó fallido e incluso contraproducente para las autoridades. Las muestras de solidaridad y respeto mostrado por los trabajadores son dignas de ser mencionado aquí.
Una semana más tarde fui objeto de un intento de agresión física a la salida del Hospital por dos personas que venían en una moto a gran velocidad, en esa ocasión fue golpeado un paciente que caminaba a mi lado. Días después sufrí una agresión física en la conocida intersección habanera de 100 y 51 en Marianao, de forma muy sospechosa.
El día 1 de noviembre de 1992 se me entregó una citación para presentarme el día 8 del corriente en la Zona de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en Calle 86 y 13 en Playa. Al llegar allí comprendí que estaban creadas las condiciones para un interrogatorio público y un Acto de Repudio (linchamiento verbal). Alrededor de unas 30 personas ocupaban el local mientras se sentaron al frente, a modo de jueces, los representantes del Partido Comunista, MININT, SUVP y CDR. La situación no pasó de un interrogatorio público en el cual expresé mi posición a favor de los Derechos Humanos en su contexto cristiano. Recibí una advertencia verbal.
A esto se agrega que el resto de mis familiares comenzaron a sufrir las ambigüedades, controles y presiones de todo tipo. A mi esposa le fue negada de forma reiterada la posibilidad de obtener trabajo, siendo Médico Especialista, permaneciendo dos años sin trabajo al negársele el derecho a ocupar las plazas que se encontraban vacantes en su especialidad.
En noviembre del 1992 fui expulsado de un Curso Básico de computación que estaba recibiendo en la Facultad de Medicina anexa al Hospital Julio Trigo donde trabajaba en aquel momento; esto por razones políticas.
En el mes de diciembre de 1992 fue informado de forma pública en los Comités de Defensa de la Revolución en el vecindario donde residía, de mi condición de “religioso” y “uno de los Derechos Humanos” y contrarrevolucionario”.
El 29 de diciembre de 1992 fui citado a Juicio por un supuesto y oscuro accidente de tránsito, en el auto del juicio el Juez mostró una violencia verbal inmotivada contra mí tan pronto como empecé a declarar. Como era de esperar se me declaró culpable. (Otras trascripciones tardías)
Es de este asunto que quiero tratar en este artículo.
Continuará…,

miércoles, octubre 25, 2017

En los pasos de Otto y Elise Hampel en Párraga.

Por Eloy A González.

No importa si lucha un hombre o diez mil, si un hombre ve que no tiene otra opción que luchar, entonces luchará, tenga a otros a su lado o no. Hans Fallada.
He visto la película Solo en Berlín (Alone in Berlín) un drama de guerra del 2016 dirigida por Vincent Pérez y protagonizada por Brendan Gleeson y Emma Thompson  como el matrimonio Quangel. Basada en la novela Solo en Berlín de Hans Fallada, quien en realidad es el autor alemán Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen (1893-1947). Se trata de uno de los autores alemanes más importantes del siglo  xx, cuya obra se está recuperando del olvido; prueba de ellos es la publicación de esta novela en español y el film que nos ocupa.[1]
Cartel de la pelicula  "Alone in Berlin"
La historia de una pareja de berlineses en los años cuarenta en la Alemania nazi que establecen un accionar para desafiar al régimen nazi, es desde todo punto de vista conmovedora en tanto que peculiar. El matrimonio Hampel  estaba formado por  una pareja  de clase trabajadora e  idearon un sencillo método de protesta que duró dos años (de septiembre de 1940 al otoño de 1942). Escribieron postales contra Hitler y el régimen nazi y las distribuyeron por los lugares públicos de Berlín. A pesar de que su protesta apenas causó una onda superficial en el régimen nazi (la mayoría de las postales que se encontraron fueron entregadas inmediatamente a la Gestapo), su actividad avergonzó a los jefes de la policía secreta, puesto que durante más de dos años no fueron capaces de detener a los anónimos distribuidores de las tarjetas. Finalmente fueron detenidos por la Gestapo, juzgados el 22 de enero de 1943 por la Sala Segunda del Tribunal Popular , acusados de “socavar la moral militar”  y de “alta traición“, fueron declarados culpables y acabaron decapitados en la prisión de Plötzensee de Berlín en abril de 1943.[2]
Aun cuando en el guion de la película, el catalizador para que este matrimonio decidiera desafiar al régimen nazi en tan difíciles circunstancias se relaciona con la muerte en el frente de combate de un hijo; en realidad lo que ocurrió es que el hermano de Elsie había muerto en combate  en el año 1940, esto en Francia. La noticia fue para ellos  devastadora. 
Salvando las distancias, todas las distancias; porque nadie puede reescribir anécdotas sobre eventos tardíos, dedicaciones improcedentes y expiaciones de soslayos; recuerdo algunos eventos donde fui participe en uno de aquellos años liados e impredecibles que vivimos, esto en el 1991.
Un día de agosto del 1991 salí del hospital donde trabajaba de regreso a la casa, cuando tomo uno de esos camiones que corrían por la calzada de Bejucal lleno de pasajeros que habían subido los amarillos en los puntos habituales de recogida. Cuando el camión sobrepasó el punto de la calzada y la autopista me dejo más allá del paso de nivel bajo una llovizna; caminando sobre el puente encontré cientos de volantes escritos en distintos colores y letras bien legibles con textos contra el régimen Castro comunista. En todo el viaje de regreso estuve pensando en esto. Dentro del grupo en el cual conspiraba contra el régimen, teníamos en curso una protesta mediante letreros- grafitis; esta una especia de campaña por el NO. [3]
Ese día pensé todo lo útil que sería hacer una especie de volante en forma de carta, no para ser puesto en lugares públicos, sino para enviar por correo postal a instituciones que no estaban comprometidas con el régimen y al recibirlas, no la entregarían sino que la leerían y tal vez compartirían; el primer objetivo serian organizaciones e instituciones religiosas. En ese tiempo tenia algunas notas que circulaban entre los grupos de oposición y sobre todo informaciones muy precisas de la Concertación Democrática Cubana, organización que aglutinaba un grupo de organizaciones disidentes. 
Al día siguiente de regreso al Hospital, en la sección de consulta externa del Hospital “Julio Trigo”, revise todas las posibilidades de hacer aquel trabajo de mecanografiar, copiar y poner en sobres los documentos que me interesaban enviar. Nadie más estaba al tanto de esto, ni aun los escasos miembros del grupo político. En la consulta externa había tres máquina de escribir , una en la oficina de turnos, otra en el del departamento de Quimioterapia ( donde trabajaba) y una tercera máquina que nadie usaba en un amplio closet de la consulta #2 que, tapada por montañas de modelos, nadie veía. Revise, limpie y puse a punto esta máquina que guarde cubierta por los cientos de modelos que se mantenían allí y que se salvaban, por el momento, de ser usados como papel sanitario.
Declaraciones, notas, citas de textos de derechos humanos y alguna que otro comentario  de declaraciones que escribí, conformaron un pequeño archivo de informaciones que escribía en aquella máquina sin preocuparme por los que entraban y salían porque, en mi trabajo, llevaba todos los tratamientos de quimioterapia mecanografiados. Puede que estuvieran presentes mientras mecanografiaba dos enfermeras, una médico y varios pacientes recibiendo tratamiento, en tanto que yo, hacia mi correspondencia de textos que desafiaban al régimen y los preparaba para enviarlos por correo.
Fotos de la ficha policial de Otto y Elsie Hampel
Cuando terminaba mi trabajo en la tarde, tomaba la salida del Hospital Lebredo y remontaba la calle principal del barrio de Párraga; superada la terminal de la ruta 2 y antes de la curva de Parraga estaba un pequeño correo con un buzón hacia la calle donde depositaba mis cartas subversivas dirigidas a instituciones religiosas. Esto lo hice en varias ocasiones. Al dejar las cartas me subía al ómnibus de la ruta 2 y cambiaba en La Víbora a la ruta 100…regresaba a mi casa.
Entonces ocurrieron dos hechos que me pusieron en sobre aviso de lo peligroso que podía resultar todo aquello; porque peligroso sí que era. En una visita a mi amiga, la actriz parametrada, me encontré a esta atemorizada; resulta que le habían dicho que los agentes del régimen estaban  en la zona llegando a algunas casas donde tenían máquinas de escribir y estaban revisando estas, a ella le revisaron la suya. Me alarmé, ella me había ayudado a conseguir mi máquina de escribir, que me había vendido una conocida modelo, que vivía en la barriada de Playa. El otro incidente resultó el más preocupante y fue cuando una de las oficinistas que trabajaba dando los turnos en la consulta externa, persona de mi confianza, se me acerco para decirme que algunos agentes habían estado revisando las máquinas de escribir. ¿Qué maquinas revisaron? …, las de aquí de la oficina y la del Dpto. de  Quimioterapia. No le dije más nada, fui a la consulta #2 tome la máquina, por un momento pensé en dejarla inservible, pero después encontré un lugar donde por meses no la encontrarían. Los documentos que tenía los dejé  en el falso techo de la consulta. Meses después cuando fui detenido y en la tercera citación a Villa Marista me amenazaron de registrar mi casa y la de una familia amiga en la Habana Vieja… les dije “que podían hacerlo cuando quisieran pero no encontrarían nada”. ¡Y sí que tenía todo en la casa! En días sucesivos lleve todo al falso techo de la consulta y siempre que me fue posible caminaba a los depósitos de basura detrás de Instituto Nacional de Medicina del Trabajo , colindante con el Hospital “Julio Trigo”, donde iba dejando toda la papelería . Entre esos documentos estaban muchas hojas membretadas. Con mi último deposito aproveche para salir por el Instituto de Medicina del Trabajo y allí estaba parado, como esperando, el agente “Rey” de la Seguridad del Estado…, no tenía otra, fui hasta donde estaba y le salude.
Muchos aducen que dedicaciones como esta de nada sirven como no sea para llevarte al tanque, a la cárcel. Cuando alguien asume que vive bajo una dictadura absolutista y debe rebelarse en la forma que así considere, asume que su gesto es un acto de libertad personal; no hay la intencionalidad de buscar una liberación colectiva y un cambio de régimen inmediato. Un acto de desobediencia activa es un acto de liberación interior que hace a la persona proclive, en primer término, a reconocer cuanto de necesario es hacer algo y hacerlo prontamente aunque los resultados no sean tan promisorios. 
En el film, Elsie requiere a su esposo Otto que le explique cómo puede ser útil lo que hacían y si traería algún beneficio a la sociedad. No habría resultado en aquella sociedad en la que vivían, envilecida y atemorizada bajo el régimen nazi; pero él le dice que en cada acto se liberaban…, estamos más liberados, decía, y su esposa entendía sus palabras. Las más de 250 tarjetas que escribieron y distribuyeron en la ciudad Otto y Elsie Hempel apenas llegaron a un sector significativo de los que ellos consideraron que estaban dirigidas, pero en aquel empeño se sentían más libres. El agente investigador en el film señalaba a Otto Hempel que solo 18 tarjetas no habían llegados a sus manos, la mayoría de los asustados ciudadanos las entregaban de inmediato a la policía cuando las encontraban.
Todo esto ocurre en una sociedad en completa sumisión del individuo y de la colectividad.  La indefensión y la desesperanza corroen el alma social y evitan superar el totalitarismo, no es una lección que aprendimos del nazismo, está en cada tiranía que se afinca en el poder.
El “no se puede hacer nada” nos acompaña, nos carcome la conciencia y evita que la dedicación de pocos se haga empeño de muchos.
Del expediente policial de los Hempel, en contexto, aparecen los argumentos del agente interrogador cuando ya Otto se había declarado culpable y buscaba de manera infructuosa salvar a su esposa de la muerte. “Morirás por esto y todo habrá sido en vano“, le decía Willy Pueschel, el inspector de la Gestapo que lo interrogó tres veces. “No es por nada,” contestó Otto, “Yo no fui uno de vosotros”. Termino diciéndole al interrogador que se había sentido feliz haciendo algo. En cada instante de la vida del matrimonio Hampel en aquellos dos años de protesta activa y entrega a lo que creían su lucha, fueron libres y por qué no..., felices.
Los Hampel habían echado fuera el temor, cuando fueron apresados aceptaron su culpabilidad si es que la había conforme a las leyes de un régimen criminal y despótico y fueron al patíbulo, convencidos que habían superado lo que tantos de sus compatriotas no asumían: el temor paralizante y la certeza de que algo se podía hacer contra aquel régimen.
Para ellos era cierto que en el amor no hay temor, y que este cuando es genuino echa fuera el temor…, había adhesión en ellos; el de la dedicación fascinante a la conspiración, la contienda y el acto liberador de hacer algo sencillo de escaso provecho pero justificado.
 Es lo que se experimenta….,  así de simple.
©2017


[1] E. (n.d.). Solo en Berlín. La recuperación de una obra maestra de las letras alemanas. . Retrieved October 4, 2017, from http://www.maeva.es/colecciones/exitos-literarios/solo-en-berlin
[2] S. (2013, Abril 23). Otto y Elise Hampel: la resistencia al totalitarismo mediante tarjetas postales. Retrieved October 4, 2017, from http://www.aryse.org/otto-y-elise-hampel-la-resistencia-al-totalitarismo-mediante-tarjetas-postales/
[3] González, E. A. (2013, June 9). NO, la película: el derecho a plebiscitar a una dictadura. . Retrieved October 4, 2017, from http://buenavistavcuba.blogspot.com/2013/06/no-la-pelicula-el-derecho-plebiscitar.html