Por. Eloy A González.
Los cubanos volvemos
repetidamente a nuestra propia historia. Hoy exaltamos el patriotismo, lo
elevamos; y mañana, sin compasión, discrepamos y atacamos a aquellos que optan
por sacrificar su vida por la libertad de Cuba. Y créame... estoy cansado del
viejo argumento de que "no llegamos o nos pasamos". Antes del
desafortunado suceso del fallido desembarco de un conjunto de cubanos con
sentimientos patrióticos al norte de la isla, estábamos abocados a discutir
acaloradamente, si desde ya, debíamos adoptar el anexionismo; cuchillo en mano
y desde nuestras cómodas posiciones tanto en la isla como en el exilio. Un
asunto que nos ha oscurecido las dedicaciones por una Cuba libre desde los
combates por la independencia de nuestra patria.
Es entonces cuando se
plantea la controversia que se encuentra en la sutil y frecuentemente subjetiva
frontera entre lo legítimo y el método. Aunque la resistencia y el combate
armado contra una dictadura generalmente se justifican con base en el derecho a
la autodeterminación o en la defensa de los derechos humanos, el terrorismo se
caracteriza por emplear estrategias indiscriminadas para generar miedo.
Cuando la mayoría de las
naciones de América Latina se habían independizado a finales del siglo XIX,
Cuba continuaba envuelta en una guerra que parecía no tener fin. La
intervención de los Estados Unidos fue el evento que puso fin a esa guerra. Hoy
en día, existen otras realidades; sin embargo, la más contundente es que el
pueblo cubano ha estado y sigue estando bajo el régimen de una dictadura
totalitaria y ferozmente represiva durante 67 años. Por lo tanto, tenemos que
no abordar una controversia, sino una realidad que ha dejado a la nación
postrada y ha transformado al país en un estado de calamidad pública.
Asumo el término de
beligerancia porque hace mucho tiempo redacté dos artículos que se explican por sí mismos. En esta situación, añado algunos apuntes acerca del
contexto jurídico y de la realidad en Cuba.
La beligerancia es la
condición de estar en guerra o ser combativo. En términos generales, significa
la actitud o postura de alguien que está dispuesto a confrontar a otra persona
en una pelea violenta o que ya es parte activa de un conflicto bélico. Esta
postura es observable no solo en el campo de batalla, sino también en los
pronunciamientos y políticas de gobiernos que buscan imponer sus intereses a la
fuerza.
El derecho internacional
establece que el estatus de beligerancia se otorga a los movimientos de
liberación nacional, a grupos insurgentes y a Estados que son capaces de operar
en términos territoriales como un gobierno convencional. Una vez que esta condición
es reconocida, las acciones de los protagonistas se encuentran enmarcadas en un
contexto jurídico, creando derechos y deberes conforme a la ley de conflictos
armados o Derecho de guerra.
En un conflicto armado
interno, este estatus puede ser aplicado a una comunidad beligerante: un
conjunto de personas levantadas en armas o en manifestación colectiva que, en
poco tiempo, se establece como una opción de gobierno.
Surge la necesidad de
reconocer el derecho a la beligerancia de los cubanos en respuesta al intenso
panorama de las protestas en Cuba, ante la circunstancia de calamidad pública
que enfrenta el país. Después de haber padecido una dictadura de sesenta años,
el pueblo cubano tiene la aprobación conceptual del Derecho de guerra para
llevar a cabo acciones contra el grupo enemigo: el gobierno tiránico y su
aparato represivo.
En la coyuntura actual, una
declaración de beligerancia implica un movimiento estratégico para que los
miles de ciudadanos que actualmente se manifiestan en las calles logren una
condición formal que les posibilite: encuadrar sus acciones en el marco del
derecho internacional, poner fin a un sistema que ha dejado al país en ruinas y
convertirse en una comunidad beligerante sujeta a protecciones y obligaciones
internacionales para salvar el futuro de la nación.
Después de los sucesos más
recientes en las costas cubanas (febrero de 2026), donde un grupo de patriotas
trató de desembarcar para incorporarse a la lucha interna, este debate ha
cobrado una relevancia crítica. El suceso, que ocurrió cerca de Corralillo,
terminó con el asesinato de cuatro individuos a manos de las fuerzas del
régimen.
La reacción del régimen ha
sido la usual: acusar a estos hombres de ser "terroristas" para
quitarles a sus actos cualquier matiz heroico o político. No obstante, desde el
punto de vista de la comunidad beligerante, estas acciones no son terrorismo,
sino prácticas legítimas de resistencia armada frente a una dictadura que ha
cerrado todas las rutas democráticas.
Si aceptamos el derecho de
guerra y la condición de beligerantes, podríamos legitimar la resistencia,
calificar las acciones de los patriotas como proporcionales y rechazar el
efecto propagandístico que produce la dictadura al utilizar la palabra "terrorismo".
Cuando los cubanos salieron
a las calles el 11 de julio de 2019 para protestar, los participantes fueron
agredidos, arrestados, juzgados y sentenciados. Nunca se les consideró sujetos
del derecho internacional, sino delincuentes comunes. Más de mil jóvenes
cubanos siguen hoy en día en las prisiones del régimen.
Si asumimos la beligerancia
esto conducirá – si somos consecuentes sobre lo que debemos hacer y lo que
podemos hacer - , a la caída del régimen
y del sistema que ha llevado a la nación a un estado de calamidad pública,
reconociendo que el pueblo cubano en su conjunto es hoy una comunidad
beligerante en busca de su libertad.
27 de febrero de 2026
“La Patria os contempla orgullosa”.
— Zoé Valdés - ZoePost (@MartianaMayo59) February 27, 2026
En la Paz De Dios. Pavel, te debemos la Libertad futura. Gracias eternas. pic.twitter.com/efHpN7dgm0




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