lunes, julio 13, 2026

Carta abierta de una cubana a las enfermeras de la National Nurses United (NNU)

 Por: Una mujer cubana que vive la realidad de la isla

Hace unos días, frente al Congreso de los Estados Unidos, la National Nurses United (NNU), una de las mayores organizaciones de enfermeras sindicalizadas de ese país, exigió el fin del embargo a Cuba. Con pancartas y consignas como “¡Quiten las manos de encima de Cuba!”, denunciaron que la política estadounidense está causando una crisis humanitaria en la isla.



Como cubana que ha vivido y sufrido las consecuencias de 67 años de dictadura, no puedo quedarme callada.

Señoras enfermeras de la NNU:¿Son cubanas? ¿Han trabajado en hospitales cubanos? ¿Han vivido un solo día como paciente o como profesional de la salud en Cuba? La respuesta, casi con seguridad, es no. Ustedes repiten el discurso oficial del régimen: que Cuba tiene “uno de los mejores sistemas de salud del mundo”, universal y gratuito. Permítanme contarles la realidad que se vive dentro de las salas: Una enfermera cubana gana menos de 5 dólares al mes. 

Trabajan turnos de hasta 24 horas sin condiciones mínimas. 

En muchas salas no hay termómetros, ni esfigmomanómetros, ni oxígeno. Los familiares los llevan de sus casas y los rotan entre los pacientes. 

No hay guantes suficientes: una sola enfermera usa el mismo par para poner sondas, inyectar, limpiar heridas y atender a múltiples enfermos. 

Faltan analgésicos básicos. Hay que esperar a que “autoricen” un medicamento tan simple como una duralgina. 

Muchas enfermeras terminan haciendo dulces o vendiendo lo que pueden dentro de los propios hospitales para sobrevivir.

Conozco médicos intensivistas que crían cerdos en sus patios para poder comer y alimentar a sus familias. Al terminar la guardia, muchos regresan a casas sin electricidad, sin agua corriente y con mosquitos como única compañía durante la noche. Esto no lo causa un embargo.

Lo causa un régimen que lleva casi siete décadas robando, priorizando hoteles de lujo y negocios para la élite militar mientras abandona al pueblo. Un régimen que destina millones a propaganda y represión, y que esconde en el extranjero más de 18 mil millones de dólares (según diversas estimaciones), mientras sus hijos y generales viven en la opulencia. Ustedes dicen: “Como enfermeras, cuidamos de todos”.

Entonces, ¿por qué no exigen también el fin de la represión? ¿Por qué no piden libertad para los cientos de presos políticos que son torturados en las cárceles cubanas? ¿Por qué guardan silencio ante niños y jóvenes encarcelados por pedir libertad o por publicar en internet? No es “bloqueo”. Es dictadura.

Una dictadura que ha convertido la salud, la educación y cada derecho en herramientas de control político. Una dictadura que castiga, reprime y silencia a quien se atreve a cuestionarla. A las enfermeras norteamericanas les digo con respeto pero con firmeza: Si realmente quieren ayudar al pueblo cubano, no se unan a la campaña de quienes oprimen. Apoyen la libertad. Apoyen el derecho de los cubanos a elegir su futuro, a tener un salario digno, a no vivir en el miedo. Exijan que Raúl Castro, sus generales y los hijos de la élite devuelvan al pueblo lo que le han robado.

Vengan a Cuba, no a los eventos organizados por el régimen, sino a caminar con la gente de a pie, a entrar en los hospitales reales, a vivir sin electricidad y sin agua. Entonces entenderán que esta tragedia no tiene como principal culpable a Washington, sino a 67 años de un sistema corrupto, ineficiente y criminal. El pueblo cubano no pide más bloqueo ni menos bloqueo.

El pueblo cubano grita ¡Libertad! Libertad para los presos políticos. Libertad para los jóvenes.

Libertad para decidir su propio destino. Si de verdad les importa la vida humana, únanse a ese grito. Dejen de hacer eco a la propaganda de una dictadura que lleva décadas matando sueños y esperanzas. Cuba no necesita más mentiras. Cuba necesita verdad y libertad.

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