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viernes, octubre 09, 2020

Ni garrapata de potrero, ni una cucaracha agonizante.


 Por Eloy A González.

Hoy me encuentro este articulo-denuncia de Dora Amador, conocida intelectual a quien sigo desde hace tiempo cuando escribía en su página personal: Palabra Cubana. Me entusiasmé de su reciente incorporación a Cuba encuentro; pensado en su toque de opinión sobre temas de religión en relación con su vocación de servir en Cuba. Cuba encuentro es una página de temas cubanos que aprecio, aunque ya no escribo en ella después que no aparecieron más mis colaboraciones; porque las tres últimas no fueron de interés para el editor. Como sea hoy estoy sorprendido.

Conozco lo que es un acto de repudio, pase por ello en Cuba. En el exilio me pareció que no se entendía esto, sobre todo los no cubanos. Fue entonces que escribí mi artículo: ¿Qué es un acto de repudio? Que aun pueda encontrase en línea. “Un acto de repudio solo puede tener lugar en una sociedad envilecida, donde el odio es político de Estado” dije y tengo de desdecirme. Porque muy cerca de donde vivo un negro le lanzó un vaso a un anciano en un restaurante porque tenia puesta una gorra MAGA. Hace unos días, en este estado conservador (Houston, Texas), un grupo de BLM le hizo un acto de repudio y le malograron un cumpleaños a un niño hispano…, y el asunto suma y sigue. Hay un estado de crispación y la participación es creciente.

Con relación a este acto de repudio en Miami, debo decir que hay dos narrativas, una la de Cuba encuentro, la otra más extensa aparece en el Blog de Dora Amador.

En posible que todo el rifirrafe del Versalles fuera tal y como lo cuenta; porque en esta feria cada uno cuenta como le va …, pero de esto a que se comience un artículo de una persona de profundas convicciones cristianas, transitando el camino pedregoso de la ruindad y calificando a los cubanos, sus compatriotas, de seres repugnantes, cucarachas agonizantes, destiladoras de líquidos nauseabundos que patalean y odian…, vamos es sobrecogedor. Sigue diciendo que, los cubanos son seres mutilados que cargan heridas abiertas y andan doblados por el peso y la catástrofe, la laceración punzante de saberse sin patria…., son maldicientes, están  aplastados, condenados  y finalmente expulsados del Paraíso. ¡Lo que nos hemos perdido! ¿Cuál paraíso?. Todo esto comparado con el calificativo de garrapata de potrero que ya nos endosaron, es una nadería.

Nada está perdido, no nos han ganado la partida. Ni los cubanos somos, como me escribió recién un religioso, una porquería putrefacta.

Debemos asumir el debate, aun los más enconados, con altura y dignas consideraciones. No puede haber lugar para la vileza manifiesta cuando nos preparamos para recuperar un país, elevar una nación y consolidar un estado de derecho. No hay Patria sin virtud, entonces…, no podemos empezar descalificándonos los unos a los otros; en tanto que desoímos la dedicación a la polémica resuelta.

Lo siento, ni soy una garrapata de potrero ni una cucaracha agonizante. Asumo mi dedicación al exilio prolongado, la polémica, la opción de votar en libertad y el futuro promisorio de un regreso a la Patria. Esa que levantaremos caminando en libertad y compasión.

martes, julio 28, 2020

Intento de asesinato. Segunda Parte

Una colisión inesperada del Lada Rojo
Estaba por finalizar el año 1992, en ese tiempo había sido detenido, interrogado y amenazado; citado en varias ocasiones a la sede del DSE, presentado en el Hospital donde trabajaba como “contrarrevolucionario” y “uno de los derechos humanos”. Fracasa un Acto de Repudio organizado en el Hospital, en tanto que, en el vecindario se intenta otro Acto de Repudio, sin mucho éxito, en la Zona de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en Calle 86 y 13 en Playa. A esto se agrega que el resto de mis familiares comenzaron a sufrir las ambigüedades, controles y presiones de todo tipo. ¿Qué faltaba? Algo que nunca esperé.
En octubre de ese año, la escasez de gasolina afectaba toda la capital; a pesar de contar con los cupones para surtir de gasolina no había y cuando aparecía era acompañada de filas interminables de autos. A mediados del mes en el Servicentro de 42 y 33 en Marianao había gasolina disponible y fui para allá; me puse en la fila que ya superaba la Calle 36 y la avenida 33, pero veo que era imposible y decidí irme. Antes caminé en más de una ocasión alrededor del Servicentro, y con esa agudeza que genera el ser objeto de vigilancia, me percaté de un sujeto que se mantenía a distancia vigilándome.
Fue así como regresé al mi auto, un Moskvich Alejo 2141 con problemas de la trasmisión y giré en 42 y 33 hacia la avenida 41, con la intención de girar a la izquierda en la 35 Av. Paré, puse el indicador mientras un auto blanco se situaba detrás. Como tenía dificulta en el arranque por la trasmisión se me hizo difícil el giro y fue entonces cuando veo que venía como un bólido, bajando desde 41 un Lada de color rojo a exceso de velocidad.  Reaccioné con rapidez y en segundos, estando en una cuesta empinada y con las dificultades de la trasmisión solo dejé que el auto, en neutro, descendiera hacia atrás; en tanto que el auto blanco superaba por la izquierda y seguía su camino. Todo indica que el chofer del Lada rojo mostró desorientación y viniendo en descenso y a exceso de velocidad; considerando que yo también haría el giro, gira a la derecha para ir a estrellarse contra un jeep Gaz 69 del ejército, que estaba parqueado a la izquierda en la avenida 35. Como es de suponer la colisión con un vehículo sólido como lo es el Gaz 69 destruyó el Lada.
Un dibujo aproximado de la posición de los autos comprometidos con la colisión. 
Regresé a la esquina y unos vecinos del lugar llegaron hasta mí para decirme que habían visto el accidente y que podían testificar a mi favor; anoté el nombre de dos de ellos. En tanto que el conductor del Lada regresó y me conminó a que le diera mis datos y el número de la placa. ¿Esperamos la Policía?, le pregunté, No, no es necesario, me dijo. Fue entonces que regresé a mi casa.
Estoy seguro de que el conductor no esperaba que dejara rodar en neutro mi auto para que este descendiera por la inclinación; en tanto que el esperaba que un giro a la derecha produciría la colisión con mi auto. Estaba preparado para esto, tanto es así que, cuando giré lentamente y me coloqué en la avenida 35 y regresé al lugar del accidente, el conductor salía del auto arruinado caminando sin ningún problema. No se quedó allí ni procuró mi atención; cruzó rápidamente la Calle 42, se encontró con el sujeto de pantalón de mezclilla y camisa a cuadro alto él, el mismo que había llamado mi atención; intercambiaron brevemente y se dirigieron a un teléfono público que hay muy cerca del Servicentro. Era necesario reportar y esperar orientaciones.
Las circunstancias en que se produjo este incidente son desde todo punto de vista muy sospechosas. Cuando usted es seguido por la policía política desarrolla un especial instinto de atención, pasiva y activa, de manera que percibe la asechanza como algo real. No, no es paranoia, en realidad usted es objeto de atención frecuente sobre todo cuando se mueve con premura en un auto.
La colisión inesperada se da porque el conductor del auto Lada, por muy avezado que era, no esperaba que me detuviera en firme y dejara rodar mi auto hacia atrás. Cuando se produce el choque y queda destruido y humeante el auto, sale del mismo el conductor y camina apresurado para cruzar una calle y encontrase con el otro sujeto; caminan hasta la otra intercepción y hacen una llamada telefónica. De regreso, el conductor, no acepta esperar por la Policía.
Mi error fue desatenderme de los testigos que me abordaron y aceptar que la Policía no llegaría para iniciar la pesquisa policial del accidente; e irme para mi casa.
Continuará…,
Nota: La foto corresponde a un dibujo aproximado de la posición de los autos comprometidos con la colisión.
Información relacionada:

sábado, julio 25, 2020

Intento de Asesinato. Primera Parte


Este es un extenso artículo con el título de “Intento de Asesinato”. Preparado para completar una información valiosa que será incluido en un libro de próxima aparición. Siendo como es muy extenso, he decidido incluirlo en el Blog en tres partes e insertar los enlaces activos donde sea necesario. De esta forma es mas accesible su lectura y permite incluirlos también en las redes sociales.
Intento de asesinato.
El encabezar este testimonio me produce cierto sobrecogimiento. Los hechos que ahora describo nunca han sido incluidos en documento alguno. Sí, existe una corta referencia en el testimonio que, en algún momento, escribí con el título de: Trascripciones tardías u Otras trascripciones tardías. Estos documentos, que aportan notas convincentes, aparecen con esos títulos y a modo de artículos testimoniales en la red; también en mis libros que recopilan artículos y que han sido publicados: “La Habana bien vale unos títulos” y “Notas sobe la religiosidad del cubano bajo una dictadura prolongada”. Desde hace algún tiempo cuando preparaba la maquetación para un próximo libro incluí un archivo: testimonio inacabado; es en este punto que comienzo a escribir.
¿Por qué ahora? No hay mucho tiempo. Es cierto que estos fueron eventos que ocurrieron a finales del año 1992, pero su alcance y lo difícil de aceptar me llevaron, primero a no denunciarlos y después a tratar de reinterpretar todo aquello. Cuando se produjo el juicio y recibí una especie de fallo condenatorio, guardé el documento y al salir de Cuba al exilio no lo traje. El documento en si prueba los hechos no la intencionalidad de los hechos.

Intersección de la Calle 42 y 35 Av. Marianao, La Habana
Es que intento escribir sin tener el documento de referencia que aportaba muchos datos, ni más ni menos, del intento de asesinato de que fui objeto a mediados de octubre del año 1992 en la intersección de la Calle 42 y la Avenida 35 esto en Marianao, La Habana. Si se mira en el tiempo esta es, sin duda, una trascripción tardía, pero necesaria; completa mi testimonio al que solo faltaba esta acción con intención criminal de la policía política. Tratando de ordenar todo lo acontecido en aquel azaroso año del 1992, señalo aquí lo siguiente:
El día 20 de abril de 1992 fui detenido en mi centro de trabajo, Hospital Gral. Docente “Julio Trigo López” a las 9:00 a.m. y conducido a la sede del Departamento de la Seguridad del Estado (DSE) conocido como “Villa Marista”, allí fui interrogado durante 48 horas y puesto en libertad más tarde. Sin conocer las consecuencias ulteriores de mí arresto y teniendo en cuenta las opiniones de la contraparte, es decir de los interrogadores. Obviamente las medidas y consecuencias no se hicieron esperar.
Un mes después de mi detención fui citado a la sede de la Seguridad del Estado a fin de efectuar nuevos interrogatorios en los cuales expresé con claridad mis puntos de vista. Una semana depuse fui citado de nuevo es esta sede para otro interrogatorio, aunque era evidente que éste tenía el propósito, en medio de un fuerte ambiente de intimidación, a lograr nuestro compromiso de colaborar con la policía política, lo cual rechacé de forma resulta y categórica a pesar de las consecuencias que me informaron acarrearía mi actitud con relación a mis familiares.
Los acontecimientos se precipitaron; el día 24 de junio de 1992 se informó en reunión pública en el Hospital donde trabajaba de mi condición de “activista de derechos humanos” y “contrarrevolucionario”, tratando de crear un ambiente de hostilidad entre los trabajadores lo cual resultó fallido e incluso contraproducente para las autoridades. Las muestras de solidaridad y respeto mostrado por los trabajadores son dignas de ser mencionado aquí.
Una semana más tarde fui objeto de un intento de agresión física a la salida del Hospital por dos personas que venían en una moto a gran velocidad, en esa ocasión fue golpeado un paciente que caminaba a mi lado. Días después sufrí una agresión física en la conocida intersección habanera de 100 y 51 en Marianao, de forma muy sospechosa.
El día 1 de noviembre de 1992 se me entregó una citación para presentarme el día 8 del corriente en la Zona de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en Calle 86 y 13 en Playa. Al llegar allí comprendí que estaban creadas las condiciones para un interrogatorio público y un Acto de Repudio (linchamiento verbal). Alrededor de unas 30 personas ocupaban el local mientras se sentaron al frente, a modo de jueces, los representantes del Partido Comunista, MININT, SUVP y CDR. La situación no pasó de un interrogatorio público en el cual expresé mi posición a favor de los Derechos Humanos en su contexto cristiano. Recibí una advertencia verbal.
A esto se agrega que el resto de mis familiares comenzaron a sufrir las ambigüedades, controles y presiones de todo tipo. A mi esposa le fue negada de forma reiterada la posibilidad de obtener trabajo, siendo Médico Especialista, permaneciendo dos años sin trabajo al negársele el derecho a ocupar las plazas que se encontraban vacantes en su especialidad.
En noviembre del 1992 fui expulsado de un Curso Básico de computación que estaba recibiendo en la Facultad de Medicina anexa al Hospital Julio Trigo donde trabajaba en aquel momento; esto por razones políticas.
En el mes de diciembre de 1992 fue informado de forma pública en los Comités de Defensa de la Revolución en el vecindario donde residía, de mi condición de “religioso” y “uno de los Derechos Humanos” y contrarrevolucionario”.
El 29 de diciembre de 1992 fui citado a Juicio por un supuesto y oscuro accidente de tránsito, en el auto del juicio el Juez mostró una violencia verbal inmotivada contra mí tan pronto como empecé a declarar. Como era de esperar se me declaró culpable. (Otras trascripciones tardías)
Es de este asunto que quiero tratar en este artículo.
Continuará…,