Mostrando entradas con la etiqueta arroyo naranjo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arroyo naranjo. Mostrar todas las entradas

lunes, septiembre 04, 2017

Las ruinas “del mejor hospital de Maternidad en Cuba”…, según palabras del sátrapa cubano.

Este articulo trata sobre el conocido  Hospital Lebredo, adjunto al Hospital General Docente “Julio Trigo López” donde radicaba el servicio de Obstetricia, Ginecología y Neonatología de este Hospital General. Allí trabajé entre 1991-1996 en el Servicio de Oncología, ya por esta fecha la destrucción era casi total. Fui testigo de cómo fue destruyéndose poco a poco esta facilidad hospitalaria que en el año 1989 había recibido un mantenimiento capital. En los años que trabaje allí, se instaló un servicio de Oncología Ginecológica que de inmediato dejo de funcionar porque los dos médicos especialistas asignados se agenciaron sus viajes a Mozambique y aquello quedo al garete. Cada tarde mientras esperaba, veía desde el Dpto. de Quimioterapia como descolgaban los colchones para robárselos. Lo primero que dejaron destruir y robar fue el anfiteatro, después todo lo demás. Lean lo que dijo en la inauguración el sátrapa:
"El mejor Hospital de Maternidad de Cuba"
“Bueno, creo que tenemos una magnífica instalación hospitalaria. Se terminó hace unas semanas y ya ha comenzado a prestar servicios, salvo que la inauguración se retrasó un poco. Eso está bien, porque todavía estamos a tiempo. Estaba diciendo que es una magnífica instalación hospitalaria. Le pregunté al inversor de salud pública: ¿Cómo se compara con otros hospitales de maternidad? Me dijo: Sin duda, éste es el mejor de Cuba. Esto es lógico porque pienso que cada cosa nueva que hacemos debe ser mejor... Como con cada uno de estos hospitales, habrá algo que será enmendado; habrá cosas que serán perfeccionadas. A pesar de que son proyectos similares, no hay duda de que cada uno será mejor que el otro. Aquí, sin embargo, tenemos el mejor hospital de maternidad-infantes en el país. "
Fidel Castro Ruz, mayo 1989

LOS FANTASMAS DEL FRACASO
Por: Agustín Figueroa Galindo
Como un edificio fantasmal, salido de una película de terror, se encuentra en ruinas el antiguo Hospital “Lebredo”, este centro fue fundado en el año 1936, se bautizó –en primera instancia- como Sanatorio La Esperanza. En sus inicios prestaba servicios médicos a pacientes tuberculosos, con los años fungió como Hospital Gineco-obstétrico. Varias generaciones de habaneros vieron por primera vez la luz del sol en este hospital, esta instalación contaba con 3 pisos y después de tomar el poder el régimen, en 1959, se le realizó una ampliación, agregándole 2 pisos.
Servicio de Gineco-Obstetrica del Hospital General Docente
"Julio Trigo" 
Toda aquel que visitó este hospital años atrás y pudo constatar su arquitectura, hoy siente pena por las condiciones en que se encuentra está instalación. Jesús Lobaina es un señor de 79 años de edad, oriundo del Reparto Párraga, en el municipio Arroyo Naranjo, explicó apenado que sus hijos y nietos nacieron en este centro médico.
Asegura que cuando la instalación dejó de prestar servicios, la despreocupación y corrupción por parte de los dirigentes de salud pública fue tanta que el vandalismo se apoderó de la edificación, al punto que se robaron, puertas, ventanas, azulejos, lozas, muebles, cables eléctricos, tuberías de agua, lavamanos, tazas de baño, interruptores de corriente; afirmó, -con el humor que acompaña al cubano, hasta en sus peores momentos-, “lo dejaron pelado”.
Pasillo interior de lo que fuera Servicio de Gineco-Obstetricia .
Camine muchas veces por ese pasillo
Otra persona que se unió a la conversación, dijo que en el momento que este hospital fue clausurado, los vecinos de este Reparto enviaron cartas al Poder Popular durante mucho tiempo, para que le cedieran esta edificación con el fin de repararla con sus propios medios y construir apartamentos que mejoraran sus condiciones de vida. Pero con una justificación u otra siempre les negaron la posibilidad, lo que ha hecho que los residentes aseguren que el gobierno prefirió que se derrumbara antes de entregárselo a la población que tanta falta le hace.
La joven Rosana de la Caridad Fuente, que dijo ser madre de dos niños menores de edad, intervino para explicar que tanto ella como los demás vecinos, se encuentran aterrados, porque la ruina se ha convertido en el hábitat de insectos, roedores y lo peor son los delincuentes; incluyendo homosexuales que se prostituyen y lo utilizan como lugar para tener relaciones sexuales; drogadictos y exhibicionistas del nudismo.
Mensaje para el Presidente Busch

Asegura que los vecinos se han quejado a todas las instancias gubernamentales para que le den solución a este problema, porque el lugar es un foco de alta peligrosidad, al punto que por las noches han asaltado e intentado violar a personas que tratan de cortar camino para dirigirse a los hospitales aledaños como el Hospital “Julio Trigo” y el Hospital Pediátrico Aballí.
En mi opinión personal, aquellos que detallaron la situación existente, se quedaron cortos en su descripción, porque cuando me dirigí al edificio a tomar las fotos, fue como si estuviera en un lugar espeluznante; no obstante, llama la atención un letrero que lleva años pintados en la pared de esta ruina, que reza: “Bush cara de guante no hay agresión que Cuba no aguante”.
Si se queda analizando un poco esta pintura podría preguntarse: ¿De dónde vino la agresión que destruyó este centro hospitalario?  Al parecer el desinterés, la despreocupación de las autoridades y la corrupción institucional a todos los niveles en que se encuentra sumido nuestro país, es peor que cualquier ataque que puedan cometer los “imperialistas”.
La Habana, 31 de agosto de 2017
Nota: Las fotos del articulo son del autor del mismo, Agustín Figueroa Galindo.
*Comunicador de la Red cubana de comunicadores comunitarios. Reside en Ciudad de La Habana y sus notas se encuentran en la red. E-Mail: comuni.red.comunitaria@gmail.com
Información adicional:
How the best maternity-infant Hospital in Cuba looks now.

miércoles, mayo 11, 2016

El hospital de la desesperanza

Entre las ruinas de lo que fue un centro para curar la tuberculosis hoy se refugian asaltadores y locos
¿Quién se acordará que hace algunos años este fue uno de los mejores centros de salud de toda Cuba? Seguramente muy pocos, pues lo único que queda del Hospital Materno Infantil Lebredo en el municipio de Arroyo Naranjo son unas espantosas ruinas, aprisionadas por enormes marabúes que han desplazado a las hermosas áreas verdes de la Loma de la Esperanza, donde en 1902 se ordenó la construcción de esta instalación, dedicada originalmente a los pacientes con tuberculosis.
Las destrozadas paredes sucumbieron al desfalco incesante de sus ladrillos y ya no contienen las huellas de lo que fuera este enorme centro hospitalario. Pero una escultura, característica de las construcciones de los inicios del siglo XX y ubicada en la misma entrada, aún refleja algo del fenecido esplendor de este legendario edificio.
El aire puro del lugar propiciaba que fuera un ambiente ideal para los pacientes que sufrían tuberculosis. Pocos conocen que los montes verdes de sus alrededores fueron el último paisaje que vio Rubén Martínez Villena antes de morir.
A Laura Marrero, vecina de la zona, le conmueve pensar que allí trabajó por más de 30 años su difunta madre. “Este hospital era nuestra vida, era el orgullo de todo el barrio, y mi madre mantenía a toda la familia con su puesto de enfermera allí”, afirmó.
La señora también señala que, por su calidad constructiva, la amplitud en sus recintos y los hermosos jardines que lo rodeaban, en muy poco tiempo ganó un gran prestigio dentro de los centros de este tipo en el país.
“Después del (año) 59, fue convertido en el Instituto de Desarrollo de la Salud y, por problemas en la estructura, fue remodelado en los años 80. Luego pasó a ser un hospital materno infantil”, relata Rogelio Aguilera, vecino del lugar por más de 50 años.
“Tenía buenos doctores y especialistas. Aquí llegaban personas de muchos poblados de La Habana y de otras provincias a atenderse”, añade.
A inicios del 2000, según sigue contando este vecino, decidieron volver a darle mantenimiento al edificio pero nunca volvió a ser el mismo. “Dijeron que la estructura se estaba hundiendo. No sé cómo, pero al final nada se hizo por rescatarlo y lo dejaron en el abandono”, comenta.
En uno de sus gruesos muros de mampostería, lo único que dejaron quienes se suponía repararan el inmueble fua una consigna pintada por los albañiles de la empresa encargada: “Bush, cara de guante, no hay agresión que Cuba no aguante”
“Tal parece que lo principal de esa empresa es la propaganda barata y no la rehabilitación de edificios”, refiere Rogelio, con una expresión de risa en su rostro.
Ruinas sin amparo
“La situación la conocen todos los dirigentes, sobre todo los de Salud Pública, y no han hecho nada ni siquiera por demoler el edificio”, afirma Jesús Rodríguez, quien vive justo al frente de la instalación. Para su desgracia, “eso se ha convertido en un criadero de mosquitos. Muchas personas inescrupulosamente han entrado al lugar a recoger ladrillos y azulejos para sus casas. También adentro se han alojado personas con problemas mentales, los “rascabuchadores” (acosadores sexuales), y se han dado muchos casos de asalto”,
Lázara Montero comenta que cuando transita cerca del lugar lleva siempre en su bolso una tijera u otro objeto punzante para protegerse, en caso de un asalto.
“Antes éramos un barrio privilegiado. Aquí siempre hubo agua y electricidad las 24 horas, pues todas las instalaciones estaban interconectadas al hospital”, señala.
Por su parte, Laura Marrero ya perdió la fe en que su barrio recobre el esplendor de años atrás. “Nos han marginado completamente. Ahora dicen que este barrio es malo, pero no es así. Los que decidieron dejar abandonado el edificio nos dejaron atrás a nosotros. Nos han destruido el orgullo de nuestra zona y nadie se ha pronunciado por esto”.
Los vecinos solo rememoran los tiempos gloriosos de este centro hospitalario. El estado actual del inmueble impide que sea rescatado de las ruinas. Mientras tanto, este gigante abandonado, de cinco pisos de atura y con una vasta área a su alrededor, seguirá allí esperando por los milagros y la fe con la que alguna vez un doctor decidió que se llamara Hospital de la Esperanza.
*Manuel Díaz Mons: Nacido en La Habana, se graduó en la carrera de Ciencias Informáticas en el 2007, ha colaborado en diversos proyectos digitales del Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas y de manera autodidacta ejerce el periodismo desde el 2010 publicando en blogs y medios nacionales y extranjeros.
Fuente: CUBANET. Las fotos son del autor del artículo

domingo, abril 29, 2012

Causa una grata impresión las condiciones adecuadas y el trato del personal médico en el Hospital Materno Infantil “Ángel Arturo Aballi “de la capital cubana.

Managua, La Habana, abril del 2012 (PD) El hospital Materno Infantil  "Ángel Arturo Aballí" ( foto abajo a la derecha) , en el municipio Arroyo Naranjo, fue mi destino hace algunos días. Quise visitar a una amiga que había ingresado en ese centro asistencial para tener su bebé.
El alumbramiento se produjo unas horas antes de mi llegada. Mi amiga estaba exhausta y dormitaba junto a la pequeña cunita tapada con un diminuto mosquitero de puntas de encaje azul, que le mandaron sus tíos que viven en Miami.
En aquella habitación había varias mujeres recién paridas que comentaban entre ellas la cantidad de mosquitos que hay en aquel lugar en horas de la noche.
Entonces vi con preocupación que la única cunita que tenía mosquitero era la de mi amiga.
Por fin despertó, y con un gesto de su mano me comunicó todo lo mal que se sentía y al mismo tiempo, con una invitación dulce, señaló hacia la cunita para que contemplara a su retoño, un niño de 8 libras y cuarto muy hermoso y rosadito.
Después del saludo, su primera expresión fue para resaltar el trabajo de los médicos que la atendieron: "Que médicos más buenos, que cariñosos, que preocupados. No tengo como agradecerles todo lo que me ayudaron."
Aquellas palabras salidas del corazón, me trasladaron al momento que llegue al hospital y pregunté a una empleada que cuidaba la puerta de entrada. Quedé medio impactada cuando me dio las buenas tardes y explicó de una forma pausada y agradable donde debía dirigirme.
De pronto el bebé lloró y un familiar que la acompañaba lo destapó y notó que había expulsado un buche de leche y parecía como asfixiado. Rápido lo cargaron y me pidieron que llamara a la enfermera. La encontré sentada en su mesa. Conversaba con una colega. Al verme, interrumpió su charla para atenderme. Le expliqué, y sin dilación, se dirigió al cuarto que le indicaba.
Tomó al niño con mucho cuidado al tiempo que le explicaba a la mamá qué debía hacer en estos casos.
Antes de marcharse, la enfermera recalcó: "Por favor, cualquier problema me avisan enseguida."
Yo estaba tan sorprendida por aquella actitud que busqué la mirada de mi amiga. Ella interpretó mi sentimiento y dijo: "Sí. Aquí todo el mundo es muy cariñoso. Esto es increíble." Y rápido agregó: "Pero, ¡que hambre pasan! Hoy eran las dos de la tarde y no les habían dado el almuerzo a los médicos. Yo le pedí a mi esposo que les comprara tres pepinos de refrescos, (litro y medio de soda cada pomo) y andaban de lo más contentos pues: ¡iban a almorzar con refrescos!"
Pude observar que en el hospital los pisos estaban muy limpios. Mi amiga me pidió que la acompañara al baño. Tuve que descargar uno de los inodoros que estaba sucio con una lata de agua que llené en la pila del vertedero, pues sus tanques no funcionaban. Para mi sorpresa y beneplácito, ¡había agua!
Pero la imagen de limpieza en el baño la empañaba una caja grande destapada, situada en una esquina, llena de papeles y apósitos sucios.
De regreso al cuarto, mi amiga me comentó que la comida de los pacientes era muy buena, que le habían dado pollo y hasta picadillo de res. Y simpática aclara: "Picadillo no de soya, sino del que venden en la shopping (tiendas recaudadoras de divisas)".
Antes de irme, tomé algunas fotos al bebé, para enviarle a los parientes de Miami, que estaban ansiosos por conocer al nuevo integrante de la familia.
"Estoy muy feliz de haberme atendido en este hospital, aquí encontré el apoyo y cariño que necesitaba en estos momentos", afirmó mi amiga.
Por mi parte, al igual que mi amiga, estoy gratamente impresionada. Y recordé aquel afiche que hace muchos años podía verse en hospitales, farmacias y policlínicas mostrando una enfermera de dulce sonrisa y una frase: "Aquí creemos en el valor de una sonrisa." Ojalá que, aunque tarde, comencemos a ser en estos casos nuevamente crédulos.