Por: Dr. Eloy A. González.
Considero que es una cifra conservadora el fijar en
más de 52 000 médicos, enfermeras y técnicos de la Salud cubanos, que han
servido como trabajadores internacionalistas en las cuatro últimas décadas en
unos 93 países. La historia parece comenzar el 24 de mayo del 1963 cuando una
Brigada de trabajadores de la Salud llegó a Argelia,- y no precisamente
fueron médicos los que llegaron a
Argelia-, un país recién independizado de Francia y enfrentando un
conflicto territorial con su vecino, Marruecos.
La historia de la ayuda “solidaria y desinteresada” del gobierno de
Cuba enviando profesionales de la Salud, nacía vinculada a un conflicto militar
y a fuertes intereses políticos. Así fue y no hay duda que sigue siendo así. Un
gesto de apariencia desinteresada deviene en manipulación política en el mejor
de los casos.
Tengo la certeza de que el asalto al poder que se
produjo en enero del 1959, trajo consigo un rapto de la sociedad civil cubana
en sus mejores aspectos y logros. La naciente Dictadura por aquel entonces se
apropió de la solidez y prestigio de la bien denominada Escuela Cubana de
Medicina y esa apropiación incluía no sólo el talento, sino también las nobles
virtudes y el indiscutible prestigio profesional de la clase médica cubana.
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Hoy la historia se detiene en Venezuela, cifras
aceptables señalan en más de 10 400 médicos cubanos radicados en Venezuela en
una misión denominada “Barrio Adentro”.
Considero que es la dislocación mayor de médicos cubanos establecido en un país
foráneo, superando al escenario especial de Angola en la década del 70, en medio de un conflicto militar que
incluía todo un ejército de intervención
también cubano; o en la Nicaragua de los 80’s, tan importante en el orden
político para La Habana, empeñada en establecer la dictadura Sandino-comunista
a lo que diera lugar. En 1987 éramos 328 cooperantes en la Misión Médica Cubana
en Nicaragua y esto incluía: los médicos, técnicos, enfermeros y personal
administrativo; cifra insignificante en comparación con la presencia de
los médicos cubanos actualmente en
Venezuela.
Los médicos cubanos en Venezuela, - en número tal-,
supone la importancia que reviste para el régimen de La Habana consolidar en el
orden político al gobierno de Hugo Chávez, fortaleciendo su discurso social e
introduciendo un modelo de asistencia médica en y hacia los barrios más
desfavorecidos y localizados en los núcleos urbanos más importantes del país.
Pero este no es sólo el objetivo propuesto. El intercambio comercial, muy
ventajoso para el régimen Castro-comunista, supone garantizar un producto de
intercambio que es el trabajo que representa más de 10 000 médicos y el envío y
atención especializada de pacientes venezolanos en Cuba, para recibir
asistencia médica y tratamientos en las privilegiadas facilidades hospitalarias
y de asistencia de Salud en general; establecidas desde hace mucho tiempo
y destinadas al floreciente Turismo de
Salud en la Isla.
Se trata de intercambiar asistencia médica por
barriles de petróleo (más de 50 000 barriles diarios) y divisas fuertes; que
han sido unas de las múltiples vías de reanimación y mantenimiento de la
empobrecida economía, que administra la ya demasiado prolongada dictadura del Caribe.
La sociedad venezolana dividida en sí, se sumerge en
una amarga disputa con relación a la presencia de tan numeroso grupo de médicos
extranjeros, cuestionando su presencia y descalificándolos como profesionales.
El gremio médico local establece que es necesario realizar acciones legales
contra los cubanos que están ejerciendo en el país la Medicina y llama a
defender los Hospitales y la profesión, no permitiendo que lleguen a los
hospitales los médicos cubanos. También
y mediante un comunicado, la Confederación Médica Latinoamericana instó al
gobierno de Hugo Chávez a restituir la legalidad en el ejercicio de la Medicina
en Venezuela y a suspender el plan de Salud “Barrio
Adentro”.
Estos médicos hacen algo más que atender enfermos,
es el argumento más válido para descalificarlos, después de considerar y
afirmar sin reservas que no son médicos. El periodista Uberto Mario, que
desertó de la Oficina de Prensa de la Embajada de Cuba en Venezuela señalaba
que: “los médicos tienen la orden de invitar a las familias de los barrios
donde trabajan a ver videos con discursos del Coma-andante y los avances
sociales de la Isla”; vivir en barrios marginales en Venezuela y tener que
ver y oír discursos de Fidel debe ser algo traumatizante. Que existe una
intención manifiesta de influir en el escenario social de un país utilizando
sobre todo a los profesionales de la salud devenidos “internacionalistas”,
manipulándolos para ofrecer un producto político de dudosa procedencia y
cuestionable eficacia; eso lo sabemos muy bien los cubanos, y sobre todo los
profesionales que hemos participado en las denominadas “misiones internacionalistas”. Pero si dejemos claro, que el
descalificar a los médicos cubanos a nada conduce; el problema anda entre dictadores. El médico es una pieza más en el
complejo engranaje que es el desempeño de las apetencias políticas de las
dictaduras.
Esas piezas son utilizadas con eficacia. He leído
artículos de prensa donde dicen que los médicos “han llenado de esperanzas
las montañas de miserias y a millones de pobres que ahora se sienten como seres
humanos, sólo porque un joven de bata blanca los visita en su casa, atiende a
la familia y no cobra un centavo”. Otro articulista califica a los ataques
a estos médicos como: “el despiadado
ataque mediático, xenofóbico y racista”. Una madre venezolana argumenta,
según un periodista, cuan beneficioso fue seguir las instrucciones de un médico
cubano con relación a la alimentación de su hija, colmando de “santidad revolucionaria” algo cotidiano
en la práctica médica.
Los médicos cubanos en Venezuela, son eso: médicos
debidamente formados y a la vez
utilizados por un régimen dictatorial. Son profesionales de generoso sentir
que pueden ser manipulados y convertidos por obra y gracia de esos oscuros
mimetismos; en comisarios políticos de
ocasión, agentes encubiertos, gigoló de Embajadas, e incluso soldados de
infantería. Todo esto puedo afirmarlo porque así lo vi y lo experimenté en
Nicaragua donde trabajé como Médico durante 18 meses; experiencia que ocupará
un artículo futuro. Pero cualesquiera que sean los calificativos, la suerte está
echada para ellos; como me decía una médica venezolana: “sean lo que sean
tendrán que salir, tendrán que irse”.
Los médicos cubanos, herederos de una rica tradición
científica y de formación médica que viene desde antes de 1959,- herencia
aprovechada por el régimen-, transitan
por el difícil sendero entre las nobles intenciones y la imposición,
entre la escasez y privaciones y las migajas que ofrecen ambos regímenes; entre
los sueños de desertar-emigrar, y las presiones afectivas de familias que
quedan siempre en la isla-cárcel, a la espera de su regreso.

Parejo con esto hacen su labor con apego al mejor
hacer de la práctica médica, mostrando dedicación y constancia cualesquiera que
sean las condiciones; atacarlos no es justo. No es bueno dar rienda suelta a
las pasiones políticas, descargando las amarguras y frustraciones sobre aquellos que también son víctimas. En
Nicaragua fui testigo de cómo muchos
expresaban su odio por los Sandino-comunistas, incluso fueron víctimas de sus
desmanes, cuando se acercaban a los médicos cubanos les hacían saber que no les
interesaban el comunismo pero si les interesaban ser atendidos por ellos.
¿Cuál sería un posible escenario futuro para estos
médicos? Bueno, debe ser algo mejor que las opiniones de un periodista
venezolano, quien con incisivas palabras expresa: “En realidad necesitamos
de todo. Manden lo que puedan. Se ofrece, además de dólares para el Amo, las
tres comidas y jabón. No hace falta currículos”.
Un posible escenario futuro para estos médicos
teniendo en cuenta la cambiante situación política de Venezuela, es la salida
paulatina tal y como ocurrió en
Nicaragua cuando fueron firmados los Acuerdos de Esquipulas, que discretamente
se fue reduciendo el número de
cooperantes internacionalistas tanto los de las misiones militares como las
civiles.
De producirse un enfrentamiento y la sociedad
venezolana se vea envuelta en un conflicto armado; debe de existir un plan de
contingencia elaborado por los militares cubanos en Venezuela que prevé, si
estos se suman o no al sector oficialista y
combaten o se pone en efecto un plan de evacuación de todo el personal a
través de un país fronterizo. Esos planes los vi en Nicaragua y nada me hace
suponer que estas estrategias puedan haber sido cambiadas.
Quiero pensar en un escenario futuro en que los
pueblos puedan desembarazarse de los Dictadores de insano proceder, o de
crueldad infinita y apego permanente a lo atroz; para dar paso a
enriquecedoras sociedades democráticas
donde los profesionales médicos cubanos y venezolanos puedan tomar contacto,
reconocerse y tal vez,- por qué no-, trabajar unidos, superando las amargas
experiencias de eventos políticos tan extraños a la magnánima práctica médica.
© 2005