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lunes, abril 07, 2014

Cuba, ¿la salud más cara del mundo?

 “Al menos la salud es gratuita en Cuba, si no, me hubiese muerto” me dijo mi padre mientras conversábamos sobre su enfermedad sentados a la mesa de mi casa. Mi papá tiene 51 años; es un hombre robusto y fuerte, de apariencia saludable, pero tiene cirrosis hepática. Nunca ha sido alcohólico, ni siquiera bebe; pero hace 30 años, por negligencia médica, le contagiaron el virus de la Hepatitis C en una transfusión sanguínea al operarse la garganta. Mi padre desde entonces se convirtió en donante y realizó múltiples donaciones hasta que en una de ellas, 20 años después del contagio, le detectaron la enfermedad. En aquel momento ya su hepatitis era crónica y, desde hace poco, se convirtió en cirrosis. Como “compensación” por la negligencia, el estado le da prioridad en los turnos médicos, algo que mi padre agradece. Este servilismo me inquieta. -“¿Cómo puedes agradecerle a quien te robó la salud?, tú no estarías enfermo si el estado hubiera hecho bien su trabajo. En cualquier país civilizado te indemnizarían y aquí te recuerdan que “te dan prioridad” para que se lo agradezcas.”-
A la conversación se sumó mi abuela de 77 años, que hoy cobra una pensión de 192 pesos cubanos (8 USD) al mes. Ella tiene una úlcera en el estómago. A los pacientes con esta situación los médicos les aconsejan alimentarse con leche y malanga; y se les concede una dieta extra a la canasta básica racionada con un precio reducido. Para poder acceder a esta dieta mi abuela tiene que someterse cada año a una endoscopia donde le introducen por la boca un tubo para ver su úlcera, y sólo así, el médico le autoriza a poder adquirir estos alimentos. Este año, por el dolor tan grande que le causa el endoscopio, ella se negó a realizar la prueba, y a pesar de que los médicos le informaron que su enfermedad no tiene cura, hoy mi abuela no recibe dieta.
Uno de los llamados `logros de la revolución´ fue incrementar el acceso a la sanidad a lo largo del país y hacerlo de forma “gratuita”. La televisión cubana y otros medios de comunicación oficiales se encargan de repetirnos frecuentemente la importancia de este “logro del socialismo”. Yo me pregunto a qué policlínico van los periodistas del Granma, obviamente no debe ser al mismo al que voy yo. Tal vez sea que se refieren al sistema sanitario de los años 70 y 80 que, dicen (yo soy demasiado joven para saberlo), funcionaba.
Hospital en #LaHabana donde no van los extranjeros
ni los militares más “heroicos”. Foto del autor del artículo.
La masificación de la salud ocurrió en mi país hace cinco décadas, a partir de lo que conocemos como el consultorio médico. Este proyecto tenía como objetivo garantizar el acceso de toda la población a la atención médica primaria, por lo que el estado repartió a un especialista de la salud por cada barrio, el médico de la familia. Recuerdo con mucho cariño a Susana, la doctora que vivía en la esquina de mi casa y me atendía cuando era pequeño. Ella conocía a cada vecino a la perfección. A veces no importaba la falta de medicamentos o el mal estado del consultorio o policlínico, ella te inspiraba tanta dulzura y confianza que hasta yo aprendí a no tenerle miedo a las inyecciones. Estos doctores fueron ubicados en los consultorios médicos, construcciones de dos plantas propiedad del estado, donde abajo hay un pequeño local de consulta a la población y arriba una vivienda para que viva el médico con sus familiares.
Muchos de ellos después de tantos años ya se han retirado o bien han dejado de trabajar para Salud Pública, sin embargo, al no tener otra vivienda donde mudarse se han quedado viviendo en estos consultorios. En otros casos después de muchos años de usufructo la ley permite que los médicos obtengan la propiedad de la vivienda, dejando así huérfano el concepto original del proyecto. Hoy, ya Susana no vive en la esquina de mi casa, en el consultorio vive un señor que trabaja en un hotel. Así ha ocurrido en muchos lugares del país. Ese acceso sencillo y cercano a la atención médica primaria ha perdido su masividad.
El punto clave de este tema es la gratuidad aparente con la que el gobierno cubano hace campaña; y justo aquí comienzan los sobornos. Un turno médico puede conseguirse de forma inmediata llevándole un regalo al médico, desde una merienda hasta dinero, en dependencia del caso. “Ayúdame que yo te ayudo” es la frase que se escucha mucho en Cuba cuando alguien quiere sobornar sin tener que decir “te voy a pagar”. Este método funciona en todas las escalas, desde resolver una cama en un hospital hasta la disponibilidad de unos rayos x. Un ejemplo es lo que ocurrió hace poco en el Hospital Maternidad Obrera, el director tenía montado una consulta privada especializada en cirugía estética; por supuesto, usando recursos estatales y cobrando en dólares lo cual, además de ilegal, es una irresponsabilidad social. Este caso terminó con prisión y anulación del título de medicina a los implicados en el tema.
Esta situación es consecuencia directa de los salarios de los médicos y el poco incentivo que reciben del estado. El salario de un médico oscila alrededor de los 600 pesos cubanos (25USD) al mes, que alcanzan para muy poco. Muchos especialistas de la salud se han desvinculado del sistema, algunos se han ido del país y otros trabajan en el sector del turismo, donde gracias a las propinas de los extranjeros, hoy ganan 40 veces más que salvando vidas. Nuestros médicos sueñan con “el viaje” a Venezuela ¡y ahora a Brasil! Es la única forma de ganar algunos dólares. Por supuesto, en la selección para el envío internacional sólo califican los mejores, que dejan un espacio vacío en la atención nacional. Brasil paga por cada médico más de 4000USD al mes, pero este dinero no llega al doctor bien preparado y dispuesto que se fue a trabajar día y noche para ayudar a su familia; este dinero se le entrega al gobierno de Cuba que luego le paga al médico menos del 10%.  Pero claro, este irrisorio 10% representa 16 veces lo que gana en Cuba, y con este mecanismo de explotación, los médicos cubanos sobreviven y el gobierno de mi país recibe la divisa que tanto necesita.
Ante el déficit nacional de médicos, agudizado por estas misiones internacionales, estudiar medicina se convirtió en una carrera priorizada en Cuba.
Hoy en día, hasta los estudiantes preuniversitarios con los promedios más bajos pueden optar por estudiar esta carrera. Los profesores de la universidad se quejan de que no pueden suspender a sus estudiantes en los exámenes cuando no cumplen los objetivos del mismo. Carlos, un profesor de la facultad de medicina me contaba: “Los profesores que suspenden a estudiantes de medicina en Cuba se pueden meter en serios problemas. Lo que importa es la cantidad de médicos graduados y no la calidad de los mismos. El objetivo es exportarlos y mientras más haya: mejor.”  Por supuesto, en Cuba hay excelentes doctores, no es mi intención opacar el mérito que se merecen. Conozco a muchos que les apasiona la medicina, que lo hacen de corazón y que prueban ser excelentes profesionales. Justo eso es lo que necesita mi país, médicos de vocación, no de súper-producción nacional como la papa o la caña de azúcar.
Ya en la mesa de mi casa éramos varios debatiendo. Además de mi padre y mi abuela, se incorporaron mi madre y dos vecinos. Todos coincidimos en un punto. El gobierno de Cuba dice que los bajos salarios estatales son debido a las subvenciones y gratuidades como la salud. Entonces, si mi mamá que es científica y gana 30 USD al mes pero que con sus manos le genera miles de dólares al gobierno… ¡Tenemos el sistema de salud más caro del mundo!

*Bloguero y escritor cubano. Amante de la democracia, la libertad y los Derechos Humanos. Defensor de la pluralidad de criterios y modos de expresión. Vivo en La Habana.

miércoles, julio 11, 2012

El Socialismo: la epidemia mayor en Cuba.

¿Cuánto desprecio por el bienestar humano, y el derecho a la vida, alberga en su esencia la ideología socialista? Su naturaleza pervertida, e intrínsecamente perversa y antinatural, se goza en la aventura criminal de mantener a los pueblos que gobierna, sometidos al constante peligro de ser aniquilados como consecuencia de acciones irresponsables, inspiradas siempre en su odio visceral por todo lo que represente un ascenso en el desarrollo humano.
La crisis provocada por Fidel Castro –entre el 15 y el 28 de Octubre de 1962-, como resultado de la instalación, en Cuba, de bases de misiles nucleares soviéticos, demostró -desde los primeros años de este proceso homicida- que la seguridad, la paz y la prosperidad del pueblo cubano no serían nunca prioridades en los planes diabólicos del máximo líder.
El secretismo, una de las principales cualidades malsanas que identifica a los regímenes totalitarios -y que en Cuba es practicado con aberrante y desmedido celo- consigue mantener un férreo control sobre la información a la que el ciudadano puede -y tiene el derecho- de acceder.
Esta política de ocultamiento, continúa siendo la principal responsable de que los índices de mortalidad, y otros daños, se eleven -considerablemente- durante los períodos en que hemos sido azotados por diferentes epidemias –sobre todo las relacionadas con el Dengue-; porque la población permanece indefensa, y expuesta a los peligros del contagio y sus consecuencias, mientras la epidemia de turno se encarga de rediseñar la demografía cubana, a las órdenes de un envejecido demente, que no puede aceptar que su muerte es un asunto estrictamente personal.
El flagelo de una nueva epidemia está cobrando su cuota de víctimas.
Se trata, esta vez, del CÓLERA. Cuando el brote diarreico que se desató en el municipio de Manzanillo, en la provincia Granma, alcanzó niveles alarmantes -y la situación comenzaba a ponerse fuera de control- el gobierno decidió hacer sus primeras declaraciones; y con esa ambigüedad, tan marxista y tan católica, de la conducta manipuladora, decidió “decir la verdad”…..en latín.
“El causante de este brote diarreico es la bacteria Vibrio Cholerae”. Y punto. Un país donde los estudiantes universitarios deben acompañar sus pruebas de ingreso con exámenes de ortografía, qué queda para el resto de sus ciudadanos, cuyo nivel escolar promedio es de 9no. grado, y las posibilidades de acceder a la internet u otros beneficios de la tecnología para la información son –prácticamente- menos cero.
Vibrio Cholerae, bien podría ser –para el común de los ciudadanos sin información- “algún tipo de cristal derivado del chocolate”; pero nunca podrían asociar el nombre de la bacteria con la enfermedad que produce.
En algunas zonas afectadas del interior, los pobladores no pueden mencionar siquiera la palabra “Cólera”, porque sobre ellos pende la amenaza de ser multados….. y quién sabe qué otra medida, para los más osados.
Desde esta tribuna de libertad –como sin duda alguna lo constituye este sitio del Centro de Información Hablemos Press- estoy denunciando, el crimen de lesa humanidad que representa ocultar la inminencia de una epidemia, y la indiferencia de las autoridades sanitarias con las medidas que debe tomar con todos los comercios (particulares y –sobre todo- estatales), donde se venden alimentos, que no reúnen las condiciones higiénico-sanitarias adecuadas.
Desde esta tribuna de libertad, exijo al gobierno de Cuba el respeto incondicional al derecho inalienable de todo ciudadano a recibir –sobre todo- la información y el cuidado que lo ayuden a preservar su salud y su vida.
*Ernesto Aquino Montes. Es periodista independiente y sus artículos de opinión aparecen en Hablemos Press. Reside en Ciudad de la Habana, Cuba Tel: 5 381 91 11.  E-mail: aquino.liberyvid@gmail.com