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martes, abril 04, 2017

La fundación de la Federación Médica de Cuba, organización colegial de los médicos cubanos en la primera mitad del siglo XX.

Como parte de nuestro trabajo de acercar a los médicos cubanos a las páginas casi olvidadas del acontecer de los médicos cubanos e instituciones que tuvieron un papel destacado en el desarrollo de la medicina cubana; traemos a esas páginas documentos e informaciones que significaron jalones en la historia reciente de nuestro país. Siempre pedimos a los lectores que nos hagan llegar  informaciones o documentos que puedan resultar de interés para los profesionales de la salud en Cuba o en el Exilo, a los efectos de publicarlos en este Blog. (El Editor del Blog de Medicina Cubana)
Federación Médica de Cuba. Fundada el 24 de octubre de 1925. Tenía como objetivos contribuir a la elevación del nivel cultural y científico de sus integrantes, velar por el cumplimento de la ética profesional y por la protección de sus asociados.
Durante la primera mitad del siglo XX se mostró con frecuencia la digna conducta de los médicos cubanos, que tuvo uno de sus momentos más elocuentes en la posición asumida por los integrantes de la Federación Médica de Cuba, quienes se fundieron en la lucha por hacer realidad proyectos de beneficio gremial y social.
El 24 de octubre de 1925 se reunieron en La Habana más de 2 000 médicos de varias regiones de la Isla, para dejar oficialmente constituida esa institución, creada con el propósito de elevar el nivel moral y cultural de sus integrantes, exigir el cumplimiento estricto de las reglas de ética profesional y proteger a los asociados en cualquier contingencia legal. Su primer presidente fue el doctor Juan Guiteras Gener, ilustre médico matancero y reconocido salubrista cubano, quien falleciera cinco días después de su elección.
Dr Juan Guiteras
El primer antecedente de la Federación Médica de Cuba se remonta a la fecha del 29 de octubre de 1835, cuando el Diario de La Habana publicó un artículo firmado por el doctor Manuel Valdés Miranda con el seudónimo de El Médico del Campo. El autor daba noticia de que en París se había fundado una Asociación Médica de Socorros Mutuos, cuyo ejemplo se había seguido en Madrid, y sugería que se hiciera lo mismo en Cuba. La propuesta de Valdés Miranda se fundamentaba en las aspiraciones de impedir que los médicos se desacreditaran recíprocamente, de que contaran con protección en caso de invalidez y de que sus viudas e hijos recibieran amparo.
La fundación en 1861 de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana había comenzado a orientar las inquietudes de carácter científico, pero en el orden profesional se constataban problemas que requerían soluciones urgentes. El primer intento formal de los médicos cubanos para colegiarse tuvo lugar el 15 de julio de 1874 en Cienfuegos, fecha en que los galenos en ejercicio en aquella ciudad solicitaron al gobernador general su autorización para organizar un Colegio de Ciencias Médicas que creara un fondo de socorro para casos de necesidad de sus miembros y sus familiares, formara lazos en los cuales reinaran la armonía y el decoro, celebrara reuniones para la discusión de temas científicos y acordara medidas convenientes a los intereses profesionales. Todo parece indicar que la propuesta no fue atendida. A este intento siguieron otros en Cienfuegos, Matanzas y La Habana, ninguno de los cuales tuvo éxito.
Después de otras fracasadas tentativas de los médicos criollos por organizarse en tiempos del dominio español, el doctor Enrique Núñez de Villavicencio y Palomino propuso en 1910 la creación de un Colegio Médico Nacional, dividido en colegios provinciales y municipales. Pero la idea lesionaba los intereses de algunos centros regionales, por lo que también se malogró.
Angel Arturo Aballi
Con tales antecedentes, en 1925 el doctor Alberto Recio Forns propuso fundar la Federación Médica de Cuba, previa celebración de una asamblea en La Habana, -que reuniera el mayor número posible de galenos de todo el país-, y de un Congreso Médico de Ética y Defensa Profesional. Para garantizar el éxito de ambos actos, que debían celebrarse el 24 de octubre de 1925, se designó una comisión organizadora. Tras una intensa campaña de propaganda se logró reunir a un número considerable de médicos, que discutieron el Reglamento y los Estatutos por los cuales se regiría la agrupación, los cuales debían ser aprobados por el gobierno provincial antes de ser propuestos a la Asamblea Magna. En esa reunión se eligieron la Junta Nacional y el Comité Ejecutivo de la nueva organización. Para la Junta Nacional fue elegido presidente el doctor Juan Guiteras Gener, y para el Comité Ejecutivo, el doctor Ángel Arturo Aballí.
En el Congreso de Ética y Defensa Profesional se estudiaron y discutieron las mociones generadas en la reunión anterior. En la Asamblea Magna, celebrada después en el Teatro Payret, se proclamaron las directivas previamente electas para la Junta Nacional y el Comité Ejecutivo. El doctor Guiteras pronunció allí su último discurso.
En aquella asamblea dio sus primeros pasos la pujante y prestigiosa Federación Médica de Cuba, que brindó espacio a los esfuerzos de una pléyade de relevantes médicos de la Isla, unidos en la defensa de sus intereses profesionales, como base para su superación colectiva y garantía de una mejor y más responsable protección a la salud pública. Surgida por imperativos de la época, del medio y de los intereses, la organización desarrolló una activa campaña en beneficio de la salud del pueblo cubano en general y de los médicos en particular, pese a los ataques que recibía de parte de sus detractores y hasta de algunos gobernantes.
La organización funcionó con el nombre de Federación Médica de Cuba hasta 1944, año en el cual se dictó un Decreto Presidencial que establecía la colegiación obligatoria para todo profesional universitario. Por ello, desde 1945 cambió su nombre por el de Colegio Médico Nacional, que mantuvo hasta 1962....,
Bibliografía
1.       "Acta de constitución del Colegio Médico de Sancti Spíritus", en Tribuna Médica, 23 (359-360): 72, 1950.
2.       "Conmemoración el XXV aniversario de la fundación de la Federación Médica de Cuba", en Tribuna Médica, 23 (359-360): 27-39, 1950.
3.       Cuervo, Sebastián: “Noticia sobre agrupación médica en Sancti Spíritus", en Progreso Médico, 3 (5): 61-162, 1891.
4.       "El médico del campo. Carta de un médico del campo a otro de la ciudad", en Diario de La Habana, (300): 3, 1835.
5.       Fernández Conde, Augusto: Biografía de la Federación Médica de Cuba (1925-1944), Colegio Médico de La Habana, La Habana, 1946.
6.       García Galbraith, S.: “Nacimiento de la Federación Médica de Cuba", en Tribuna Médica, 23 (359-360): 50-53, 1950.
7.       "Historia del Colegio Médico de Cárdenas", en Tribuna Médica, 23 (359-360): 66-71, 1950.
8.       Plá, Eduardo F.: "Documentos históricos", en Vida Nueva, 7: 122-126, 1910.
9.       Quintana J.: “La organización médica en Cuba desde sus orígenes hasta la Federación Médica de Cuba", en Tribuna  Médica, 23 (359-360): 5-25, 1950.
10.    Roig de Leuchsenring, Emilio: Juan Guiteras Gener: uno de los higienistas más notables del mundo, Editorial Alfa, Habana, 1938

Fuente: EnCaribe

domingo, abril 29, 2012

Causa una grata impresión las condiciones adecuadas y el trato del personal médico en el Hospital Materno Infantil “Ángel Arturo Aballi “de la capital cubana.

Managua, La Habana, abril del 2012 (PD) El hospital Materno Infantil  "Ángel Arturo Aballí" ( foto abajo a la derecha) , en el municipio Arroyo Naranjo, fue mi destino hace algunos días. Quise visitar a una amiga que había ingresado en ese centro asistencial para tener su bebé.
El alumbramiento se produjo unas horas antes de mi llegada. Mi amiga estaba exhausta y dormitaba junto a la pequeña cunita tapada con un diminuto mosquitero de puntas de encaje azul, que le mandaron sus tíos que viven en Miami.
En aquella habitación había varias mujeres recién paridas que comentaban entre ellas la cantidad de mosquitos que hay en aquel lugar en horas de la noche.
Entonces vi con preocupación que la única cunita que tenía mosquitero era la de mi amiga.
Por fin despertó, y con un gesto de su mano me comunicó todo lo mal que se sentía y al mismo tiempo, con una invitación dulce, señaló hacia la cunita para que contemplara a su retoño, un niño de 8 libras y cuarto muy hermoso y rosadito.
Después del saludo, su primera expresión fue para resaltar el trabajo de los médicos que la atendieron: "Que médicos más buenos, que cariñosos, que preocupados. No tengo como agradecerles todo lo que me ayudaron."
Aquellas palabras salidas del corazón, me trasladaron al momento que llegue al hospital y pregunté a una empleada que cuidaba la puerta de entrada. Quedé medio impactada cuando me dio las buenas tardes y explicó de una forma pausada y agradable donde debía dirigirme.
De pronto el bebé lloró y un familiar que la acompañaba lo destapó y notó que había expulsado un buche de leche y parecía como asfixiado. Rápido lo cargaron y me pidieron que llamara a la enfermera. La encontré sentada en su mesa. Conversaba con una colega. Al verme, interrumpió su charla para atenderme. Le expliqué, y sin dilación, se dirigió al cuarto que le indicaba.
Tomó al niño con mucho cuidado al tiempo que le explicaba a la mamá qué debía hacer en estos casos.
Antes de marcharse, la enfermera recalcó: "Por favor, cualquier problema me avisan enseguida."
Yo estaba tan sorprendida por aquella actitud que busqué la mirada de mi amiga. Ella interpretó mi sentimiento y dijo: "Sí. Aquí todo el mundo es muy cariñoso. Esto es increíble." Y rápido agregó: "Pero, ¡que hambre pasan! Hoy eran las dos de la tarde y no les habían dado el almuerzo a los médicos. Yo le pedí a mi esposo que les comprara tres pepinos de refrescos, (litro y medio de soda cada pomo) y andaban de lo más contentos pues: ¡iban a almorzar con refrescos!"
Pude observar que en el hospital los pisos estaban muy limpios. Mi amiga me pidió que la acompañara al baño. Tuve que descargar uno de los inodoros que estaba sucio con una lata de agua que llené en la pila del vertedero, pues sus tanques no funcionaban. Para mi sorpresa y beneplácito, ¡había agua!
Pero la imagen de limpieza en el baño la empañaba una caja grande destapada, situada en una esquina, llena de papeles y apósitos sucios.
De regreso al cuarto, mi amiga me comentó que la comida de los pacientes era muy buena, que le habían dado pollo y hasta picadillo de res. Y simpática aclara: "Picadillo no de soya, sino del que venden en la shopping (tiendas recaudadoras de divisas)".
Antes de irme, tomé algunas fotos al bebé, para enviarle a los parientes de Miami, que estaban ansiosos por conocer al nuevo integrante de la familia.
"Estoy muy feliz de haberme atendido en este hospital, aquí encontré el apoyo y cariño que necesitaba en estos momentos", afirmó mi amiga.
Por mi parte, al igual que mi amiga, estoy gratamente impresionada. Y recordé aquel afiche que hace muchos años podía verse en hospitales, farmacias y policlínicas mostrando una enfermera de dulce sonrisa y una frase: "Aquí creemos en el valor de una sonrisa." Ojalá que, aunque tarde, comencemos a ser en estos casos nuevamente crédulos.