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sábado, enero 23, 2016

Crítica situación de los pacientes en espera de intervención quirúrgica en Cuba.

Por Dr. Eduardo Herrera.*
El Hospital Universitario General Calixto García Íñiguez, presenta un número considerable de pacientes que esperan por ser operados. La falta de anestesistas es una de las causas fundamentales por las que se posponen tales operaciones, tanto en este hospital como en muchos otros de la capital.
Con la salida del país de miles de especialistas, a través de las llamadas “misiones” o por asuntos personales, en los últimos años la anestesiología ha sufrido uno de los mayores índices de merma entre todas las especialidades.
A pesar de las medidas implementadas, que se encaminan a acortar programas de estudio y a otorgar más plazas que las habituales, esta especialidad se ha mantenido exigua.
En medio de este panorama, pacientes con patologías como el Cáncer, para los cuales -por razones obvias- el tiempo de espera no debería dilatarse, aguardan ingresados o en sus hogares para que los intervengan quirúrgicamente.
Una mujer lesionada en un brazo sale del Hospital Universitario. Foto/HP
Tal es el caso de Arnaldo Ramos, que sufre de una lesión en la boca desde hace más de dos meses. Esta lesión requiere de tratamiento quirúrgico casi inmediato.
Ramos, ex recluso político del grupo de los 75, agradece a los médicos el interés y la disposición por atenderlo, pero le preocupa que su operación, programada para el pasado 22 de diciembre, haya sido pospuesta. Uno de los médicos que lo atienden nos informó acerca de la crítica situación con respecto a los casos en espera.
También conocemos las quejas que familiares han presentado a la dirección del Centro, a causa de otras operaciones que no se han efectuado.
Incluso uno de los pacientes, cuya operación estaba programada para el pasado 22 de diciembre, y que quedara suspendida, obtuvo un turno no habitual para el día posterior, como resultado de una firme denuncia ante la dirección del hospital.
Situaciones como esta, basadas en los derechos que tienen las personas a una atención médica a tiempo y adecuada, suceden esporádicamente. Mientras, un gran número de ciudadanos se mantienen callados y sin realizar reclamos.
Así pasa inadvertido el maltrato a que están sometidos los necesitados de estos servicios, en un país que envía médicos para satisfacer las necesidades de los otros.
*El Dr. Eduardo E. Herrera Duran. Es Médico especialista en Cirugía, reside en Cuba y trabaja en el Hospital General Docente “Calixto García” en La Habana, Cuba. Se desempeña como comunicador independiente y colabora de manera regular con el  Centro de Información Hablemos Press.

miércoles, mayo 10, 2006

Demagogia y Salud Pública.



Por: Manuel Díaz Martínez.*
Uno de los ritornelos de la propaganda del castrismo es el de que en Cuba la Salud Pública es gratuita. O sea, que la paga el Estado. ¿Y de dónde saca el Estado el dinero para pagarla?
Ni los Estados ni los gobiernos generan riqueza. En todos los Estados y bajo todos los gobiernos, de izquierda o de derecha, revolucionarios o no, la riqueza la produce la gente con su trabajo.
En la Economía Política capitalista, a la riqueza creada por el trabajo se la llama plusvalía; en la socialista (comunista), plusvalor. En el sistema capitalista, el Estado se apropia de parte de la plusvalía mediante los impuestos; en el socialista (comunista), el Estado, único dueño de los medios de producción, se apropia de todo el plusvalor. Lo que hacen los Estados, en ambos sistemas, es administrar, según la filosofía o los intereses del partido gobernante, lo que reciben de la riqueza creada por el trabajo de la sociedad.
De modo que, ni en el capitalismo ni en el socialismo, el Estado da nada gratis: la gente lo paga todo con su trabajo. Paga, incluso, el sueldo de los funcionarios y el boato de los jerarcas. Castro no le regala nada al pueblo cubano. El pueblo cubano lo paga todo y lo mantiene a él y mantiene su corte.
Claro está que entre el Estado democrático y el totalitario hay diferencias. Por ejemplo, el primero tiene que dar cuenta de sus gastos a los ciudadanos; el segundo, no. Ya sabemos —la prensa lo ha publicado— cuánto le costó al erario español la guerra de Irak; pero todavía, a casi veinte años de terminada, no se sabe, y quizás no se sepa nunca, cuánto le costó al erario cubano la de Angola.
Generosísima solidaridad
Tampoco sabe el pueblo cubano, víctima de una miseria endémica desde que el comunismo arruinó su economía, cuánto le está costando la generosísima solidaridad internacional de Castro en materia de salud pública. Porque, evidentemente, Castro no pagó de su bolsillo los 30 hospitales de campaña que ha regalado a Pakistán, ni la clínica oftalmológica con tecnología punta europea que acaba de regalar a Bolivia. Siempre tan desprendido a cuenta de otros y tan atento a su imagen pública de cara al exterior, Castro hace estos obsequios patriarcales cuando es más penosa la crisis que, desde el fin de la subvención soviética, atraviesa la salud pública cubana.
Resulta sorprendente que el gobierno cubano regale hospitales cuando a los de la Isla, según las denuncias que de allá nos llegan, los pacientes tienen que llevar desde ropa de cama y comida hasta hilo de sutura y anestésicos; cuando es habitual que las ambulancias no puedan moverse por falta de recambios o combustible; cuando en las farmacias del país (no las que venden en dólares) suele suceder que no haya ni aspirinas…
Se nos dice que estas calamidades se deben al "criminal bloqueo norteamericano", que obliga a tantas ONG e instituciones humanitarias del ancho mundo a recolectar medicamentos para enviarlos a Cuba. ¿Y, entonces, cómo es que Cuba puede regalar hospitales? He aquí una aporía del siglo XXI.
* Poeta y periodista. En la actualidad codirige la revista Encuentro de la cultura cubana. (www.cubaencuentro.com). Reside en Las Palmas de Gran Canaria.