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jueves, septiembre 06, 2012

El pan nuestro de cada día.

Por: Mario Hechavarria Driggs
Varias bodegas del  municipio Habana Vieja, fueron cerradas por Salud Publica, por tener una alta infestación de cucarachas,  ratones y mosquitos. Especialistas del Centro de  Higiene y Epidemiología, realizan pesquisas en los comercios, para imponer  fuertes multas y mandar a cerrar aquellos que no cumplan con la higiene. 

Hay panaderías que tienen salideros en los baños, los servicios sanitarios  tupidos, no hay jabón ni papel higiénico. Los que despachan el pan, con las mismas manos que manosean el dinero, apuntan en  la libreta de abastecimiento, fuman, y abandonan el mostrador, sin importarles que se lleven las mercancías o el dinero. Al recibir la queja del cliente, responden de mala gana “esto no es mío”.
El pan y las galletas se mantienen todo el día sin taparse, las moscas reinan, no hay papel ni jabas para envolver, la población está cansada de quejarse, y las enfermedades contagiosas van en aumento.
 Los Hospitales “Salvador Allende” y el pediátrico “Las Católicas”, tuvieron que ubicar camas en los pasillos, ante el número creciente  de casos  de Dengue.
Los médicos aconsejan, que el paciente debe llevar un cubo para bañarse, el agua hervida, el calentador, sabanas y sobre todo alimentación. Algunos prefieren quedarse en sus viviendas a pasar la enfermedad  con la ayuda de Dios,  a tener que ingresar y enfermarse de otra cosa.
Se comenta que en el municipio Habana Vieja, han ocurrido varios fallecimientos por sangramiento, provocados por el temible Dengue Hemorrágico, el estado mantiene un riguroso silencio.

domingo, julio 01, 2012

En un hospital habanero se desempeña una “enfermera sustituta” de tan solo 9 años de edad.

Por: Jaime Leygonier.*
La Habana, 29 de junio del 2012.- En la sala G del pabellón Camilo Cienfuegos del habanero Hospital Salvador Allende -antigua Quinta Covadonga- una niña de 9 años de edad repartía los medicamentos a los pacientes llevando el carrito de cama en cama mientras la única enfermera a cargo de la sala dormía.
Según refieren visitantes el hecho ocurrió el 24  de junio a las 2:00 de la tarde, en que observaron que ésta y otras salas tenían una ausencia casi total de personal de la salud. (Ausencia habitual en todos los hospitales durante las noches y los domingos).
Los visitantes refieren también que no encontraron a la paciente que buscaban y que habían visitado allí días antes, que nadie  les supo informar su paradero e incluso que alguien les dijo que estaba en la morgue.
Y en la morgue averiguaron que la fallecida era otra señora con idéntico nombre de pila.
Presuntamente, la niña que conducía el carrito con la medicación es hija de la durmiente enfermera de guardia.
*Periodista independiente cubano, radica en Ciudad de la Habana, Cuba y es parte del equipo de redacción de la Agencia Hablemos Press.

sábado, febrero 18, 2012

Los supuestos cambios en la salud pública en Cuba.

Los “cambios” en la salud pública.
Capítulo: Conflictos en la Sociedad Civil
Al igual que el resto de las actividades del país, la Salud Pública está sometida a cambios, primero que todo para ahorrar, ya que según se plantea los métodos que se estaban utilizando eran muy costosos, aunque también se encuentran presentes en este sector los despidos laborales.
La Red Cubana de Comunicadores Comunitarios ha conocido que en el Instituto Nacional de Angiología y Cirugía Vascular, situado en el área aledaña al Hospital Salvador Allende, antigua Covadonga, existía un Departamento de Fisioterapia, fundado el 3 de septiembre de 1983, que siempre cumplió sus objetivos, la atención a los pacientes propios de la especialidad así como todo aquel que lo necesitara. A ninguno de los cuatro Directores que han transitado por dicho Instituto desde 1983 se les ocurrió prescindir de los servicios de fisioterapia, ni aún en los críticos momentos del llamado Período Especial. Hace aproximadamente 6 meses cuando ocupó el cargo el nuevo director, Doctor Joaquín Salavarría García, Ginecólogo y Especialista en Administración (no tiene nada que ver con la especialidad que está dirigiendo) y basándose en los “cambios”, en particular los referidos al reordenamiento laboral, planteó que este Departamento no es funcional, porque no responde a los intereses de la institución, y por lo tanto debía desaparecer.
En este dependencia trabajaban: el Dr. Ernesto Pérez, que era el jefe; un único técnico -como fundador- especialista en Fisiatría Emerio González Verdecia, discapacitado visual (débil visual profundo); y las Licenciadas Yaíma Bernal Isaqui, -discapacitada auditiva- y Anicia Hernández. El Dr. Pérez defendió siempre de manera muy humana la posición de estos dos discapacitados, no sólo por su enfermedad, sino por los méritos alcanzados por su magnífica proyección laboral. En estos momentos él está disponible por recomendaciones hechas al Viceministro de Salud Pública, quedando pendiente a una llamada de reubicación los dos discapacitados.
Es necesario explicar que el Dr. Salavarría fue por un tiempo Viceministro de Asistencia Médica, así como posteriormente Jefe de Misión en Venezuela, lo que implica que ha ido descendiendo en la escala de responsabilidades. Se puede añadir que en una “Inspección Ministerial” realizada al Instituto en el último trimestre de 2011, la cual fue avisada -como casi todas- 15 días antes, detectaron que estaba estacionado en el interior del Departamento de Fisioterapia, el automóvil asignado a él, algo prohibido por una Directiva Ministerial. En lo personal, es un hombre que fue capaz de hacer de una reunión sindical, casi una conferencia de ética profesional, pero la viola.
Algunos años atrás se formó -de una manera estrepitosa y urgente- muchísimo personal  paramédico, pues se alegaba su carencia, sin embargo ahora se habla de reordenamiento, de disponibilidad, lo que hace evidente que los errores de dirección los pagan quienes no los cometen.

Desaparecer un servicio de salud dentro de una institución, cuando constantemente el régimen ha hablado de mejorar la atención al pueblo, es una tamaña contradicción, entre las llamadas “reformas” y la política promovida hasta el momento en el sector, si se tiene en cuenta que este Departamento de Fisioterapia desde el año 2000 hasta el 2008 atendió -de manera exclusiva en Cuba- con un carácter serio y responsable, la enfermedad conocida como Linfoedema, a la que popularmente se le dice Elefantiasis; tratamiento llevado a cabo por los doctores Luís Rodríguez, especialista en Angiología y Ernesto Pérez, especialista en Fisiatría; y por el técnico Emerio González Verdecia, con un equipo donado por un paciente  con tecnología obsoleta, así como con recursos muy escasos a pesar de lo cual se lograron  muy buenos resultados, sobre todo por el amor al trabajo.
En el año 2008, debido a que se deteriora –sin arreglo- el equipo, quedaron más de 200 pacientes a merced del tiempo; así como el esfuerzo de 8 años. A pesar de las gestiones hechas no se resolvió nada; aunque se supone que este tipo de paciente  también tiene derecho a mejorar su salud. Como dato curioso, se puede  decir que ya hay enfermos por gestiones personales poseen dicho equipo.
Es indignante saber que el Ministerio de Salud Pública no se haya ocupado de comprar un equipo, cuando se gastan cientos de miles en divisa para mantener el internacionalismo médico, en diferentes países del mundo y anuncian en la televisión los recursos que donan para ello.
 Otros funcionarios han estado vinculados a esta indebida determinación, como por ejemplo la Licenciada Maritza Leyva, jefa del Grupo Provincial de Rehabilitación, la que alega que estos pacientes pueden ser atendidos en sus respectivas áreas de salud, entiéndase, los Policlínicos, lo cual no es cierto.  De igual forma el Dr. Evaristo, secretario general del núcleo del Partido Comunista del centro, y el Dr. Daniel, secretario de la Sección Sindical, no se han pronunciado en contra de ello. Cómo funcionan las cosas en la isla, habría que saber que  el primero tiene pendiente una misión en el extranjero, y el segundo -como casi todos los representantes del Sindicato- se ha convertido en una sucursal de la Dirección y no en su contrapartida. También el vice director de Asistencia Médica Dr. Alejandro Hernández, angiólogo, que ocupa hace tiempo ese cargo, nunca encontró que el Departamento sobrara, pero ahora apoya esta decisión.

Esto indica que a cualquier nivel en el país hay abuso de poder, así como que el ser humano no interesa, tanto los enfermos como los dos discapacitados, que allí trabajaban, que ya bastante tienen con las barreras que la vida les ha impuesto. En particular el técnico Emerio González Verdecia, débil visual profundo, cubre solo la distancia desde su hogar en Santos Suárez hasta el Cerro, donde se encuentra situado el Instituto. Desde hace más de 25 años ha logrado desarrollar algunas habilidades y gran adaptación. En este momento cerca de donde vive no existen plazas disponibles, pues al contrario, el personal sigue sobrando y una posible reubicación de dicho técnico de 52 años, en un lugar distante, sería poner fin a su carrera profesional.
De igual forma muchas personas enfermas han protestado por todo esto, defendiendo con mucha razón el lugar donde mejor han sido atendidos, pues argumentan que en los Policlínicos del Municipio Cerro -en sus áreas de rehabilitación- la atención es pésima y en algunos casos inexistentes.
Si se permite a cada funcionario tomar medidas como esta, seguirá aumentando el caos de la salud en el país, que ya en estos momentos tiene una situación bien difícil ante los ojos de la sociedad.
La Habana, 16 de febrero de 2012.
Nota: Información recibida por correo electrónico  desde la oficina de Martha Beatriz Roque, Red cubana de comunicadores comunitarios.


domingo, enero 03, 2010

La Covadonga convertido en Hospital de Campaña.


Hospital de campaña
Por: Valentina Cueto
LA HABANA, Cuba, enero 2010 - Nancy se dirigió al cuerpo de guardia del Hospital habanero Salvador Allende (conocido como La Covadonga, por el nombre original dado por los inmigrantes asturianos que lo fundaron), porque sus várices inflamadas le impedían moverse, y el médico de la familia le había recomendado consultar un especialista.
Nancy se llevó tamaña sorpresa cuando la secretaria que la recibió la remitió a otro centro asistencial, porque allí sólo se atienden a los enfermos de dengue e influenza.
Como Nancy es testaruda se necesita mucho más que un no para detenerla; y bajo el intenso sol se fue arrastrando las piernas hacia la sala de Angiología, donde un espectáculo dantesco la paró en seco. A pesar de no ser impresionable, el pasillo central del inmueble, atestado de médicos y enfermeros que curaban diligentemente a varios heridos, a la vista de todos, la hizo tambalear. Acostumbrada a ejercer control sobre sus emociones, se dijo que estaba envejeciendo. Como no pudo ser atendida por un angiólogo, pues no tenía turno, se dirigió a la sala de Psiquiatría en busca de un especialista que le recetara algún tranquilizante.
Las camas vacías y el silencio que encontró a su paso la hicieron pensar en una sala de fantasmas. Su asombro fue mayor cuando descubrió a varios trabajadores que miraban la televisión: “Este hospital está atrincherado para combatir la pandemia”, le dijeron desde el interior de la sala tan pronto su figura apareció en la puerta.
El dengue, la conjuntivitis y la influenza AN1H1 están azotando a la población y el Estado se multiplica para detener el avance de tales azotes. Grandes sumas se han invertido en la compra de vacunas y fármacos; los medios alertan acerca de las medidas higiénico-sanitarias que debemos observar; se priorizan los grupos de riesgo como lactantes, embarazadas y ancianos. Al margen de la urgencia mayor, otros pacientes como Nancy deben acudir a los remedios de las abuelas: hojas de caisimón y cocimientos de tilo.
Una señora de setenta y nueve años con piernas varicosas, hipertensión y arterosclerosis, sin parientes ni recursos, no puede llegar por sus propios medios a los centros donde pueden atenderla. Nancy decidió permanecer en Cuba cuando su hijo se marchó a los Estados Unidos porque “aquí tenía la asistencia médica garantizada” y no deseaba convertirse en una carga familiar, temerosa de las dificultades que supone tener un seguro médico.