Elogio del aprovechado…
Los demócratas deberíamos decretar cero tolerancias cubanas; váyanse a
Varadero...
Desde la primera vez que pisé tierra cubana en la década noventa me
percaté que era una isla de aprovechados. Se las echaban, pero no tenían nada
que enseñar cómo no fueran las consecuencias de la falta de libertad, el hambre
galopante, la mentira continuada para poder sostenerse y el fraude. Lo de la
medicina cubana era puro cuento, lo vi y lo sé; grandes edificios con mueblería
de acero inoxidable y muy poca sofisticación clínica. Rapaces, se apoderaban de
todo cuanto los médicos de una misión humanitaria habíamos llevado, mis
diapositivas fueron ¨fusiladas¨ sin mi consentimiento. Eran pedigüeños, los
niños querían chicles, las jóvenes una cerveza a cambio de favores y los
médicos la información – cualquiera que fuera- que el estado no les proveía.
Desvalidos ante su ignorancia, nada podían hacer.
Se necesitó un estado de enamoramiento agudo para que Chávez se
prendara de la medicina cubiche. No le sirvió de escarmiento tanto equívoco,
tanto charlatanería sin máscara, un dolor referido a una rodilla y un taimado
tumor pelviano, es decir, un dolor que no estaba en la rodilla, el drenaje de
un ¨absceso¨ que no era absceso con biopsias sin tino, tomadas en sitios no
aptos, y a cuatro cirugías fallidas
conducidas por mamelucos, siguieron sufrimiento, infección e insuficiencia
respiratoria aguda, ventilación artificial, traqueotomía… todo arrastrándose en
una pesada cadena de actos iatrogénicos –inducidos por los médicos- durante más
de 2 meses y el sujeto embarbascado que no cambia de médico…
Los demócratas deberíamos decretar cero tolerancia cubana; váyanse a
Varadero, si es que les permiten pasar; váyanse con su prepotencia y su
medicina primitiva donde no se privilegia el examen ni la historia clínica,
¡aprendan algo de la medicina venezolana forjada en libertad…!

