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sábado, agosto 01, 2020

Intento de asesinato. Tercera parte y final

Una supuesta pesquisa y un Juicio amañado.

A finales de noviembre recibo una citación para presentarme en una oficina, no especificaba el organismo del que se trataba. Estaba en una edificación localizada a la altura de 66A y 31 Avenida; dirigiéndose desde el Crucero de la Playa hacia el obelisco, quedaría a la derecha. No era una oficina relacionada con los órganos de impartición de justicia. Cuando llegué comprendí que se trataba de una dependencia del Ministerio del Interior.

Me presenté en la recepción y la oficial me indicó que tomara el pasillo a la derecha. Cuando caminaba por ese pasillo hacia una oficina que me mostraron, se me acercó una joven oficial y sin mediar palabras me preguntó: ¿Usted es el doctor Gonzalez?, Sí, le dije y agregó con voz queda, pero resuelta: “Médico…, lo quieren joder”, sin más se dio media vuelta y desapareció.

En la oficina estaban dos oficiales que no se presentaron y me expusieron un dibujo que mostraba las posiciones de los vehículos comprometidos en aquel supuesto accidente de tránsito. No me interesó y les dije que estaba sorprendido por la pesquisa porque allí no llegó ningún policía; ¿quién hizo la denuncia?, pregunté, el oficial a mi derecha respondió: “el ingeniero Menéndez del Acueducto de La Habana”; nada de eso fue así les dije y me retiré de aquel lugar. Ellos sabían tanto como yo que todo aquello era una farsa mal montada y por lo demás a destiempo.

42 y Avenida 35. Zona donde se provocaron los hechos. 


No se quedarían, así como así, les había salido mal el intento y algo tenían que hacer. El día 29 de diciembre, recibo una citación para presentarme el 31 de diciembre a las 9:00 a.m. en una dependencia, no especificada, localizada al lado y por la avenida 29 de la Funeraria de la Calle 70 en la barriada de Buenavista. Era un local amplio muy concurrido y que simulaba un tribunal; se estaban celebrando un maratón de juicios. No era esta la sede del Tribunal Municipal de Playa ni de Marianao. Yo no estaba preparado para un juicio, pero tenía una cita con la justicia popular el último día de ese inolvidable y aterrador año de 1992.

Fui el tercero de aquel caricaturesco tribunal enfrentando un juicio amañado; sobre mi presunta culpabilidad por el accidente de tránsito, al que me he referido con detalles en este artículo. Fue rápido aquel sujeto que era juez y fiscal a la vez. Cuando tomé la palabra para poder defenderme de aquella petulante monserga; el juez y única voz allí me dijo en todo agresivo y áspero: “usted se calla, que nada tiene que decir aquí” y dio por terminado el juicio. Días después recibo un documento, algo así como un fallo condenatorio, que me obligaba a pagar los daños al vehículo del supuesto ingeniero Menéndez por la suma de 800 pesos. Nunca los pagué hasta que 7 años después, cuando hacia los trámites para salir al exilio, lo hice para evitar sorpresas de última hora.

Pienso que desde que se produjo el incidente, debí de consultar con un abogado de los que, por ese tiempo, eran parte de la oposición interna; no lo hice. Tampoco lo hice cuando recibí las dos citaciones. Ellos podían asesorarme en los procedimientos de la pesquisa policial y, sobre todo, en los aspectos de la Ley de Procedimiento Penal; que yo no conocía y que sin duda cuestionaba el juicio tremebundo al que me sometieron.

No tengo la más mínima duda que lo ocurrido en la intersección de la calle 42 y la avenida 35, aquel día de octubre de 1992, fue una tentativa de asesinato. Lo que nunca llegué a comprender, cómo llegaron a decidir esto. Conozco muy bien de la dedicación de los personeros del régimen al crimen, hay una consagración permanente y enfermiza a dañar en todo lo posible a los opositores. Cuando estuve preso en Villa Marista y después, cuando no acepte colaborar con la Seguridad del Estado, me dijeron que tendrían una hoja de ruta para hostigarme y acosarme, me la dijeron en detalle y lo hicieron; solo que nunca pensé que llegarían a actos como este. No es que no sean capaces de matar, sino que no es una decisión festinada e irracional en sí.

Cuando fui detenido era un opositor, por así decirlo, de bajo perfil, estaban sorprendidos y me lo hicieron saber. Es cierto que en los procedimientos de la policía política intervienen distintos sujetos que entran en la investigación, salen en la detención, participan en los interrogatorios, hacen el seguimiento y son después esos que suelen denominarse: “el o los compañeros que me atienden”.

Durante ese año más que atemorizarme continúe mi desempeño como activista de DDHH y mi trabajo profesional. Pero, sobre todo, me relacioné con muchas personas de la oposición, de la iglesia, profesionales de la salud, extranjeros e incluso diplomáticos. En ocasiones opté por la temeridad y el desafío, lo cual no era prudente. En todo ello conversaba, opinaba y me movía con desenfado…, en mi auto. En algún momento del trabajo operativo de los agentes del DSE todo esto les molestó, me sobredimensionaron y decidieron actuar. 

Este es un testimonio de un intento de homicidio. Fue el resultado de una sobredimensión que interesaba mi dedicación y la interpretación de otros sobre el desafío, la culpa y el sentido vengativo de estos. Consistente con las jugadas de la conciencia y los secretos o recuerdos que condicionan las decisiones de los otros y las nuestras. Tal vez de esto nunca se sepa, pero al menos dejo estas notas sin culpas, sin odios y sin perdones, así no más…,

Esto de morir en un instante de un impacto feroz, es escalofriante y enigmático. Nadie es dueño de su propia muerte…, hasta tanto sigo viviendo.

Información relacionada:

lunes, diciembre 17, 2012

Las negligencias médicas en los hospitales cubanos quedan impunes.

Por: Alberto Méndez Castelló.
La gran mayoría de las negligencias médicas en los hospitales cubanos quedan impunes. Matar a una res podría salir más caro que dejar morir a un ser humano.
Piadosa, la muerte puso punto final a la agonía de Raúl García Alsina a las 3:00 de la tarde del pasado domingo 18 en el hospital Che Guevara de Las Tunas.
De ser el muerto un buey, una vaca o incluso un ternero, un pelotón de policías con perros rastreadores, fotógrafos y peritos  hubiera sido enviado con premura a la escena del crimen.
Pero el muerto era solo un hombre y la escena del crimen se había diluido en el tiempo.
Raúl García Alsina había cumplido 70 años, tenía esposa, un hijo y cuatro nietos. Había sido un eficiente directivo de comercio y un muy activo militante del Partido Comunista.
Sí, había sido. Ya no era más que un anciano consumido por el Alzhéimer, olvidado de todos y por todos.
De tal suerte, cuando intentaba cruzar la avenida Máximo Gómez, en Puerto Padre, García Alsina fue atropellado por un motociclista el sábado 10 de noviembre.
En estado convulso, fue conducido al cuerpo de guardia del hospital Guillermo Domínguez. El cirujano de turno indicó una radiografía y una Duralgina, según relataron los familiares. Luego, dispuso que una ambulancia lo trasladara a… ¿los neurocirujanos? No, señor, a casa, esto es, a la choza donde vivía García Alsina. Su casa había sido destruida por el huracán Ike, el 8 de septiembre de 2008.
El domingo 11 de noviembre, García Alsina fue llevado en estado de coma al hospital provincial Che Guevara: "Se han perdido 24 horas que ya no se pueden recuperar", dijo un neurocirujano a los familiares. Siete días después, el enfermo fallecía víctima de un traumatismo craneoencefálico tardíamente atendido.
Sospechosamente, en el momento de la autopsia, en medicina legal no aparecía la radiografía tomada al herido tras del accidente.
"No saco el cadáver de aquí si no aparece esa placa", dijo el hijo de García Alsina, que debió imponerse en el hospital Che Guevara.
La radiografía acusadora apareció, pero ¿qué valor tiene? García Alsina está muerto por presunto abandono médico y a no dudarlo otros más morirán por igual proceder criminal.
"Mi hija ahora tiene tres meses, pero de ella tendría nada más que el recuerdo si no me pongo duro. Yo mismo tuve que llevar a mi mujer para el salón de partos porque la enfermera decía que todavía no era el momento. Oiga, y enseguida la niña nació", dice un hombre en el funeral de García Alsina, a propósito de las negligencias en los hospitales, a lo que una mujer que escucha el relato añade:
Foto a la izquierda matarifes  en Cuba.
"Le creo. Mi hijo, que ahora tiene 10 años, está con un montón de problemas porque a mí me demoraron el parto 10 horas".
Los testimonios de acciones y omisiones médicas constitutivas de delito narrados en la funeraria conformarían todo un dossier de acusaciones; habría sido útil que los implicados hubieran estado allí para escuchar a las víctimas.
Pero durante ocho días de angustias y hasta el funeral de Raúl García Alsina, las autoridades de Salud Pública no se habían acercado a los familiares de la víctima para ofrecer explicaciones. Tampoco lo hizo la policía en funciones investigativas, teniendo un delito a la vista.
Técnicamente, estamos en presencia de un delito de abandono de incapacitados y desvalidos, según lo conceptuado por el Código Penal cubano.
"El que no socorra o preste el auxilio debido a una persona herida o expuesta a un peligro que amenace su vida, su integridad corporal o su salud, si el hecho se comente por quien tiene el deber de socorrer o auxiliar a la víctima por razón de su cargo o profesión, la sanción es de privación de libertad de seis meses a dos años con multa de 200 a 500 cuotas o ambas", dice el artículo 277.2 del Código Penal.
Imaginen, dos años de privación de libertad, digamos que tres por circunstancias agravantes, para alguien que por su falta de socorro hizo perder la vida a un ser humano.
Pero ¿qué sucedería si el muerto hubiera sido un buey?
"El que sin autorización previa del órgano estatal, específicamente facultado para ello, sacrifique ganado mayor, es sancionado con privación de libertad de 4 a 10 años", expresa el artículo 240.1 de la supradicha ley penal.
Puesto que, según la legislación vigente, entre otros fines las sanciones penales tienen por objetivo prevenir la comisión de nuevos delitos, a la luz de lo articulado por el Código Penal juzgue usted mismo, cómo se protege a los cubanos incapacitados y desvalidos en comparación a la protección jurídica dada al ganado mayor.
¿Dónde estaría hoy el cirujano de guardia del hospital Guillermo Domínguez, si en lugar de abandonar a su suerte a Raúl García hubiera matado a un buey?
Para ayudarle a contestar, recuerdo que quien sacrifique ganado mayor por su cuenta en Cuba, aunque sea el propietario de la res sacrificada, no tiene derecho a fianza y debe esperar en prisión provisional hasta el día de su condena.
Luego, dígame: homo sapiens o tauros…