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viernes, abril 26, 2013

La medicina cubana no tiene cura.


Por: Iván García Quintero.
Cuando Daniela, 19 años, asiste a su consulta de estomatología, además de llevarle a la especialista que le atiende un bocadito de jamón y queso y una botella de refresco, le entrega un billete de 10 pesos convertibles que la doctora agradece con gesto efusivo.
Ya va resultando raro que un paciente acuda a un turno médico y no le lleve un obsequio al médico. Depende el estado de salud, duración del tratamiento e interés que usted quiera le dispense su doctor.
Pan con Jamon para el Medico en Cuba
En enfermedades graves, los regalos van subiendo de precio. El omnipresente bocadito se mantiene. Pero el agradecimiento se debe mostrar con cosas de más valor. O con dinero.
 Regla, 32 años, es madre de una niña a la que recientemente tuvo que realizarle una compleja operación maxilofacial. “Si uno quiere tener al equipo centrado en el caso de tu hijo, eso te cuesta. No solo a los doctores, también a las enfermeras. Y cuando estás ingresada en el hospital, hasta la auxiliar de limpieza debes hacerle un presente”.
Según Regla, empleada en un hotel, ella les ha comprado ropa y zapatos a los hijos de los médicos que atienden a su hija. “A veces los he invitado a comer en algún restaurante. Constantemente tienes que estimularlos”.
Los pacientes con tratamientos largos traban amistad con el personal médico. “Yo tengo mi doctor, que es casi como si fuera particular. Él me cuenta sus problemas y yo los míos. A cada consulta le llevo almuerzo. En diciembre le regalé una pierna de cerdo asada”, comenta Joel.
Los médicos en Cuba están muy mal pagados. Un especialista de primera gana alrededor de 700 pesos (30 dólares). Un santero, en un mes malo, gana ocho veces más. Si usted se llega a la calle Concordia número 410, en el centro de La Habana, notará que desde el amanecer una amplia cola de personas espera por Lino Tomasén, un negro gordo, cargado de collares y un tabaco en la boca. Tiene fama de curar con sus dedos.
Tomasén, médico graduado, gracias a sus habilidades espiritistas atiende diariamente a más de 200 personas en su consulta. Cobra 20 pesos por persona. Pero con lo que gana supera por mucho el salario de un médico profesional. Es tanta su notoriedad que se rumorea que hasta parientes cercanos a Raúl Castro se ven con él. Mucha gente recurre a curanderos milagrosos porque no confían en la calidad de la medicina actual.
Cuando usted es internado en un hospital se sugiere cruzar los dedos. “Mi padre ingresó por un problema del corazón y en el hospital contrajo un bacteria fulminante que lo mató”, recuerda Antonio. Además de poca higiene en la sala, debe cargar con un ventilador, cubos de agua y otros avituallamientos. Los vecinos, al verte partir, piensan que vas a un camping.
Otro problema grave que está afectando a la salud pública es la escasez de medicamentos y la tecnología obsoleta. En algunos hospitales habaneros, hace tiempo no funcionan equipos de diagnósticos como el somatón.
Un médico avezado suele tener dos opciones. Si usted es una persona de bajos recursos, le receta medicamentos ofertados en la red de farmacias estatales. Si desea algo mejor, le recomienda acudir con moneda dura a una farmacia internacional.
En la capital hay una veintena. A precio de mercado venden antibióticos de última generación, antihistamínicos y ungüentos avanzados. A pesar del embargo, no pocos medicamentos son de patentes estadounidenses.
Pero, sin dudas, los salarios miserables devengados por médicos, especialistas y enfermeras, entre otros, es la causa fundamental en el retroceso de la salud pública. En un intento por mejorar su calidad de vida, los doctores cubanos recurren a prestar misiones en el extranjero.
Más de 40 mil médicos andan desperdigados por varias latitudes del planeta, especialmente en Venezuela. De una mordida, el gobierno se apropia del 90% de su salario. Es tanta la necesidad material que a muchos médicos no les importa. Los familiares en isla cobran 50 cuc mientras ellos realizan su trabajo en el exterior.
Al regreso, vuelven con miles de dólares. No siempre obtenido de forma legal. Un médico en Sudáfrica confesó que hizo buena plata por la izquierda practicando abortos.  En Venezuela, aparte de ejercer de médico en un barrio pobre, debe entrenarse de negociante en ciernes. El personal de salud en el extranjero es una de las vías que alimenta las tiendas de pacotillas que florecen en Cuba.
“También por encargo traemos videojuegos, teléfonos inteligentes y laptops. En eso hemos quedados, en una especie de buscavidas. Y lo peor es que no se vislumbra una salida en cuanto a salarios se refiere. En este sector no ven con buenos ojos subir en unos pesos los salarios a los médicos que hacemos turnos de madrugada. Quien no tenga pacientes que te regalen alimentos, artículos de aseo o dinero, está perdido” asegura Octavio, cirujano que alquila su viejo auto ruso después de su horario laboral.
Aquellos años donde la salud pública cubana era el orgullo de Fidel Castro han quedado atrás. Para ser un país del tercer mundo, todavía podemos inflar pecho. Por falta de asistencia médica nadie se muere. Y a los disidentes cuando llegan a un policlínico no se les pregunta su afiliación política. Pero todos, si quieren un trato personalizado, deben llevar un bocadito de jamón y un refresco. Al menos.

lunes, junio 06, 2011

Corruptelas y mercado negro en Cuba para conseguir medicinas.

Cada vez que Niurka necesita vitamina C o un aerosol de salbutamol para el asma, sabe dónde encontrarlo. Primero, antes de ver a Fermín, un vendedor ambulante de medicinas, prueba conseguirlo deslizando un billete de veinte pesos en el mostrador de la farmacia estatal más cercana.
Si la dependienta abre desmesuradamente sus ojos, señal de que la cosa está mala, entonces busca al vendedor ilegal de medicinas. Casi siempre encuentra lo que busca.
Fermín trabaja en un almacén de medicamentos de un viejo y céntrico hospital habanero. Su salario de 300 pesos (16 dólares) es de risa. Pero con lo que él todas las tardes carga en su mochila, multiplica por diez el sueldo que devenga.
“Suelo llevarme vitaminas, aerosoles para los asmáticos y, cuando puedo, medicinas extranjeras de donación. También vendo por encargo. Si alguien me pide un medicamento equis y lo hay en la farmacia del hospital, desaparece como por arte de magia”, confiesa Fermín.
Los niveles de la salud pública en la isla han menguado con respecto a la década de los 80. Sin embargo, la medicina cubana sigue prestando un servicio notable a pesar de ser una nación del Tercer Mundo.
Pero escasean ciertos medicamentos. El gobierno lo achaca al ‘bloqueo’ de Estados Unidos, que impide comprar los de última generación. Pudiera ser. Aunque en las farmacias por divisas se consiguen vitaminas, antibióticos o analgésicos de firmas capitalistas reconocidas. Para paliar el déficit de medicamentos, el Estado aprueba sumas millonarias de dólares para incrementar su producción en el país.
Sonia, una farmacéutica, cree que la calidad de algunos medicamentos elaborados en Cuba deja mucho que desear. Buena parte, además, están racionados por una tarjeta entregada por el médico de familia o un especialista.
Quienes padecen de enfermedades respiratorias son los que más sufren. Hay dos clasificaciones. Tipo I y II. A los primeros se les otorga un aerosol mensual y a los segundos, uno cada dos meses.
“Casi siempre tengo que comprar aerosoles para el asma por fuera, en el mercado negro. Ya sea pagando 20 pesos a una empleada de un hospital o farmacia, o a los cientos de vendedores ambulantes de medicinas que existen en La Habana”, aclara Rogelio, asmático crónico.
Al ser Cuba una isla tropical, con una humedad muy alta, el número de personas con enfermedades respiratorias es significativo. Por tanto, los vendedores ilegales de medicamentos tienen un mercado asegurado.
Denis, uno de estos vendedores, dice que además de vitaminas, antibióticos y aerosoles, el otro producto con gran demanda son las ‘íntimas’ o almohadillas sanitarias femeninas.
“A las mujeres en edad fértil les dan un paquete con diez ‘íntimas’ al mes. Y como no les alcanza, es colosal el negocio de las almohadillas. Cada paquete se vende a diez pesos (0.50 centavos de dólar). Gracias a la venta de ‘íntimas’, vitaminas y sprays de salbutamol, en los doce años que llevo en este giro, he podido arreglar mi cuarto”, expresa Denis con orgullo.
La sanidad cubana es gratuita y sus médicos -como regla- tienen buena preparación y son esforzados. Pero a la hora de conseguir medicamentos el paciente tiene tres opciones.
La primera, adquirir en la farmacia del barrio los recetados por el doctor, si los tuvieran. La segunda, si tienes moneda dura, en una farmacia internacional puedes comprar antibióticos de quinta generación o jarabes de Johnson & Johnson. Y la tercera, recurrir a un vendedor ilegal, quien por ‘fulas’ te trae el medicamento a la puerta de tu casa.
* Periodista independiente cubano. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubano y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. Fue miembro de la Sociedad de Periodismo Manuel Márquez Sterling. A partir de febrero de 2009 empezó a escribir en su Desde La Habana, su propio blog.