En Honduras se ha vuelto común escuchar un discurso que pretende ser categórico: “Cuba no forma buenos médicos.”
La frase se repite en conferencias, entrevistas, debates
y redes sociales, como si fuera una verdad autoevidente. Pero basta mirar hacia
la propia estructura del Estado hondureño para que ese argumento se desmorone
con una facilidad sorprendente.
Y aquí aparece la contradicción que nadie en el gobierno
parece dispuesto a enfrentar:
Si la formación médica cubana es deficiente, ideologizada o poco confiable… ¿cómo se explica que quienes hoy dirigen la salud pública de Honduras hayan sido formados precisamente en ese mismo sistema? La incoherencia es tan evidente que no requiere lupa, solo honestidad.
La dictadura cubana y la paradoja académica
La dictadura cubana ha sido —y sigue siendo— un régimen
autoritario, represivo y profundamente controlador.
Pero incluso dentro de ese aparato político, Cuba ha
logrado construir un sistema de formación médica con bases académicas sólidas,
reconocido en múltiples países y utilizado como carta de presentación
internacional.
Esa es la paradoja: un régimen autoritario puede formar
buenos médicos, aunque luego los utilice como instrumentos de propaganda o como
mercancía diplomática.
Negar esa realidad es tan absurdo como negar la represión
del régimen. Ambas cosas pueden coexistir, y de hecho coexisten.
El doble
discurso en Honduras
Lo que resulta insostenible es que el gobierno hondureño:
cuestione la presencia de médicos cubanos, desacredite su formación, siembre
dudas sobre su competencia; mientras mantiene en los cargos más altos del
sistema sanitario a profesionales formados en la misma escuela que critica.
¿En qué quedamos? ¿La formación cubana es mala… excepto
cuando se trata de los funcionarios del gobierno? ¿Los médicos cubanos son
sospechosos… pero los viceministros formados en Cuba son garantía de
excelencia? ¿La dictadura es repudiable… pero sus títulos sirven para dirigir
la salud pública hondureña? ¿La ideología contamina a unos… pero purifica a
otros?
El discurso oficial no resiste ni el más mínimo examen de
coherencia.
El problema no es Cuba: es la conveniencia política . Cuando
un gobierno sostiene dos afirmaciones contradictorias al mismo tiempo, no está
haciendo un análisis técnico. Está construyendo un relato político que cambia
según la necesidad del momento.
Si conviene cuestionar a los médicos cubanos, se
cuestiona. Si conviene mantener a los viceministros formados en Cuba, se les
mantiene. Si conviene hablar de ideología, se habla.
Si conviene ignorarla, se ignora. La verdad no importa. La
coherencia tampoco. Lo único que importa es la utilidad del discurso.
Conclusión
La pregunta que circula en Honduras no
es solo pertinente: es inevitable. Si los médicos formados en Cuba no son
confiables… qué dice eso de quienes hoy dirigen la salud pública del país? .La
respuesta no la dará Cuba. La respuesta la debe dar el propio gobierno
hondureño, si es que todavía le interesa sostener un discurso que no se
contradiga a sí mismo. Porque cuando la política se acomoda según la
conveniencia del día, la credibilidad pública es la primera víctima.
Y en un país donde la salud pública
enfrenta desafíos reales, la incoherencia no es solo un problema retórico: es
un problema de Estado.
Recopilación y notas del editor del Blog de Medicina
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