sábado, junio 06, 2026

La incoherencia que atraviesa la política sanitaria en Honduras

 En Honduras se ha vuelto común escuchar un discurso que pretende ser categórico: “Cuba no forma buenos médicos.” 

La frase se repite en conferencias, entrevistas, debates y redes sociales, como si fuera una verdad autoevidente. Pero basta mirar hacia la propia estructura del Estado hondureño para que ese argumento se desmorone con una facilidad sorprendente.


Dos de los actuales viceministros de la Secretaría de Salud —Miguel Castillo y Ángel Midence— se formaron en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en La Habana. No en una universidad cualquiera, sino en una institución creada, financiada y controlada por la dictadura cubana, que ha convertido la formación médica en una herramienta de influencia política, diplomacia ideológica y exportación de mano de obra calificada bajo control estatal.

Y aquí aparece la contradicción que nadie en el gobierno parece dispuesto a enfrentar:

Si la formación médica cubana es deficiente, ideologizada o poco confiable… ¿cómo se explica que quienes hoy dirigen la salud pública de Honduras hayan sido formados precisamente en ese mismo sistema? La incoherencia es tan evidente que no requiere lupa, solo honestidad.

La dictadura cubana y la paradoja académica

La dictadura cubana ha sido —y sigue siendo— un régimen autoritario, represivo y profundamente controlador.

Pero incluso dentro de ese aparato político, Cuba ha logrado construir un sistema de formación médica con bases académicas sólidas, reconocido en múltiples países y utilizado como carta de presentación internacional.

Esa es la paradoja: un régimen autoritario puede formar buenos médicos, aunque luego los utilice como instrumentos de propaganda o como mercancía diplomática.

Negar esa realidad es tan absurdo como negar la represión del régimen. Ambas cosas pueden coexistir, y de hecho coexisten.


El doble discurso en Honduras

Lo que resulta insostenible es que el gobierno hondureño: cuestione la presencia de médicos cubanos, desacredite su formación, siembre dudas sobre su competencia; mientras mantiene en los cargos más altos del sistema sanitario a profesionales formados en la misma escuela que critica.

¿En qué quedamos? ¿La formación cubana es mala… excepto cuando se trata de los funcionarios del gobierno? ¿Los médicos cubanos son sospechosos… pero los viceministros formados en Cuba son garantía de excelencia? ¿La dictadura es repudiable… pero sus títulos sirven para dirigir la salud pública hondureña? ¿La ideología contamina a unos… pero purifica a otros?

El discurso oficial no resiste ni el más mínimo examen de coherencia.

El problema no es Cuba: es la conveniencia política . Cuando un gobierno sostiene dos afirmaciones contradictorias al mismo tiempo, no está haciendo un análisis técnico. Está construyendo un relato político que cambia según la necesidad del momento.

Si conviene cuestionar a los médicos cubanos, se cuestiona. Si conviene mantener a los viceministros formados en Cuba, se les mantiene. Si conviene hablar de ideología, se habla.

Si conviene ignorarla, se ignora. La verdad no importa. La coherencia tampoco. Lo único que importa es la utilidad del discurso.


Conclusión

La pregunta que circula en Honduras no es solo pertinente: es inevitable. Si los médicos formados en Cuba no son confiables… qué dice eso de quienes hoy dirigen la salud pública del país? .La respuesta no la dará Cuba. La respuesta la debe dar el propio gobierno hondureño, si es que todavía le interesa sostener un discurso que no se contradiga a sí mismo. Porque cuando la política se acomoda según la conveniencia del día, la credibilidad pública es la primera víctima.

Y en un país donde la salud pública enfrenta desafíos reales, la incoherencia no es solo un problema retórico: es un problema de Estado.

Recopilación y notas del editor del Blog de Medicina Cubana

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