Por: Dr. Eloy A. González
En 67 años, el régimen cubano transformó el sistema de
salud en su más preciada joya: una herramienta de legitimidad, un medio de
control social y una moneda diplomática para mantener acuerdos políticos. La
estructura, que hoy está deteriorada, agotada y carece de recursos, se ha
transformado en uno de los sectores más vulnerables del Estado fallido que es
Cuba. Con los vientos de cambio en Cuba, sorprendentemente, también en uno de
los puntos más impresionables donde podría comenzar una verdadera ruptura institucional,
si el régimen sucumbe.
Dentro de este contexto, el proyecto 911 Cuba ha sido
lanzado por entidades médicas del exilio cubano en Miami; es una iniciativa que
tiene como objetivo unir a empresas, clínicas, farmacéuticas y profesionales
que estén dispuestos a destinar recursos para la rehabilitación del sistema de
salud si se produce un cambio democrático. El plan sugiere un enfoque mixto que
mezcle programas sociales con inversión privada, utilizando materiales y
recursos provenientes de Estados Unidos. Numerosas entidades han expresado su
interés en involucrarse en la rehabilitación de hospitales, la actualización de
los equipos y el establecimiento de nuevas instalaciones.[1]
La iniciativa surge en un momento crítico. Según datos de
la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el gasto estatal en
salud ha caído más del 30% en la última década, mientras que más del 60% de los
hospitales presentan deterioro estructural severo. La escasez de medicamentos
supera el 80% del cuadro básico, y el éxodo profesional ha vaciado servicios
esenciales: solo en 2023, más de 11 000 trabajadores sanitarios abandonaron el
país. La crisis energética —apagones de 10 a 18 horas— ha paralizado
quirófanos, bancos de sangre y laboratorios.
Ante esta situación, el exilio busca prepararse para
"el día después". Pero antes de preocuparnos por el futuro de Cuba,
debimos haber mostrado más solidaridad con nuestros compatriotas que ejercían
la misma profesión y con los pacientes que padecen hoy en día la precariedad,
en el exilio y en la Isla . No siempre sucedió de esta manera.
Durante mi estancia en Miami, noté que los médicos que
llegaban de Cuba eran tratados con distancia. Yo venía del Colegio Médico
Independiente de Cuba, donde la solidaridad era una necesidad esencial. No
obstante, en Miami hallé hasta tres instituciones —después llegaron más— que se
atribuían la representación del gremio de médicos cubanos en el exilio. Cada
una reclamaba autoridad, legitimidad y liderazgo. No faltaba la marginación y
el desprecio – en medio del protagonismo- donde todo se desvanecía en las
disputas internas de un exilio cansado y quejumbroso.
Este riesgo no es despreciable. El exilio, tan
contradictorio e indispensable, vive hoy una nueva fiebre de
"transición", ese término vacío que se puede usar para todo y no
define nada. Se discute sobre restauración, acuerdos, liderazgos y planes para
el día siguiente. Es un esfuerzo noble, ya que ningún pueblo puede sobrevivir
sin imaginar su regreso a la justicia. Pero también existe peligro si la Patria
se convierte en botín simbólico, si los nombres se adelantan a las urnas, si la
reconstrucción empieza con repartos antes de la libertad.[2]
Hoy en día, el sistema de salud cubano, que a lo largo de
la historia ha sido reconocido por su enfoque preventivo, afronta una crisis
sin igual. La falta de combustible, los cortes de energía extendidos y la
degradación de las infraestructuras han resultado en un colapso funcional. La
mortalidad materna y neonatal ha aumentado; enfermedades controladas
reaparecen; los hospitales carecen de agua, suturas, anestésicos y
antibióticos.
El futuro del sector dependerá de la ruta política que
tome el país. En un contexto de transición democrática, se sugieren iniciativas
para implementar un modelo mixto que incluya inversión privada regulada en el
ámbito de la salud. Asimismo, implica recuperar la infraestructura de los
policlínicos y hospitales y, si se puede, poner en marcha un plan de
modernización tecnológica lo más pronto posible.
La cooperación a nivel internacional en lo que respecta a
salud, la provisión de fármacos y la reincorporación del personal médico
exiliado –es decir, el capital humano– que esté dispuesto a regresar y
reintegrarse es crucial y urgente. Esta visión sostiene que la infraestructura
estatal, aunque esté deteriorada, tiene la posibilidad de recobrarse si se
mezcla con autonomía profesional y recursos externos.
Al principio, el enfoque preventivo es fundamental como
base para la labor inmediata. Independientemente de las transformaciones
políticas que se implementen, el capital humano en la isla —médicos, enfermeros(as)
y técnicos— continúa siendo el recurso
más preciado.
Los cambios y reformas que se asuman de manera seria y
responsable deben salvaguardar la atención primaria y fortalecer la medicina
familiar, con la infraestructura disponibles. Despolitizar la administración
sanitaria, asegurar las mejores condiciones laborales posibles y garantizar
sueldos dignos, además de facilitar la autonomía profesional.
La despolitización total del sector y la apertura del
sistema a la transparencia en términos epidemiológicos son los fundamentos y
regulaciones para el sistema de salud de una Cuba futura. El Partido Comunista
no tiene la facultad de seguir manteniendo el control sobre las universidades,
los hospitales, los centros de investigación y salud, y mucho menos sobre las
políticas sanitarias. Es necesario que el sistema se abra de inmediato a la transparencia
en términos epidemiológicos, garantizando que el acceso universal a la salud
esté asegurado por parte del Estado.
Si la premisa es que toda la población tenga acceso a la
salud, se evitaría el riesgo de una privatización inmediata que desembocaría en
un desastre social. Por eso, se acepta el modelo mixto regulado de la salud
como primer y único paso.
Consolidada la democracia y establecida una estructura de
gestión estatal, posiblemente fundamentada en los resultados de elecciones
libres y democráticas. Las autoridades sanitarias tienen la posibilidad de
asumir las responsabilidades para posibilitar el establecimiento y la puesta en
marcha de clínicas privadas que cuenten con normas claras, verificables y
controlables.
Establecer instituciones que garanticen dentro o fuera
del sistema de salud, la trasparencia necesaria dentro de un marco legal, la publicación de datos reales, las auditorías
independientes y cooperación internacional.
Se les asegurará a los trabajadores de la salud la
autonomía y colegiación profesional independiente, se instruirán con las
lecciones de libertad en el ejercicio de su profesión y participarán en la
reconstrucción del país. La salud no puede ser un botín de las élites, ya sean
del exilio o de la isla. Si habrá una invitación para que los exiliados médicos
se reintegren como colaboradores.
Conclusión.
La transición en Cuba no puede ser un simple cambio de
administradores ni un reparto anticipado de privilegios. La salud —ese espacio
donde el régimen construyó su mito y donde hoy se revela su fracaso— será una
prueba moral para todos: para los que están dentro, para los que están fuera y
para los que regresen. Esta reestructuración del sistema de salud en Cuba debe
eludir dos extremos: la privatización salvaje y la continuidad disfrazada.
Entre los dos, hay un camino más difícil pero más honorable: un sistema
fundamentado en derechos, instituciones y personas.
Ese es el único camino que puede restaurar no solo
hospitales, sino también la República que aún no hemos edificado, pero que
deseamos volver a construir desde los mismos cimientos con la colaboración de
los cubanos decentes, para el beneficio de todos.
El proceso de reconstrucción del sistema sanitario cubano
será, sin duda alguna, un espejo que refleje la esencia de quiénes somos y qué
nación deseamos construir. No será suficiente con construir hospitales nuevos o
invertir millones de dólares. No será suficiente tampoco con que los médicos
del exilio vuelvan o con que se establezcan clínicas privadas. La auténtica
prueba será otra: si podemos priorizar la dignidad humana sobre el interés
económico y el cálculo político.
El régimen dictatorial, a lo largo de décadas, empleó la
salud como propaganda, escaparate y herramienta de control. La transición, si
ocurre, no puede cometer de nuevo ese pecado original. No podemos dejar que la
salud se transforme en el primer botín de la nueva república, ni en un campo de
batalla para intereses individuales, ni en una oportunidad de negocio rápido
para aquellos que solo ven a Cuba como un mercado virgen.
La salud será el primer lugar donde se podrá determinar
si la libertad es verdadera o simplemente un reemplazo de los administradores.
Este será, el lugar en el que se evaluará la madurez del exilio, la
responsabilidad de los profesionales y la habilidad del país para establecer
instituciones; independientes de caudillos, ideologías, partidos o salvadores.
Porque Cuba no necesita otros salvadores, iluminados ni
arrogantes dictadores. Cuba necesita ciudadanos. Y la salud —esa zona íntima
donde se decide la vida y la muerte— será el lugar donde el patriotismo ciudadano
se pondrá a prueba.
Si logramos reconstruir un sistema de salud justo,
transparente, moderno y humano; habremos dado el primer paso hacia una República
verdadera. Si fallamos, si permitimos que la salud se privatice sin control o
que se politice de nuevo, entonces la transición será apenas un espejismo.
La salud será, en definitiva, la primera piedra de la
Cuba que viene. Y también puede ser la primera grieta si no actuamos con
responsabilidad histórica.
Yo los guiaré constantemente, les daré agua en el calor
del desierto, daré fuerzas a su cuerpo, y serán como un jardín bien regado,
como una corriente de agua. Reconstruirán las ruinas antiguas, reforzarán los
cimientos antiguos, y los llamarán: “Reparadores de muros caídos”,
“Reconstructores de casas en ruinas”. (Isaías 58:11-12)
En definitiva, estas palabras no son solo un eco del
pasado, sino una hoja de ruta para la Cuba que viene. Tras el largo desierto
del desgaste y la separación, el destino de la isla no es la ruina, sino el
florecimiento. La reconstrucción del país no dependerá de milagros, sino de las
manos de sus propios hijos —los de adentro y los de la diáspora—, quienes
finalmente asumirán el título más noble que la historia les tiene reservado: el
de ser los verdaderos reparadores de sus muros y los reconstructores de su
propio hogar. La promesa de una Cuba fértil, unida y libre ya camina hacia el
horizonte.
[1] Cuba Democracia y Vida - Organizaciones médicas del exilio se unen para reconstruir sistema de salud tras un cambio en Cuba. Por Rolando Nápoles. RTV Martí./Video CiberCuba: Julio César Alfonso, presidente de Solidaridad Sin Fronteras, explica la iniciativa “911 Cuba”. (2026). Cubademocraciayvida.org. https://new.cubademocraciayvida.org/article/59247
[2] Zoé Valdés. (2026, June 15). Cuba demorada. El Debate. https://www.eldebate.com/opinion/20260616/cuba-demorada_428989.html

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