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viernes, febrero 16, 2024

Why the WHO Pandemic Treaty Threatens Freedom of Expression.

By Giorgio Mazzoli



    

February 16, 2024


Despite the immense influence wielded by the United Nations, attention to its rumblings is typically rare outside the international crisis du jour. Breaking from this trend, the ongoing negotiation of a pandemic treaty at the World Health Organization has captured the global spotlight long before reaching its anticipated conclusion. Yet, despite this heightened attention, the public debate on how to head off future pandemic threats has largely overlooked the potential impact of the WHO Pandemic Agreement on fundamental freedoms, notably freedom of expression.

Underway since March 2023, the pandemic accord negotiations seek to establish legally binding rules to enhance international cooperation and to strengthen the role of the WHO in preventing, preparing for, and responding to future pandemics.

To purportedly achieve these objectives, the draft text currently under consideration would commit parties to “tackle” such things as misleading information, misinformation, or disinformation, without offering a definition for these terms or specifying how this would be done. It would also require the “management” of so-called “infodemics,” defined as “too much information, false or misleading information, in digital and physical environments during a disease outbreak” causing “confusion” as well as “mistrust” in health authorities. These provisions cast a looming shadow of censorship that should alarm anyone who values open discourse and transparent governance.

Everyone agrees that life is precious and that states have an interest in protecting public health. But some of the most grave and systematic human rights abuses of the last century unfolded during public emergencies and we must be vigilant to protect hard-won rights – especially in times of crisis. And while the pandemic agreement proclaims recognition of respect for human rights as one of its general principles and its assurance of non-conflict with other international obligations, this falls short of resolving the inevitable concerns for freedom of expression raised by its text. Moreover, the recent dismissal by the WHO’s director-general of criticism regarding the pandemic agreement’s implications for sovereignty and personal freedoms as “a torrent of fake news, lies, and conspiracy theories” validates the fear that important debates might be stifled under the guise of protecting the public from information.

As a fundamental human right, freedom of expression cannot be forfeited on the pretext of a public health emergency, nor unjustly sacrificed in the face of the challenges of verifying information in a globalized, tech-driven world. It is unequivocally clear under international human rights law that although some restrictions may be lawful, they must always be implemented with the utmost restraint and in the least restrictive manner possible, including in times of emergency. The overbroad and ambiguous wording of the current draft can only be seen as a dangerous deviation from this established norm, potentially legitimizing the egregious free speech violations observed during the COVID-19 pandemic.

There is no right to be shielded from information that authorities may subjectively label as “misleading,” or simply “too much.” Conversely, the freedom to seek, receive, and impart information and ideas of all kinds is a core aspect of freedom of expression, protected under international law. As such, it should be safeguarded as the cornerstone of a truly open and resilient society, enabling much-needed scrutiny and accountability over critical public health decisions, as the COVID-19 pandemic has demonstrated.

With the May 2024 deadline for the agreement’s adoption swiftly approaching – a timeline that negotiators view with increasing skepticism – will member states heed the call to ensure that the public health imperative of effectively preventing and responding to pandemics does not come at a cost for our fundamental freedoms?

This article was originally published by RealClearPolitics and made available via RealClearWire.

domingo, noviembre 12, 2017

La fiscalización y el acoso al psiquiatra cubano Dr. Sergio Ramos por parte de Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

En días recientes recibí por correo electrónico el texto de una carta abierta enviada al Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba por parte del Dr. Sergio A  Pérez, Psiquiatra cubano de reconocida trayectoria en el campo de la Suicidiologia. Buscando los antecedentes de esta información encuentro esta entrevista que aparece en el sitio web: Médicos y Pacientes. En ella el Dr. Sergio A Pérez Barrero trata temas tan controversiales como son la situación de indefensión de los médicos especialista cubanos en su trabajo diario y en sus desempeños  profesionales. También trata temas espinosos como son la participación de los médicos especialistas cubanos en eventos internacionales y los derechos humanos. El hostigamiento  laboral y profesional es notorio contra este especialista. Como parte de la búsqueda de información el nombre de este siquiatra cubano aparece en una polémica relativa a un plagio de unos de sus trabajos por parte de un académico puertorriqueño. 
Aquí incluimos el texto de la entrevista y esperamos que los lectores aporten informaciones y comentarios al respecto. El Editor


El Dr. Sergio Pérez es un psiquiatra cubano, fundador de la Red Mundial de Suicidiólogos, asesor de la Organización Mundial de la Salud en temas de suicidio y un reconocido autor en este tema. Aislado profesionalmente, controlado y fiscalizado por el Ministerio de Salud de su país, no puede salir libremente para sus compromisos y trabajos profesionales, necesitando siempre un permiso especial

Reconoce que es difícil que su contexto varíe y subraya que “mal puede andar un país cuando una prostituta goza de mayor libertad que un médico, porque ella no necesita autorización de funcionario alguno para salir del país y yo tengo que ser autorizado por el ministro”. Ante este escenario, el Dr. Sergio Pérez se muestra muy escéptico y no cree que la reciente visita del presidente estadounidense Barack Obama a Cuba vaya a ayudar a mejorar su situación, “puesto que a las autoridades de Salud les importa un bledo su visita de cara a estas situaciones domésticas. Están más interesados en los negocios que puedan hacer siempre que puedan ejercer como intermediarios”.
¿Desde cuándo atraviesa esta situación de aislamiento? 
En Cuba el aislamiento no es perceptible para un observador no entrenado. Desde hace varios años he tenido que enfrentarme a las máximas autoridades de la Psiquiatría en el país por mi dedicación a este tema. El Comandante Bernabé Ordaz, director de la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana se negó a publicar mis artículos en la única revista en la que podíamos publicar los psiquiatras pues eran sobre el tema del suicidio. Tuve entonces que publicar en revistas extranjeras.
El Dr. Sergio A Pérez
en lo que parece ser su oficina de consulta como Psiquiatra.
Hace años le pedí que publicara uno de mis libros y que les donaba los derechos de autor a los pacientes de esa institución con la condición que le hiciera el prólogo. Y en el texto dice todo lo contrario a lo que afirmó en la carta que me envió en respuesta a la que hice a la Comisión Editora, pues se le exigían a mis artículos lo que no cumplían los publicados por los miembros de dicha comisión.
Fui llamado al Ministerio de Salud pues el Jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría le hizo una carta al viceministro primero de entonces, el Dr. Abelardo Ramírez en el que le decía que yo “estaba dando datos sobre suicidio que atentaban contra la seguridad del país y que pretendía crear un sistema de salud paralelo en Cuba”.  No pudo probar esas mentiras que aducía y se consideró que yo no tenía problemas. Pero no le ocurrió nada a quien dijo esas mentiras que atentaban contra mi actividad profesional. 
Años después se me privó de asistir a un congreso en Uruguay, con todos los gastos cubiertos que es la única manera que puedo salir de Cuba, y me dijeron que no debía asistir pues "no era prudente" que lo hiciera. Pero nunca nadie me dijo quien fue quien considero tal cosa ni quien tomo tal decisión. 
Se me intentó despojar de un viaje a Costa Rica como asesor temporal de la OMS pues deseaban que fuera el Jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría, a quien no habían cursado invitación alguna. Me defendí y fui citado por el viceministro de Asistencia Médica a una reunión en una oficina del Palacio de las Convenciones con el presidente de la Sociedad Cubana de Psiquiatría, el Dr. Ricardo González. Y fuimos los dos a Costa Rica. Pero deseaban dárselo a ese señor dadas las ventajas económicas que tales viajes patrocinados por la OMS ofrecían.
Hace meses no se me envían estudiantes ni residentes a mi consulta a pesar de ser el psiquiatra de mayor categoría docente de Granma, mi provincia y desde hace años no se me invita a evento científico alguno en el territorio. 
Recientemente me enteré que mi libro ‘Psicoterapia para aprender a vivir’ fue publicado en el sistema braille para ser presentado en la Feria Internacional del Libro 2016. Ya fue publicado y se me ha mantenido desinformado, no me han avisado, no me han pagado y en esta ocasión denuncié lo sucedido e hice público que había donado mis derechos de autor a la Asociación Nacional del Ciego y Débiles Visuales. 
¿Cómo es su día a día? 
Todos los días son similares. Trabajo en un programa de radio en Consejería, de donde se me ha querido expulsar, pero aún no lo han hecho porque “no han recibido la carta del organismo superior”. Cuando eso suceda, me tendré que ir del programa, lo cual he sabido por personas que trabajan en la radio y que siente admiración por lo que hago y han sido testigos de primera mano de esos comentarios. Trabajo en un centro de rehabilitación de adictos y realizo consultas en el barrio más humilde y con las peores condiciones socioeconómicas desde 1986. 
¿Cómo está siendo fiscalizado? 
Vuelvo a decirle que para un observador no entrenado, pudiera parecer que no estoy fiscalizado. Escribí una carta a Cubadice, programa televisivo en el que denunciaba la actitud de los periodistas ante los males de mi patria y después de esa carta, que fue discutida en las unidades militares y en las reuniones del partido comunista, me han enviado varios “lobos disfrazados de ovejas” como supuestos “disidentes” proponiéndome pegar carteles contra el gobierno, supuestos “periodistas independientes” para hacerme entrevistas, supuestos “pacientes” que me piden si puedo comunicarlos con alguna oficina de derechos humanos para denunciar un prolongado tramite de una vivienda u otra situación, pero no he caído en la trampa de hacerles el juego. Yo amo a mi patria no a quienes la administran que no han probado ser eficientes. 
¿Puede salir con libertad del país? 
En el 2012 no fui autorizado por el actual ministro de Salud a cumplir con dos invitaciones con todos los gastos cubiertos al congreso de Psiquiatría de Chile y al Foro de Prevención del Suicidio de la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Con el dinero que me regaló un amigo psiquiatra chileno, el mismo que me había invitado, pude sacar el pasaporte personal y salir sin necesidad de pedir permiso a las autoridades de salud entre 2013 al 2015, asumiendo todos los gastos en Cuba y pidiéndoles a quienes me invitan recuperar lo invertido, lo cual he logrado y a veces he recibido más de lo que he invertido. 
Cuando les enseño los documentos de lo gastado, me dicen: “Doctor, rompa esos papeles. Las personas han pagado para escucharle a usted. Usted recuperara lo invertido y más, así que rompa esos papeles que aquí no le hacen falta”. En 2016 los médicos estamos “regulados” y no podemos salir del país sin autorización del Ministro de Salud. 
¿Necesita un permiso especial? 
Debo pedir permiso escrito del director de mi trabajo, que debe enviar esa carta al director de Salud del municipio, quien tiene que enviarla al director provincial de Salud que debe enviarla al Ministro de Salud quien debe autorizarme o no. Tiene 50 días para responder lo que conlleva que pierda alguna de las invitaciones pues si la cambian de fecha, ya ese trámite no sirve pues hay que empezar de nuevo.
¿Ha tenido que rechazar trabajo en otros países? 
No he estado en esa situación pues el único país donde trabajo es Cuba, atendiendo a mis compatriotas. Pero no voy a ningún país a trabajar enviado por el Ministerio de Salud puesto que según me han informado mis colegas, el ministerio se queda con la mayor parte del dinero.
¿Recibe ayuda de instituciones internacionales? 
En la década de los 90, traje a mi país un proyecto de Befrienders International, la mayor organización de voluntarios en la prevención del suicidio para invertir más de 800 000 libras esterlinas en crear centros de ayuda al suicida, pero aunque consideraron que el proyecto era muy bueno, no fue aprobada su introducción en Cuba. 
Tuve la oportunidad de realizar una investigación multinacional de la Neurobiología del suicidio con el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Minas Gerais y tampoco fue aprobado. Entonces ante tantas negativas reiteradas, desistí continuar haciendo lo mismo para recibir la misma respuesta. No se puede. En estos momentos continúo recibiendo ayuda internacional en literatura científica solamente.
¿Cómo se puede solucionar su situación? 
Divulgando la existencia en mi país de esa estúpida resolución que limita mi libertad y atenta contra mi dignidad, pues como he escrito, mal puede andar un país cuando la prostituta goza de mayor libertad que un médico. Ella no necesita autorización de funcionario alguno para salir del país y yo tengo que ser autorizado por el ministro. Mientras mayor sea la solidaridad más posibilidades hay que modifiquen esa absurda medida. 
¿Percibe la solidaridad de otros profesionales sanitarios? 
He recibido muchas muestras de solidaridad de los más eminentes suicidiólogos de Europa, Estados Unidos y América Latina.
¿La visita del presidente Obama puede ayudar a suavizar situaciones como la que está viviendo usted?
No creo que influya la visita de Obama, pues a las autoridades de Salud les importa un bledo para cuestiones domésticas. A ellos les interesa la visita de Obama en cuanto a los negocios que puedan hacer y siempre como intermediarios de esos negocios. Si alguno de mis colegas estadounidenses quisiera hacer un Centro de Prevención del suicidio poniendo el capital y que yo fuera su director, en el que se hicieran capacitaciones e ingresos de ciudadanos extranjeros pagando sus servicios y a ciudadanos cubanos sin costo alguno, no lo permitirían, pues el intermediario tiene que ser el Ministerio de Salud, con quien se tendría que hacer dicho negocio, no conmigo. Y es muy posible que ellos propongan hasta el director, aunque los inversionistas deseen que sea yo quien asuma dicha responsabilidad.  
El Prof. Dr. Sergio Pérez Barreto  es médico Psiquiatra y Profesor Titula de esta especialidad. Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría y de la  Red Mundial de Suicidiólogos. Reside en la Provincia Granma en Cuba. E-mail: serper.grm@infomed.sld.cu

sábado, abril 25, 2015

Being a health professional in Cuba, a doubtful advantage.

Cuba Increases Control over Its Doctors
The exodus of Cuban health professional does not stop, and the Ministry of Public Health (MINSAP) apparently has decided to act to counter a phenomenon that is damaging domestic medical services but much more the country’s income.
A document attributed to the senior management of MINSAP, adopted in a meeting held in mid-March of this year, has been making the rounds in the e-mail of health professionals in which the sector’s new policy is expressed. This event was confirmed to CubaNet by an official from the Provincial Management of Public Health in Guantanamo, whose identity we do not reveal for obvious reasons.
The document has 18 instructions. The first three are focused on the re-organization of services and the re-location of professionals as a result of the staff review carried out last year.
The other 15 are directed to curbing the exodus of health professionals through private contracts or other avenues and steering the application of the measures in each case.
The document
One of the most controversial, instruction numbers 4 establishes that Cuban doctors in Angola must be relieved, but without increasing the collaboration with that country, until its authorities stop handing down measures that discourage the hiring of Cuban professional in private clinics or institutions.
Another measure, number 5, directs the withdrawal of the passport, in the airport itself, of professionals who later return from the completion of a mission.
Measures 6, 7 and 8 aim to get the private clinics of other countries to hire Cuban doctors through MINSAP, an agency that claims the right to review the professional’s individual contract, obviously so that the doctors pay the corresponding tax to the Cuban government and in no way receive all the money that is due them from the agreed upon wage.
Measure number 10 requires concluding the process of cancelling the diplomas of the 211 professionals who left service without authorization, and number 11 directs MINSAP’s vice-minister of International Relations to carry out a study of the existing rules in the International Labor Organization (ILO), the World Health Organization (WHO) and the Pan-American Health Organization (PAHO), as it relates to the migration of the sector’s professionals.
Punishing the “undisciplined”
Rule 12 considers it a serious breach for a health professional to not return to Cuba upon fulfillment of his mission abroad without good cause verified by MINSAP, and it requires final separation from the profession by those who engage in said conduct, with the subsequent withdrawal of the degree.
Meanwhile, Rule 13 orders the creation of records of disqualification for those professionals who violate the established procedures for leaving the country. If any of them repents and returns, Rule 14 directs that they cannot be re-located in their previous workplace but in an inferior status.
Another cage for the army of white coats
Rules 16 and 17 of the document are intended to promote meetings with ambassadors of the countries where Cuban health professionals travel, largely for the purpose of discouraging their being recruited to remain and practice in that country.
The heads of Cuban medical teams and ambassadors have received that same instruction. Besides interfering in the internal affairs of other countries, this shows one of the thus-far-discouraged facets of Cuban medical collaboration, which is none other than exerting pressure over the countries receiving these types of services to make them faithful to the regime’s policy, which is clearly established in instruction number 4 with respect to Angola.
Finally, number 18 establishes a monthly coordination between MINSAP and the Department of Identification, Migration and Foreign Affairs of the Interior Ministry so that it will report to MINSAP on the doctors who leave the country as well as those who have begun proceedings for that purpose, in order to take appropriate measures.
Being a health professional in Cuba, a doubtful advantage
The above measures show the doubtful advantage of being a health professional in Cuba, although the same could be said with respect to other professionals.
Determined to provide the country with qualified personnel, the government never concerned itself with steadily encouraging the efforts of the professionals themselves. That explains their massive exodus to foreign countries and other better paying jobs with the consequential social loss.
At the dawn of the 21st Century, renowned Cuban professionals have been subjected to a financial exploitation that not even the fiercest capitalist would have dared to impose. Paid miserable wages, many times they sign unfair contracts that the government offers for them to work abroad because it is the only chance they have of improving their housing or getting housing, or acquiring a car or having some savings for their retirement.
In doing so, at a sometimes irreversible familial cost, they damage their freedom and self-esteem in service to a government for which they are only a source of income that allows it to continue dominating the people.
*Roberto Jesús Quiñones Haces was born in the city of Cienfuegos September 20, 1957. He is a law graduate. In 1999 he was unjustly and illegally sentenced to eight years’ incarceration and since then has been prohibited from practicing as a lawyer. He received the Vitral Grand Prize in Poetry in 2001 with his book “Written from Jail” as well as Mention and Special Recognition from the Nosside International Juried Competition in Poetry in 2006 and 2008, respectively. His poems appear in the 1994 UNEAC Anthology, in the 2006 Nosside Competition Anthology and in the selection of ten-line stanzas “This Jail of Pure Air” published by Waldo Gonzalez in 2009.
Source: Translating Cuba. Translated by MLK 
Well, it is generally accepted that Cuba has one of the best medical doctors in the world. The country's health experts have a much broader role than simply catering for the local population, as the nation exported over 140,000 doctors to the poorest regions across the globe since 1963. Cuba is also home to the best and the largest medical institution with nearly 13,000 students from 124 countries. Our Maimuna Jallow looked at the role the Cuban experts play in enriching country's economy in this report: https://www.youtube.com/watch?v=pQj_IsxY5H4

sábado, agosto 23, 2014

Mais Medicos: Feudalismo Ideológico.

Incluimos en nuestro Blog un artículo titulado: The story behind Cuba’s deal to send doctors to Brazil, que retoma el tema de los médicos cubanos en Brasil. El artículo ya tenía una respuesta que aparece en el excelente Blog de temas cubanos, Cuba open. No queremos dejar la oportunidad de incluir aquí de manera íntegra el artículo respuesta:
A veces resulta una tarea bastante pedestre, para no decir frustrante, encontrar los reportes o los ¿análisis? de ciertos llamados ‘periodistas’ cuando de Cuba se trata, o cuando de algún tema relacionado con Cuba se trata. Este es el caso de un artículo del sitio digital QUARTZ firmado por un, supuesto, periodista de origen colombiano de nombre Daniel A. Medina.
El llamado ‘periodista’ compara las cifras de gastos en salud y cantidad de médicos entre Cuba, Brasil, Estados Unidos y Canadá, para llegar a “desentrañar” el “por qué” de la presencia de los médicos cubanos en Brasil. Y presenta esta tabla que le ofrezco a continuación, cuya fuente de origen es la Organización Mundial de la Salud, OMS, o WHO en sus siglas en inglés:
Sin embargo, a la hora de cuantificar y analizar las cifras brasileñas, el ‘profesional de la información’, ¿no es así como se conocen a los periodistas?, comete la muy conocida pifia de rehuir las cifras de la OMS y se traslada a las que ofrece la OECD, que es una entidad independiente, cuyos análisis y observaciones están basados en evidencias y con la ayuda de gobiernos y organizaciones de la sociedad civil.
Muy diferentes de la conocida aceptación unívoca de la OMS que, en el caso muy particular de Cuba, es fatal.
El corolario del artículo del señor Medina parece decir, y refrendar, la “panacea” del sistema de salud cubanos, sin otras evidencias que lo que la OMS unívocamente acepta por parte de ese mismo gobierno, vale repetirlo. Se le olvida, por ejemplo, cuestionar esos gastos mínimos por parte de Cuba con respecto a la salud, donde deben estar incluidos los salarios miserables de los médicos y especialistas de la salud en la isla. No dejar de mencionar que no se cuestiona hechos importantes como: la calidad de esos médicos, el nivel tecnológico y la calidad de los servicios de salud, el monto de inversiones en un sistema que cada día reclama más de la tecnología, la existencia de medicamentos y de una infraestructura hospitalaria de calidad, y muchos otros aspectos que han sido cuestionados al sistema de salud de Castro.
Ah, cosa curiosa, como víctima colateral del escrito, contradice las conocidas declaraciones de ‘presidentes’ cubanos - que nunca lo han sido -, y representantes del oficialismo de salud, sobre las ‘cuantiosas’ inversiones en los sectores de salud.
¿Se ponen los ‘rolos’ o se hacen ‘papelillos’?
O la OMS miente, o el gobierno de Cuba desinforma a la OMS, o sencillamente, como es de esperarse, el gobierno de Castro miente en sus declaraciones públicas, envía informaciones ‘desinfladas’ de la retórica oficial y le hace caer en un ridículo para inflar el mito de la salud pública cubana, con aquello de que con poco dinero se puede tener servicio de salud.
Lo que está detrás de esta mistificación, sin embargo, es un típico feudalismo ideológico.
El gobierno de Cuba, según el mismo artículo de QUARTZ recibe anualmente 270 millones por esos profesionales de la salud en ‘Mais Medicos’. Mientras, esos mismos profesionales trabajan en las peores zonas de Brasil a cambio de una miseria, y sin opción de poder escoger y salir a ejercer su función donde el profesional desee. Los médicos brasileños tenían toda la razón al protestar, y los cubanos deberían aplaudirlos por sus protestas. Evidentemente lo hacen por ellos, no por los cubanos, pero en la práctica la protesta demuestra el uso feudal de la populista Dilma Rousseff de la agenda “Mais Medicos’.
Vamos, los médicos cubanos caen en el bolsillo de la presidenta como siervos de la gleba, gracias al ‘préstamo’ de su señor feudal, Raúl Castro.
El llamado ‘presidente’ Castro recibe doble beneficio aquí. Un inversor amistoso y que presta ‘amablemente’ dinero para construir monumentales obras en un puerto habanero, casi un símbolo del naufragio de la nación cubana, el Mariel. Recibe, además, una buena suma de dólares para su bolsillo desfondado. Y, encima de todo, un aplauso ideológico para un programa de salud que está en bancarrota en Cuba.
Mientras, en Brasil, los médicos que tienen oportunidad de huir del programa escapan, denuncian las condiciones de su labor, acusan a la presidenta Rousseff de contratar mano de obra semi-esclava y, muy importante, descubren la complicidad de las propias organizaciones hemisféricas y mundiales de la salud con la dictadura de Cuba.
Todas ellas hacen silencio mientras publican los informes del gobierno de Cuba, sin chistar, sin cuestionarlos, sin siquiera pedirles la presencia de organismos y fuentes independientes.
El silencio de los corderos.
En Cuba, pues, los médicos siguen con su pago de siervos de la gleba. Se les excluye del derecho a poder viajar libremente, se les explota sin misericordia al caer el peso de los ‘ausentes ideológicos’ sobre los hombros de los presentes y hospitales, servicios y medicinas siguen teniendo el doble estándar ciudadano.
No sé qué me frustra más, si el hecho de que se le sigue pagando muy liberalmente a ‘periodistas’ que no tienen la más mínima inteligencia, o deseo, o aptitud de cuestionar, buscar las cifras verdaderas detrás de los hechos, las evidencias, preguntar, preguntar y volverse a preguntar, después de todo el periodismo es la profesión de la pregunta; o la ‘maravilla’ de que aún se sigue premiando a un  gobierno con la aceptación de la semi-esclavitud de sus conciudadanos para el uso personal, y local, de un populismo mediocre.
El silencio es mucho más que complicidad, es aceptación.

*Programador y apasionado de la fotografía. Se define como un orgulloso cubano canadiense. Edita el Blog Open Cuba y Contrapunto. Reside en Toronto, Canadá.