Mostrando entradas con la etiqueta Ciudad Victoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciudad Victoria. Mostrar todas las entradas

lunes, agosto 15, 2011

Levantón en San Fernando.

Ese día terminé antes de lo acostumbrado mi trabajo en Ciudad Victoria y como cada semana regresaba en un Ómnibus de Traspaís a Reynosa, ambas ciudades en Tamaulipas México.
Todas las semanas hacia esa jornada, en realidad en los últimos dos meses. Trabajaba tres días en Reynosa y dos días en Ciudad Victoria. Ese día era martes de una semana de septiembre, descansaba mis ojos cubiertos y trataba de sustraerme a los vaivenes del Ómnibus que me eran ya familiares.
Camino a Reynosa se supera la ciudad de San Fernando, cabecera de un municipio en el centro norte del Estado y tal vez la ciudad más importante del centro del estado de Tamaulipas; esto dejando la carretera 101 y tomando una circunvalación que viene a encontrarse de nuevo con la 101 en las inmediaciones del Ejido Miguel Hidalgo. Fue allí donde estaba dispuesto un retén del ejército.
Ya por aquel tiempo, en el año 2007, se establecían retenes por parte del ejército en lo que era el comienzo de una práctica que poco a poco fue involucrando a las instituciones armadas de país en la guerra contra los carteles de la droga. Los retenes chequeaban el paso de armas y drogas; eran personal del ejército y no participaban la policía municipal, estatal o federal. No verificaban la identidad de los viajeros, salvo que encontraran algo de los que buscaba, el personal militar se mostraba respetuoso y se limitaban a hacer su trabajo.
Aquella tarde resultó para mi singular y preocupante. Al detenerse el Ómnibus se mantuvo a la espera de ser revisado por los militares, sin embargo el que entró al Ómnibus era una persona de aspecto hosco, vestido con un traje verde olivo que no mostraba insignias de institución alguna, militar o civil. La cabeza descubierta y una pistola al cinto. Se movida de forma torpe y desmesurada, su andar se hacia la de un beodo, su mirada era desafiante. Camino lentamente a lo largo del pasillo del Ómnibus hasta el fondo y regresó para bajarse. Unos minutos después regresó y caminó hasta mi asiento, me miró de forma desdeñosa y me ordenó que bajara. Me tomé mi tiempo y descendí del Ómnibus con la documentación y mi agenda que siempre me acompañaban.
Delante, a unos metros, estaban los soldados del ejército que hacían su faena revisando otros dos Ómnibus. Este extraño policía me condujo hasta un sujeto joven de aspecto desenfadado y pinta de playboy de opereta que me miró de arriba abajo con cierto desdén, en tanto que se presentaba como un oficial del Instituto Nacional de Migración (INM) no llevaba uniforme alguno ni señal de la institución que decía representar, se recostaba a un auto privado sin insignias alguna.
Desde que me habían bajado del Ómnibus decidí en un instante que documento le mostraría; me acompañaba un pasaporte cubano ya vencido y un Travel document expedido por los EEUU; ese día mí permiso de trabajo no lo tenía. Le mostré el Travel document, que fue lo mejor que se me ocurrió y funcionó. El oficial aquel se dirigió al jenízaro que me había bajado del Ómnibus y le dijo: “ves, este es el documento que le dan los gringos a los cubanos para reconocer su situación legal”; no le aclaré, no valía la pena.
Sí le expliqué que en razón de mi trabajo viajaba todas las semanas a Ciudad Victoria, y que podía consultar con el sub delegado en Ciudad Victoria quien sabía de mi condición. Agrego, “el subdelegado N. ya fue trasferido a Nuevo Laredo”, “entonces consulté con sus subalternos, J. o V” le dije. “No es necesario puedo continuar sus viaje”, concluyó diciendo mientras me devolvía mi documento. Respiré aliviado, no me imaginaba una situación como esa; llevaba 7 meses en México y era la primera vez que me veía en tan engorrosa situación. Es cierto que en ese momento estaba en una condición de semi indocumentado, pero en esos Ómnibus viajaban indocumentados centroamericanos y nunca los bajaban para chequear sus documentos.
Todavía tendría que viajar dos meses más, fue así que le comuniqué este incidente a la autoridad de la secretaria para la cual trabajaba ella en Tamaulipas, de inmediato me dieron una carta u oficio que decía quien yo era, que hacía y que viajaba frecuentemente. Aún conservo el documento.
Por aquella carretera viajé por última vez en noviembre del 2007, mire las luces distante de San Fernando, aquella ciudad donde en más de una ocasión me detuve camino a la frontera; esta vez regresaba a mi casa en Texas, enfermo y triste; sobrecogido por una súbita enfermedad que habría de acabar con mis deseos de establecerme en México. San Fernando no era más que un referente casi olvidado en la memoria.
San Fernando de Presas, o de la llave, en Tamaulipas, pasó a ser noticia cuando en agosto del 2010 fueron encontrados en un Rancho cerca de la ciudad los cuerpos de 72 indocumentados asesinados. Eran inmigrantes camino a los Estados Unidos que fueron secuestrados y asesinados sin que se conocieran los motivos de esta cruel masacre. Dicen que fueron asesinados “por negarse a ser sicarios”, los autores de los hechos fueron criminales del conocido grupo de sicarios conocidos como “Los Zetas”
El México se le llama “levantón” a el secuestro de una o varias personas. Es práctica de los grupos criminales y tiene como objetivo matar a la persona por venganza o para extorsionar a un grupo rival. También es frecuente el secuestro o “levantón” para pedir rescate a los familiares de la víctima, vivan estos en México o los Estados Unidos. Una variante de esto último es el “secuestro exprés”.
Al producirse la masacre de San Fernando, el escándalo que esto provocó trajo como consecuencia una investigación que hasta el presente ha arrojado resultados terribles. Las pesquisas condujeron al descubrimiento de narco fosas donde se han encontrado hasta 177 cuerpos, se consideran que son de indocumentados que en su paso por el Estado son “levantados” de los autobuses donde viajan, a veces varios de ellos y conducidos por los criminales a lugares reservados para ser despojados de sus escasas pertenencias, torturados, reclutados en contra de su voluntad o finalmente asesinados.
Hoy se sabe que algunas autoridades de inmigración, esto es del Instituto Nacional de Migración (INM), se prestaron para este juego, Ellos detenían a los indocumentados y se los vendían a los sicarios de este grupo criminal por unos 400 dólares. Negocio macabro que terminó con la vida de inocentes en número tal que supera la imaginación.
La batida dada por las autoridades condujo a la detención del jefe de esta banda criminal en la plaza de San Fernando, demoró su detención porque el sujeto se había ido de viaje a Cuba, dice que “para hacerse santo”, y al regreso de la Isla fue que le echaron el guante. Para los cubanos esto de la “santificación” del criminal es fácil de entender, para otros no. Algunos dirán que con “santos” como este no necesitamos de Satanás y toda su cohorte.
No puedo asegurar que el intento de “levantón” de que fui protagonista aquella tarde en la carretera 101 próximo a San Fernando pudiera haber terminado en un secuestro, tampoco con la información que hoy sale a la luz, puedo negarlo. Lo cierto es que estos criminales en México son torpes en su actuar, no miden su criminalidad. No muestran límites a su quehacer, pero eso si no hay compasión en ellos como no hay vacilaciones. Matan en caliente…, después tal vez se hagan alguna pregunta.
28.07.2011 ©
Nota: El autor del artículo trabajó como médico para la Secretaria de Salud del Estado de Tamaulipas, México.

lunes, agosto 02, 2010

¿Por qué México?

“La mordida”, el encuentro con el Secretario,- hoy asesinado -, y la pregunta tendenciosa.
He contado en dos artículos anteriores; “Mojado al revés” y “Saber llegar”, los eventos que me llevaron a ir a trabajar a México en el año 2007. Repasar los momentos que viví en los primeros días en que llegué a Ciudad Victoria, Tamaulipas es desde todo punto de vista desventurado si pensamos que mirar al pasado es siempre desalentador. Pero aquí estamos.
El encuentro con los funcionarios mexicanos del inmigración de una parte y de la otra los de la Secretaria de Salud, significó un tira y encoge en el cual me encontraba en medio y no sabía hasta donde alcanzaría aquello. El asunto era el siguiente: la Secretaria de Salud , en atención a los intereses del Centro Oncológico del Estado, se sentían apremiados en buscar la manera de contratarme considerando que el Especialista que tenían había expresado su intención de ir a trabajar a otra ciudad. Ese era el motivo por el cual los interesados habían contactado a los funcionarios del gobierno del Estado para que se apresurara mi ingreso a México y se condujeran gestiones para que se me contratara y comenzara a trabajar lo antes posible.
Sin embargo los funcionarios de inmigración que al principio se habían mostrados muy diligentes, ahora ponían trabas y pedían uno y otros documentos. Faltaban a la palabra empeñada, a mi modo de ver, y creaban una situación difícil para todos.
Ciudad Victoria , Tamaulipas.
Por mi parte debía conducirme con respeto hacia todas aquellas personas, considerando que aquel no era mi país y el haber solicitado mi presencia allí ya era un gesto amable y de indudable reconocimiento a mi valía como profesional. Admito que los funcionarios del Gobierno y de la Secretaria de Salud se mostraron cordiales, respetuosos y mostraban una cooperación digna de encomio. Aun les estoy agradecido.
Fue así que comencé las gestiones en todos los sentidos a fin de no perder tiempo y cooperar con los funcionarios de salud para que las gestiones se hicieran de manera rápida en interés de todos. Busqué y solicite documentos académicos y laborales que se tramitaron en el consulado de Dallas, otros fueron enviados y regresados desde Cuba debidamente legalizados y finalmente se entregaron en las oficinas de la Secretaria de Salud y del Instituto Nacional de Migraciones (INM) en Ciudad Victoria. Pero esto no fue suficiente.
En el tiempo que se conducían las gestiones fui objeto de afables atenciones de parte del Director del Centro Oncológico en la persona del Dr. Arturo Vázquez y su familia. El subsecretario de Salud, el Dr. Américo Villareal, su asistente de Atención Especializada y su asistente personal, Adriana Rodríguez, hicieron todo lo posible para que mis días de estadía en Ciudad Victoria fueran lo más agradable posible. En mi permanencia en Ciudad Victoria disfruté el caminar por las calles de la ciudad, conversar con las gentes en los mercados y visitar a los que serian mis amigos en aquel lugar al que había llegado.
Entonces ocurrió algo inesperado. A pesar de que los trámites para el permiso de trabajo que otorgaba el INM, esto es la FM3, siguieron el curso establecido; los funcionarios de inmigración pedían unos 2 mil pesos en efectivo según argumentaban: “como parte de los documentos que no se habían hecho en la frontera cuando había ingresado”. Era lo que el México se conoce como una “mordida” especie de coima que es una práctica que se acepta sin chistar. Lo sorprendente de esto es que el pedido se lo hicieron a la Secretaria de Salud y no a mí. Una dependencia del gobierno federal pidiendo una coima a la Secretaria de Salud.
Por aquellos días yo tenía en aquella ciudad una persona ajena a estas intuiciones, El Ingeniero, llamémosle así; quien consultado sobre el asunto me dijo que “había que pagar”. Pensé que lo mejor sería que el pago se hiciera parte a parte, la Secretaria de Salud una parte y yo la otra. El Ingeniero me dijo que era una decisión inteligente. Dos días después los tres funcionarios principales de INM llegaban en la noche al Hostal Escandón donde me alojaba, les entregué el dinero en efectivo. El segundo asistente del subdelegado del INM se me acerca para explicarme o justificar aquella transacción. Me dice: “este dinero que usted me dio…”, sin que terminara le dije: “¿Cuál dinero?…. no he visto ningún dinero aquí sobre esta mesa”. Esta gestión no fue suficiente, los trámites siguieron detenidos, el permiso de trabajo necesario para que mi empleador iniciara los trámites, no aparecía y los días pasaban. Por mi parte estaba tranquilo, tenía el tiempo a mi favor.
Fue entonces que un día me dijeron que estuviera dispuesto para un encuentro ocasional con el Secretario de Salud del Estado, el Dr. Rodolfo Torre Cantú. El Dr. Torre Cantú sin duda era la persona quien, a pedido del Director del Centro de Oncología, había promovido las gestiones en las oficinas legal y de control del Gobierno, razón por la cual yo estaba en Tamaulipas. El encuentro se produjo en el marco de un evento científico en el Hotel Everest del centro de la ciudad. Me encontré con un político hábil que sabia moverse entre sus funcionarios de menor jerarquía que lo apreciaban y respetaban. “¿Cómo se siente aquí en Ciudad Victoria?”, me preguntó mientras me saludaba. Era todo lo necesario para aquel momento, se cambiaron saludos y le plantearon que había trabas para darme el permiso de trabajo por parte de INM y que esto entorpecía los planes para que comenzara trabajar. Fue entonces que la asistente de la Secretaria de Salud, le dice casi al a oído a Dr. Torre Cantú: “y están pidiendo dinero”; yo le hice un gesto de desaprobación a la asistente. El Dr. Torre Cantú llamó a su secretario particular quien estaba al tanto de la conversación y este de inmediato hizo una llamada, al día siguiente yo tenía el permiso de trabajo o FM3.
Adriana me preguntó cuál era mi opinión sobre el Dr. Torre Cantú, “es que éste puede ser un futuro candidato a la gobernación del Estado”, me dijo. Me impresionó gratamente la notabilidad de este médico devenido en político con bastante éxito. “Tiene imagen de político…, y de futuro gobernador”, le dije.
El Dr. Rodolfo Torre Cantú, fue asesinado hace apenas un mes. Candidato favorito para ganar la elección a gobernador del Estado de Tamaulipas, fue víctima de la guerra contra el narcoterrorismo que hoy enluta a toda la nación mexicana. Esta por aclararse el móvil de este asesinato político.
El resto de la historia fue algo complejo, no excepto de sorpresas. Fue entonces que supe que el Especialista que yo sustituiría había decidido quedarse. Pero la Secretaria de Salud tomó una decisión sabia, ponderada y consecuente. Iría a trabajar a la ciudad de Reynosa con las mismas condiciones negociadas.
Días antes de salir para mi nuevo destino, fui a las oficinas del Parlamento Estatal con la asistente del subsecretario de Salud. Ya de regreso ésta pretendió hacer una broma de mal gusto y me endilga un descalificativo que me sorprende. Detiene su auto en un parque y me lanza una pregunta en tono áspero de interrogador: ¿Por qué México? ¿Si, por que decidiste venir a México? No valía la pena esgrimir argumentos, aun estaba aturdido por la pregunta, así que le dije: ¿Hay algún otro país de habla hispana más cerca a Texas, donde resido? No me dijo mas nada.
Dos días después salí para Reynosa, ciudad fronteriza…, en México, donde había llegado.
*Columnista. Panorama de Nuevos Horizontes, Hispanic Newspaper. Fort Worth, TX. 10 de julio de 2010. E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com

domingo, julio 11, 2010

Saber llegar.

“…, que no hay que llegar…, sino saber llegar”.
Me sorprende el amanecer después de doce horas viajando en un autobús desde el norte de Texas hasta la frontera con México. Con las primeras luces del día observo las calles más próximas y el puente entre las ciudades de Brownsville en Texas y Matamoros en Tamaulipas, México. Es cerca de las 6:00 am y he viajado convencido de que el funcionario que me recibirá y me llevará hasta Ciudad Victoria estará esperándome en la Estación de Ómnibus que aquí se conoce como Central camionera.
Son los primeros días del mes de abril, una semana antes el funcionario de Instituto Nacional de Inmigración (INM) me había llamado a mi casa en Texas para decirme que podía ingresar al país y que él me estaría esperando en la frontera. Había seguridad en sus palabras, me mostré confiado considerando el interés que había por parte de la oficina del Gobernador del Estado, la Secretaria de Salud y ahora esta dependencia de la Secretaría de Gobernación. Nada indicaba que algo saldría mal. Si bien ingresaba al país sin documentos, si lo hacía de forma autorizada.
Apenas tres días antes el funcionario del INM, el mismo que aseguraba estaría en Matamoros, hizo una llamada telefónica que en realidad me preocupó mucho. Es que no estaba preparado para eso. Había considerado todo los posibles escenarios pero éste funcionario me insistió por teléfono en que considerara una suma de dinero para que le entregara como una especie de obsequio. No entendí algo que, en el país donde pensaba trabajar de manera desinteresada y establecerme allí, esto…, el pago de coimas es algo habitual. Así que le dije que no se preocupara.
Preocupado sí que estaba. No entendía como habiendo tomado el camino tal difícil de ir y establecerme en México para trabajar de manera dedicada, y sin aun haber puesto un pie en el país, ya me estaba pidiendo dinero. Por lo demás mi decisión de ir a trabajar a México venía siendo apoyada por las autoridades del Estado que tenían conocimiento de esto y habían gestionado mi viaje.
Tenía que superar este desventurado incidente…, y lo hice. Ahora me encontraba feliz cuando el Ómnibus arribó a la estación. Cansado pero feliz como no me había sentido en los años que precedieron a esta mi decisión que podía ser la última en mi azarosa vida.
Puente Browsville(TX)-Matamoros (MEX)
La ciudad en realidad se llama Heroica Matamoros. No es una ciudad agradable a primera vista como la mayoría de las ciudades de frontera. Días antes había leído que la frontera era un país sin nombre, las ciudades bien pueden serlo, pero tienen nombres y en ocasiones un signo que si no las distinguen al menos las diferencia unas de otras.
Al bajarme del Ómnibus con mi pesado equipaje allí estaba el funcionario, tal y como me lo había imaginado: amable y diligente; le recordé su original sobrenombre con el que me comuniqué con él mediante correo electrónico: “criminólogo”, sonrió para asegurarme que era eso, lo que no puse en duda.
Insistí en buscar una Casa de Cambio. Tenía en mi bolsillo unos 400 dólares con los que esperaba hacer frente a los gastos hasta que trabajara y pudiera ganar mi sustento. El funcionario insistió en buscar un lugar donde desayunar. Ambas cosa no eran posible tan temprano, lo que permitió una especie de tur por el centro de la ciudad lo cual hicimos en aquel auto pequeño y ruidoso.
Una casa, cuya sala se había convertido en Restaurante, me hizo recordar los paladares cubanos; allí desayúnanos y conocí lo que era un desayuno norteño. Después de ir a la Casa de Cambio un viaje de más de 3 horas hasta Ciudad Victoria nos esperaba.
Ciudad Victoria es la capital del Estado de Tamaulipas y destino de mi viaje. Está hacia en una posición Sur central del Estado por lo que había que viajar de Norte a Sur tomando la carretera 101 hasta encontrase en un punto próximo a la ciudad de San Fernando con la carretera 97 que viene también del Norte , desde Ciudad Reynosa. No deja de ser la carretera 101, si usted sigue hacia el Sur. Disfruté del viaje, de los campos verdes sembrados de maíz, del color intenso de los campos de sorgo y de los extensos pastizales. El funcionario insistía en hablar constantemente mientras que me deleitaba de un paisaje agradable y que me parecía conocido.
Cuando superábamos aquel cerro con un inmenso toro – un toro de Osborne- en la cima, se le ocurrió disparatar contra la Iglesia, los curas y sobre todo contra las beatas; esas que tanto abundaban allí en la Ciudad a donde nos dirigíamos, dijo. Se quejaban del fastidio que estas producen y me pregunta que yo creía. No conteste, era algo que antes de llegar a México ya sabía, mejor no topar con la Iglesia.
No podía imaginar en aquel momento que aquella carretera seria una travesía obligada una y otra vez en ambos sentidos, que me acompañaría en mis sueños e infortunios. Sería un viaje que se haría reiterado y crítico.
En un viaje relativamente rápido y no exento de sobresaltos, llegamos a Ciudad Victoria, capital del Estado a media mañana. Solo deseaba descansar; más de 15 horas de viaje por carretera produce una sensación de entumecimiento en todo el cuerpo y los sentidos se embotan. Tomé mi tiempo para darle al funcionario unos 60 dólares como obsequio, mas tarde pude conocer que no era eso lo que esperaba.
Cuando llegamos al frente del edificio de la Secretaría de Gobernación, los funcionarios esperaban en la entrada avisados por un teléfono satelital que el funcionario que me condujo hasta allí había utilizado una y otra vez durante el viaje. Llegaron el Subdelegado y otro funcionario quienes, después de una rápida presentación y sin bajarnos del auto se metieron en el, en tanto que el Subdelegado del INM ordenaba dirigirnos al edificio donde estaban las oficinas de la Secretaria de Salud del Estado de Tamaulipas.
El Edificio blanco y rojo ocre contrastaba en la zona centro de la ciudad, entre la Iglesia, el Teatro, el Mercado y una edificación singular que visite días más tardes y que funcionaba como Escuela de Artes. Los funcionarios estaban apresurados, me llevaban en andas como una suerte de trofeo de un lado a otro. Ya en el cuarto piso donde estaban las oficinas principales, me tomé mi tiempo para caminar despacio por el amplio salón hasta uno de los anchos ventanales que permitían una vista de la ciudad.
La ciudad se mostraba despejada, había una quietud tangible en aquella ciudad de mi destino después de algún tiempo de expectativas. Allí crecía como protegida por la señorial montaña que era parte del paisaje esta ciudad que era tan real como en los sueños. Tenía la certeza de que todo me resultaba sabido y de que aquella ciudad me aguardaba.
Mi arribo fue algo no esperado, pero encerraba una clara motivación de entrega, nobles propósitos, y sobre todo el vencimiento de un desafío. Pienso que en tal ocasión supe llegar. La desdicha y la proximidad de la muerte produjeron otro escenario tan imprevisto como real.
©2010
Un artículo relacionado: “Mojado al revés”

sábado, febrero 02, 2008

Mojado al revés.


Por: Eloy A. González. *
Empacó un par de camisas, un sombrero, Su vocación de aventurero. Seis consejos, siete fotos, mil recuerdos. “Mojado”, Ricardo Arjona.
Esta finalizando el año 2006, y sigue siendo el tiempo riguroso de aburrimiento y enojo. Atrás queda un año precario y desgarrador, como otros tantos que he vivido. Entonces es que me llega un mensaje casi incierto de una propuesta de trabajo en México. Si allí en el Estado de Tamaulipas y para trabajar en mi profesión.
La propuesta de ir a trabajar para la Secretaria de Salud del Estado de Tamaulipas, me sorprende y me alegra. En meses anteriores había escrito un articulo, que algunos de ustedes tal vez leyeron, titulado: En busca del sueño mexicano, en el cual, entre otras cosas afirmaba:
Central Camionera de Matamoros, Tamaulipas
Tan expedito como fue el llegar a estas tierras de promisión como dicen que son los Estados Unidos, es que me puse a mirar al Sur con la esperanza de poder poner en orden el buen hacer de una profesión que fue vida, pero que, de tiempo en tiempo resulta contrariedad.
Si es que ya estábamos en este país que para muchos es añoranzas y sueños, era apropiado el pensar cual era el menor camino a tomar, y considerar con prudente juicio salir de los Estados Unidos para asentarnos en otras tierras de cultura e idioma más propicios. Procurando al noble ejercicio del trabajo y la dedicación para hacer más tolerables la cargas a los más necesitados; tanto como recurrir al trabajo creador para cubrir las elementales exigencias de una vida sin temores.
Había escuchado muchas veces y aún escucho, ese término despectivo: Mojado. ¿Qué significa ésta palabra? Mojado se refiere a aquella persona,- sobre todo mexicanos,- que pasa la frontera Sur de los Estados Unidos con México de forma ilegal. Se relaciona esto con la posibilidad de tener que cruzar en ocasiones nadando o auxiliados con flotadores el Rio Grande, un Rio de más de mil millas de extensión que resulta en una frontera natural ente México y los Estados Unidos. En el Urban Dictionary la palabra se define como: Mexican-American slur for "wetback" or illegal immigrant; y lo asocian a otros términos también en Inglés como: wetback, beaner, mexican, tonk, alien, ewi, frijolero, illegal alien, paisa, tijuanero, wet.Es así que cuando se me propuso ir a México a trabajar, fue desconcertante saber que no tenía toda la documentación en regla para ingresar y trabajar en aquel país. Siendo ciudadano cubano con residencia en los Estados Unidos, no contaba con pasaporte americano o travel document. Tampoco mi pasaporte cubano estaba actualizado y aunque así fuera no me serviría para mucho, tal vez complicaría más la situación. Y es que con la tarjeta de residente (green card) puede usted ingresar al territorio mexicano hasta la frontera, pero no más allá del denominado: Kilómetro 26. Un punto de chequeo obligado localizado a unos 26 Km de la frontera.

Palacio Federal de Ciudad Victoria
sede de la Secretaria de Salud 
Apremiados, las autoridades de Salud del Estado de Tamaulipas, me hicieron saber sus intereses en que ingresara al territorio mexicano lo antes posible; a fin de discutir los términos de mi contrato de trabajo. Teniendo conocimiento de mis limitaciones para llegar hasta la capital del Estado, Ciudad Victoria, contactaron con los funcionarios de la Gobernación del Estado para proporcionar mi ingreso. Unos y otros gestionaron a través del Consulado Norteamericano en Matamoros aparentemente sin éxito. Desde las oficinas legales y de control del Gobernador se comunicaron conmigo para obtener todos los datos y expresarme su interés en que fuera a aquel Estado a trabajar.
La solución no se hizo esperar. Una noche recibo una llamada de los funcionarios del Instituto Nacional de Migración donde me informaban que un oficial estaría esperándome en cualquier punto de entrada de la frontera, - a uno u otro lado-, para llevarme hasta la Capital del Estado.
Fue así que el día 2 de abril del 2007, abordé un Ómnibus que me trasladó, después de un largo viaje de 11 horas, hasta la Terminal de Ómnibus de Matamoros, allí el Licenciado J.V me esperaba con una sonrisa amable, pero nada convincente. El primer “almuerzo mexicano” lo hice en compañía de mi “escolta”, en un pequeño restaurante dentro de la estructura de una casa habitación que me recordaba mucho las “Paladares” cubanas. Una hora después salíamos rumbo a Ciudad Victoria en un viaje que fue un reto a la velocidad y el peligro, con un chofer que manejaba un auto nada confortable mientras desafiaba el tiempo y el camino.
Superado un espacio de novedad y encanto, la sorpresa de las empinadas montañas a los pies de aquella ciudad,-capital y provinciana-, me produjo un efecto agradable y de intemperancia. Los funcionarios se apretujaron en el auto al frente de las oficinas de la Secretaria de Gobernación y en escasos minutos me encontraba sentado en el despacho del Subsecretario de Salud del Estado de Tamaulipas. Fueron escasa mis palabras: “No, no he venido a discutir términos de contrato de trabajo, le dije, vengo a trabajar. Se trata aquí de definir el cuando y donde empiezo a trabajar”.
“No vengo porque puedo, sino porque puedo vengo”

Dos días después comenzaron los problemas, y es que sin documentos no podía empezar a trabajar. Una de las principales funcionarias de la Secretaria de Salud, me dijo, sin apego a la delicadeza que: “yo estaba como un indocumentado”, lo cual era cierto. En realidad me había convertido, en un “mojado al revés”. Había ingresado al territorio mexicano, con las ayuda del INM como indocumentado, y no tenia permiso de trabajo. El término de indocumentado o de mojado, me acompañó como una broma de mal gusto pero que acepte siempre con ese humor, en ocasiones caricaturesco, que caracteriza a los cubanos.
Mojado al revés, sí andando en sentido contario, porque los indocumentados viajan de Sur a Norte por ésta frontera, yo fui en sentido contrario. Fue un viaje que para amigos y familiares resultaba un sin sentido, pero que para mi significaba mucho. Me había desembarazado de la idea de posponer mi tiempo de ser; estaba desafiando un lapso impropio de mi vida y un destino que ya resultaba incierto. Asumía un desafío, sin angustias ni quebrantos.
Mi situación de indocumentado o mojado en México duró tres semanas. Los eventos ocurridos en ese tiempo bien merecen otro artículo. Por los pronto les dejo aquella idea que me acompañó a tomar esa decisión:
Es así que siendo refugiado pensé a fin de que, seria mejor ir hacia el Sur, sobre todo al vecino México a trabajar y establecerme en aquel lugar, ante la proximidad de este país y el conocimiento que ya tenía de él. Habiendo tantos desprovistos de cuidados y ante la incertidumbre de lograr vivir en un país donde los sueños te asaltan en las noches.Y así fue……., más de una vez los sueños me asaltaron en las noches.
*Physician and Freelancer writer. E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com . Article published in Panorama Hispanic Newspaper, Fort Worth, TX. , January 19, 2008 .© 2008