miércoles, enero 07, 2026

Un cuento muy corto para un tiempo muy prolongado

 Por: Eloy A González.

Esta es una historia de delación, como muchas otras que tuvieron lugar en Cuba durante los inciertos días iniciales de la década de 1990. Está relacionado con algunos de los datos más importantes que descubrí en un artículo del autor cubano Norberto Fuentes, publicado en septiembre de 2002, ya durante el exilio. El escritor titula su artículo: "Un cuento muy corto", solo su mención, me sirve de introducción a una nota sobre la denuncia de que fui víctima en abril de 1992.

El artículo menciona a una persona miserable e infame llamada Octavio Vladímir García Alderete, a quien conocí de manera desafortunada a finales de 1991.En aquel entonces, un amigo o alguien a quien consideraba como tal, el abogado Adolfo Gómez Martínez. Este estaba involucrado en el movimiento opositor cubano y yo me uní al mismo, con la intención de colaborar con el grupo "Criterio Alternativo".


El artículo de abajo menciona precisamente a este individuo execrable llamado Octavio Vladímir García Alderete, quien me envió unos agentes al hospital en que trabajaba mientras estaba detenido en Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado [DSE], con una nota solicitándome que colaborara con ellos. Fui arrestado cuando no acepté la nota, ya que los prisioneros en Cuba no envían "recaditos". Mi negativa fue mi sentencia de arresto, porque en una dictadura, la integridad es un delito.

Lo que debe ser narrado puede tener una extensión mayor. Dejo aquí únicamente como información y presentación del artículo; que este individuo no fue el origen de la denuncia, sino otros que pertenecían a un grupo de "oposición" que los jenízaros del DSE me cuestionaron preguntándome: "¿cómo usted se ha liado con esta crápula?".

No fue únicamente Vladimir García Alderete el delator, sino también el abogado Gómez Martínez, quien en un momento de crisis de valores y con pesar me envió a una persona a mi hogar; esta persona me llevó a un lugar seguro donde él se hallaba. Desolado y muy apenado, me expresó: "Tuve que hablar". No, no había sido ni Secundino, que no es el negro que mencionan en el artículo, ni Gómez los que me delataron. Por esos días y cuando esto sucede, Gladys Gonzalez Noy, la coludida de Vladimir, tuvo tiempo para organizar una reunión a fin de discutir mi situación como no confiable, a la que asistió también mi amiga de siempre, Gladys Castellanos quien salió en mi defensa.

Marcos Fiallo Samper "Benigno" fue el delator e infiltrado, como logré verificar años después; un individuo oscuro que residía en Centro Habana, en la Calle Águila y San Miguel. Desempeñó el cargo de administrador en la Asociación Canaria de Cuba. No he vuelto a saber de él.

Fui víctima de un despojo absoluto de mis derechos fundamentales. Me arrebataron mi carrera, mi seguridad y mi lugar en la sociedad. Pero el golpe más bajo fueron los actos de repudio: esa coreografía del odio donde el Estado utiliza a las masas para linchar moralmente al ciudadano. Fui objeto de una violencia sistemática diseñada para quebrarme, para convertirme en un paria ante los ojos de mis vecinos y colegas.

Hoy, décadas después, muchos de estos nombres se han hundido en el silencio o en una vejez oprobiosa. Otros han muerto en la sombra. Yo, en cambio, firmo este texto con la autoridad moral de quien sobrevivió a la represión y a la traición de los amigos.

7 de enero de 2026

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