Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra sección favorita: "¿Realmente pasó o es solo buen marketing?". Hoy nos ponemos la bata de investigadores (o el estetoscopio de juguete) para analizar el paso de Ernesto Guevara de la Serna por el sistema de salud mexicano allá por 1954.
Prepárense, porque entre la hagiografía y la realidad hay
un abismo digno de una cirugía a corazón abierto... sin anestesia.
Según las fuentes más entusiastas de la UNAM, el joven
Ernesto no solo paseaba por el Parque de Chapultepec. Aparentemente, era un
auténtico pulpo de la medicina. Se dice que trabajó como alergólogo en el
Centro Médico Nacional, donde además de investigar, le sobraba energía para ser
profesor asistente de Fisiología Humana por las noches.
El hito científico: Su trabajo titulado “Investigaciones
cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos”. Un nombre lo
suficientemente complejo como para que nadie se atreva a preguntar de qué
trataba realmente.
La publicación: Se afirma que llegó a las páginas de la
Revista Iberoamericana de Alergología en 1955. Un logro que cualquier residente
actual envidiaría, especialmente si consideramos que Ernesto estaba más ocupado
planeando revoluciones que revisando historiales clínicos.
El Misterio de la Ubicuidad
Lo fascinante de este expediente es cómo el tiempo parece
dilatarse para ciertos personajes. Algunos expertos aseguran que el Antiguo
Palacio de Medicina fue testigo de su entrega total a la ciencia. Incluso hay
una foto "poco examinada" con su esposa Hilda Gadea en la Biblioteca
Central que, según los románticos, revela su "interés por México".
(Porque, claro, una foto en una universidad solo puede significar que estás a
punto de ganar el Nobel, no que eres un turista con una buena cámara).
¿Investigador Eminente o Fotógrafo Ambulante?
Aquí es donde la ironía nos obliga a levantar una ceja.
Mientras que en 1959 el Colegio Médico Nacional de Cuba lo recibía como un
"médico notable" con investigaciones en el Instituto de Cardiología,
su amigo cercano, Julio Rojo, tiene una versión un poco... diferente.
Según Rojo, las famosas "investigaciones" del
Che en México consistían básicamente en averiguar dónde estaban los turistas
americanos para cobrarles por una foto.
Así es: de "Eminente Investigador y Catedrático de Fisiología" a fotógrafo ambulante en las plazas de la CDMX. Una transición profesional que ni el algoritmo de LinkedIn sabría cómo explicar.
La fuente de UNAM Global nos presenta a un médico dedicado y profesor ejemplar.
Pero, seamos sinceros, entre dar clases nocturnas de fisiología, investigar
antígenos, ser oyente de economía con Silva Herzog y corretear turistas para
venderles retratos, el Che debía haber descubierto el secreto de los días de 48
horas.
La Verdadera "Investigación de Campo"
Dice el mito de que el Che era un investigador
incansable. Y es cierto, según su amigo Julio Rojo, investigaba con rigor
científico... pero no en los laboratorios del Instituto de Cardiología. Su
campo de estudio eran las plazas públicas y su objetivo eran los turistas estadounidenses.
Mientras la UNAM Global nos habla de un "médico
dedicado", la realidad sugiere que el Dr. Guevara pasaba más tiempo
calculando la apertura del diafragma que la dosis de un antihistamínico. Ser
fotógrafo ambulante no es pecado, pero tratar de hacerlo pasar por "práctica
clínica avanzada" requiere una agudeza visual que ni la mejor cámara
alemana posee.
Como dicen por ahí: “Eso no se lo cree ni el que asó
la manteca”.
En medicina, siempre pedimos pruebas de doble ciego. En
la historia del Che en México, parece que todos estamos un poco ciegos, ya sea
por el humo de los puros o por el brillo de un mito que, bajo el microscopio,
tiene más de leyenda que de rigor clínico.
El Blog de Medicina Cubana [3 de enero de 2026]
Fuente: “Hasta la medicina siempre” - UNAM Global. (2023, June 14). UNAM
Global - de La Comunidad Para La Comunidad. https://unamglobal.unam.mx/global_tv/hasta-la-medicina-siempre/

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