Introducción histórica
La presente reseña
reúne, en un solo cuerpo documental, diversos fragmentos históricos que
testimonian la evolución de la enseñanza médica en nuestro país desde la época
colonial hasta las transformaciones universitarias del siglo XX. Su valor
radica no solo en la información que aporta, sino también en el carácter
testimonial de las fuentes originales, conservadas en fotocopias fechadas en
1954 y hoy integradas para su preservación institucional.
El texto permite
apreciar la continuidad y las rupturas de un proceso formativo que comenzó bajo
la tutela del Protomedicato, se consolidó con la fundación de la Universidad y
alcanzó su madurez con la modernización académica impulsada por sucesivos planes
de estudio, reformas administrativas y la creación de nuevas escuelas y
facultades. Asimismo, destaca la labor de figuras relevantes cuya gestión marcó
hitos en la organización docente, entre ellas el Dr. Ángel Vieta Barahona, cuya
trayectoria se reconoce en estas páginas.
La reconstrucción que
se presenta mantiene la estructura, el espíritu y el lenguaje propios del
documento original, respetando su estilo institucional y su intención de
ofrecer una visión sintética, pero rigurosa, del desarrollo histórico de la
educación médica. Su integración en un solo texto facilita su consulta, archivo
y difusión, contribuyendo a la preservación de la memoria académica de nuestra
Facultad.
I. Orígenes y
primeros siglos
El Arte de Curar en
nuestra Isla data desde los primeros días de su descubrimiento, pero los años
anteriores al establecimiento del Protomedicato pueden considerarse como
caóticos en el ejercicio de la profesión.
Durante los dos
primeros siglos del régimen español y su organización de acuerdo con el Derecho
castellano, era el Tribunal Colegiado quien, en funciones judiciales,
científicas y económicas, actuaba en la dirección y corrección de la enseñanza
intelectual y práctica de la Medicina. Los médicos y otros prácticos con
formación técnica se mezclaban con curanderos y empíricos que ejercían sin
control. El primer Protomédico fue nombrado por Real Cédula en 1606: el Dr.
Francisco Teneza.
Posteriormente, muchos
médicos extranjeros con conocimientos científicos ejercieron en la Isla,
enfrentándose a barberos y cirujanos que practicaban sangrías y purgas sin
autorización del Protomedicato. Según Rafael Cowley, a principios del siglo
XVII la Medicina era ejercida por barberos, sin control oficial. La necesidad
de un Protomédico en el Hospital, que además de atender a los enfermos
promoviera la enseñanza médica, fue una de las razones para fundar la
Universidad en la ciudad principal. Esta institución, de carácter enciclopédico
y no profesional, estaba dirigida por los Padres de la Orden de Santo Domingo.
II. La
enseñanza en el exconvento de San Isidro y el Plan Varona
Con el paso del
tiempo, la enseñanza médica se trasladó al exconvento de San Isidro, en
condiciones precarias y sin laboratorios adecuados. La Histología se enseñaba
mediante láminas preparadas, sin acceso al microscopio ni formación práctica.
La implantación del
“Plan Varona” marcó el inicio de la Era Moderna de los estudios médicos. La
Universidad fue dotada de nuevas instalaciones: primero en el Miralles, donde
hoy se encuentra la antigua Clínica estatal y actual Consultorio. Se
habilitaron espacios para Histología, Anatomía Patológica, Bacteriología y
Parasitología, con apoyo del Dr. Wood, Jefe de Bacteriología del Instituto de
Higiene, y de otros colaboradores. Los Laboratorios Wood y el local de Zanja y Belascoáin
fueron fundamentales en esta transformación.
III. Nuevas
escuelas y consolidación académica
El 27 de enero de 1907
se incorporó la Escuela de Medicina Veterinaria a la Facultad de Medicina y
Farmacia. En 1909 se creó la Escuela de Odontología, y en 1930 se fundó la
actual Facultad de Farmacia, dirigida por el Prof. Daniel Trejo.
En 1927 se aprobó
oficialmente el sistema de constitución del Claustro de Profesores, consolidado
estatutariamente en 1932. En ese contexto, se eligió como Presidente al
eminente Dr. Ángel Vieta Barahona, quien ocupó el cargo hasta 1940. Las nuevas
leyes universitarias establecieron que el Rector sería elegido por el Claustro,
y que el Vice-Rector y los Decanos serían designados por él. El Consejo
Universitario pasó a ser órgano consultivo.
IV. La
Comisión Provisional Universitaria y la reorganización institucional
Para reorganizar la
Universidad se creó la “Comisión Provisional Universitaria” en 1935, integrada
por representantes de cada Facultad. Esta Comisión sustituyó al Consejo
Universitario y estableció nuevas bases para la enseñanza. El Dr. Rafael
Briceño, como Presidente, entregó las pertenencias universitarias a la
Comisión, que cesó en sus funciones tras cumplir su cometido.
Desde entonces, la
Facultad de Medicina fue dirigida por su propio Claustro. El Ministerio de
Gobierno y el Consejo Universitario establecieron las Escuelas de Medicina,
Farmacia y Veterinaria como Facultades autónomas.
La disposición
vigésima sexta de la Ley de Universidades, en su artículo del 31 de diciembre
de 1908, otorgó efectos legales a los títulos de Licenciado y Doctor expedidos
por la Universidad.
V. La Facultad
en el siglo XX: expansión y modernización
En 1937, la Facultad
de Medicina funcionaba en el Cuartel de Zanja y Belascoáin, donde se
inscribieron los alumnos de Pre-Médica. En 1939, siendo Decano el Dr. Manuel
Ángel Vieta Barahona, se inauguró el nuevo edificio en el antiguo Hospital de
Maternidad, ampliando considerablemente la capacidad docente.
El 4 de marzo de 1940,
el Dr. Ángel Vieta asumió como Decano, impulsando el “Plan de Siete Años”,
aprobado por el Claustro. Este plan continuó en ejecución y reanudó clases en
el curso académico de 1948, consolidando una base sólida para la enseñanza médica.
Podemos sentirnos
orgullosos de nuestra bicentenaria Universidad, estrechamente vinculada al
pueblo, que ha sido su principal apoyo. Las naciones poderosas han crecido por
sus Decanos, sus Letras y sus Artes en su más hermosa concepción.
Homenaje al
Dr. Ángel Vieta Barahona
No podía faltar en
esta obra la recta y respetable figura de nuestro Decano, el Dr. Ángel Vieta
Barahona.
Decir su nombre es
afirmar la honestidad, laboriosidad, espíritu de justicia y firmeza de
carácter: virtudes todas que, unidas a su gran poder de organización, hicieron
posible la integración y normal desenvolvimiento del Plan de Siete Años, tan
estrechamente vinculado a su ejecutoria de médico ejemplar y Profesor
meritísimo.
Su severidad nos salvó
muchas veces del caos y nos devolvió a las aulas, enseñándonos que la ciencia,
cuanto más alta, más bella, y se asienta sobre fundamentos sólidos. Sembró en
nuestra Facultad una semilla que al principio parecía ahogarse entre zarzas y
abrojos, pero que hoy, felizmente, ha germinado entre las propias malezas que
ajustadas le han servido de magnífico abono.
Nos llevamos de la
Facultad su recuerdo, que a todos se hará imperecedero.
Nota editorial
La presente
integración respeta íntegramente el contenido, el estilo y la intención del
documento original, limitándose a unificar su estructura y corregir
inconsistencias propias de las fotocopias de origen. Su propósito es asegurar
la preservación, accesibilidad y continuidad de un testimonio histórico
fundamental para la memoria académica de nuestra institución.
Referencia
Libro de la
Universidad de La Habana. Memoria original de graduados de la Facultad de
Medicina, dedicado con el sincero afecto del autor, José L. Fernández y
Echazabal, Presidente del Curso. Esta joya de la medicina cubana del periodo
1942–1949, con un contenido de más de 500 fotografías y miles de datos que
reflejan el avance de la Medicina en Cuba. Referencia citada en: Ada
Pérez-Navas, La Historia de Cuba hasta el 1959.[Facebook]
Recopilación y notas
del editor del Blog de Medicina Cubana.

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