Dr. Eloy A. González.
Introducción
Este estudio examina los saberes, creencias y prácticas
relacionadas con la salud y la enfermedad entre los aborígenes de Cuba antes
del contacto europeo. Se contextualiza dentro del proceso de poblamiento del
archipiélago, desde los primeros asentamientos humanos (ca. 5140 a.C.) hasta
inicios del siglo XVI, destacando la diversidad cultural resultante de
migraciones sucesivas procedentes de Norteamérica, Centroamérica y
Sudamérica.
Se describen los principales grupos etnoculturales
—guanahatabeyes, siboneyes y taínos— y su evolución hacia estructuras sociales
más complejas, lo que permite explorar cómo estas comunidades concebían la
salud, la enfermedad y las prácticas curativas dentro de sus sistemas
simbólicos y modos de vida.
Métodos
Se realizó una revisión descriptiva de literatura
especializada en arqueología, antropología médica e historiografía cubana. Se
emplearon dos enfoques de clasificación para contextualizar a las poblaciones
aborígenes:
·
Etapas arqueológicas: preagroalfarera, protoagrícola y
agroalfarera, basadas en técnicas de subsistencia, herramientas y desarrollo
cultural.
·
Clasificación etnocultural tradicional: guanahatabeyes,
siboneyes y taínos, ampliamente utilizada en estudios históricos y
antropológicos.
La revisión integró fuentes primarias (crónicas de
Indias) y estudios clásicos de la antropología médica cubana (López Veitía,
Mestre Hevia, Gordon y Acosta), así como análisis contemporáneos sobre
cosmovisión indígena, prácticas rituales y evidencias paleopatológicas.
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Resultados
Los aborígenes cubanos desarrollaron un sistema médico
empírico y ritual, sustentado en una cosmovisión animista donde la salud
dependía del equilibrio entre cuerpo, espíritu y entorno. Su conocimiento
fisiológico era elemental, basado en observaciones directas sobre la visión, la
locomoción y la reproducción, lo que se refleja en prácticas punitivas que
involucraban mutilaciones o fracturas.
En el ámbito patológico, los siboneyes empleaban términos
como “axe” para designar enfermedades, y describían afecciones como úlceras
generalizadas y la dermatosis “caracol’. Las crónicas registran además piojos,
estados febriles (sechon), anemia (hipa, hipato, hipatía), cefalalgias,
odontalgias, ciática, reumatismos, trastornos digestivos, parasitosis
—incluyendo niguas—, afecciones respiratorias y problemas genitourinarios.
La evidencia paleopatológica de grupos preagroalfareros
revela una alta prevalencia de osteomielitis, osteoporosis, lesiones
sifilíticas, anemia y traumatismos. Se documentan fracturas consolidadas de
forma imperfecta y un caso notable de reducción e inmovilización de tibia, lo
que sugiere conocimientos básicos en el manejo de lesiones ortopédicas. En los
taínos predominan patologías dentales severas, enfermedades infecciosas del
esqueleto axial, osteoartritis, osteoporosis y casos de sífilis. La esperanza de
vida promedio se estima entre 30 y 35 años.
Las prácticas terapéuticas incluían una farmacopea
vegetal extensa: manzanillo, guacasí, guayaba, bejuco, sasafrás, jagua, betún,
guayacán, tabaco, ananá, verbena, caña fístula, güira, hojas de ciruela, “goaconax”
y “perebecenúe”, entre otros. Estas plantas se empleaban como purgantes,
vomitivos, cicatrizantes, antiinflamatorios, analgésicos, hemostáticos y
tónicos digestivos.
En el plano ritual, la figura central era el “behique”,
especialista en medicina natural, magia y ceremonias comunitarias. Los “Buchu-itihu
o Bohitos II”, considerados médicos en el sentido más amplio, combinaban
funciones curativas, herbolarias y espirituales. Su ceremonial terapéutico
incluía purgantes, cantos, fuego ritual, manipulación corporal y la extracción
simbólica del mal, atribuido al cemí del enfermo.
Discusión
Los hallazgos muestran que la medicina indígena
prehispánica en Cuba constituía un sistema coherente de conocimientos y
prácticas, profundamente ligado a la cosmovisión animista y a la organización
social de los grupos aborígenes. La integración de recursos naturales, rituales
y autoridad espiritual sugiere un modelo de salud holístico, donde la
enfermedad se concebía como desequilibrio entre fuerzas naturales y
espirituales.
La paleopatología confirma que estas comunidades
enfrentaban un conjunto amplio de enfermedades infecciosas, degenerativas y
traumáticas, y que desarrollaron respuestas terapéuticas adaptadas a su
entorno. La evidencia de reducción e inmovilización de fracturas indica un
conocimiento práctico de la anatomía funcional.
La farmacopea indígena revela una sofisticación notable
en el uso de recursos naturales, mientras que la historiografía médica cubana
—especialmente la obra de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon— permitió
rescatar y sistematizar estos saberes.
En conjunto, la medicina indígena cubana debe entenderse como un sistema cultural integral, adaptado a las condiciones ecológicas y espirituales del archipiélago, y dotado de una lógica interna que articula lo fisiológico, lo ritual y lo comunitario.
Conclusiones
El poblamiento prehispánico de Cuba fue el resultado de
migraciones sucesivas que configuraron un crisol de culturas plenamente
establecido hacia el siglo XV. La concepción indígena de la salud y la
enfermedad se articulaba en torno a una visión animista del entorno, donde los
fenómenos naturales y espirituales influían directamente en el bienestar
humano.
Los “Buchu-itihu o Bohitos II” y los “behiques” desempeñaron un papel central en la medicina
indígena, combinando funciones curativas, rituales y comunitarias.
Los estudios de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon
constituyen un capítulo fundamental en la historiografía médica cubana.
La herencia aborigen persiste en la genética, la lengua,
la gastronomía, la arquitectura vernácula y el patrimonio arqueológico,
confirmando que estas culturas no desaparecieron, sino que se integraron
profundamente en la identidad cubana contemporánea.
Recomendaciones
·
Impulsar estudios genéticos históricos para precisar las
rutas migratorias del Caribe.
·
Adoptar marcos clasificatorios integrados que combinen
etapas arqueológicas y grupos etnoculturales.
·
Realizar estudios comparativos entre pueblos aborígenes
caribeños.
·
Recuperar fuentes primarias sobre prácticas curativas y
farmacopea indígena.
·
Profundizar en la figura del curador indígena como eje
del conocimiento médico ancestral.
Resumen
Este estudio examina el poblamiento prehispánico de Cuba
y la concepción animista de la salud entre sus pueblos originarios. Se
describen las prácticas terapéuticas basadas en saberes ancestrales, plantas
medicinales y rituales dirigidos por los Buchu-itihu o Bohitos II y los
behiques. Se reconoce la contribución de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon
al rescate de estos saberes. Se recomienda profundizar en estudios genéticos,
comparativos y archivísticos para ampliar el conocimiento sobre la medicina indígena
y su legado cultural.
Agradecimientos
El autor expresa su sincero agradecimiento al profesorado
del Diplomado de Historia de la Medicina de la UNAM–México, cuyo rigor
académico y acompañamiento constante hicieron posible esta revisión.
Nota del autor: Este es un IMRyD resumido para difusión
web.
Como citar este estudio:
González, E.A. (2025). Los aborígenes cubanos: saberes,
creencias y prácticas ante la enfermedad. Una exploración histórico-cultural de
la medicina indígena prehispánica (5140 a.C. – 1510 d.C.), [Trabajo de
Diplomado de Historia de la Medicina no publicado]. Departamento de
Historia y Filosofía de la Medicina, UNAM – México.
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