lunes, enero 26, 2026

Los aborígenes cubanos saberes creencias y prácticas ante la enfermedad.

 Dr. Eloy A. González.

Introducción 

Este estudio examina los saberes, creencias y prácticas relacionadas con la salud y la enfermedad entre los aborígenes de Cuba antes del contacto europeo. Se contextualiza dentro del proceso de poblamiento del archipiélago, desde los primeros asentamientos humanos (ca. 5140 a.C.) hasta inicios del siglo XVI, destacando la diversidad cultural resultante de migraciones sucesivas procedentes de Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica. 

Se describen los principales grupos etnoculturales —guanahatabeyes, siboneyes y taínos— y su evolución hacia estructuras sociales más complejas, lo que permite explorar cómo estas comunidades concebían la salud, la enfermedad y las prácticas curativas dentro de sus sistemas simbólicos y modos de vida.


Métodos

Se realizó una revisión descriptiva de literatura especializada en arqueología, antropología médica e historiografía cubana. Se emplearon dos enfoques de clasificación para contextualizar a las poblaciones aborígenes:

·         Etapas arqueológicas: preagroalfarera, protoagrícola y agroalfarera, basadas en técnicas de subsistencia, herramientas y desarrollo cultural. 

·         Clasificación etnocultural tradicional: guanahatabeyes, siboneyes y taínos, ampliamente utilizada en estudios históricos y antropológicos.

La revisión integró fuentes primarias (crónicas de Indias) y estudios clásicos de la antropología médica cubana (López Veitía, Mestre Hevia, Gordon y Acosta), así como análisis contemporáneos sobre cosmovisión indígena, prácticas rituales y evidencias paleopatológicas.



Resultados 

Los aborígenes cubanos desarrollaron un sistema médico empírico y ritual, sustentado en una cosmovisión animista donde la salud dependía del equilibrio entre cuerpo, espíritu y entorno. Su conocimiento fisiológico era elemental, basado en observaciones directas sobre la visión, la locomoción y la reproducción, lo que se refleja en prácticas punitivas que involucraban mutilaciones o fracturas.

En el ámbito patológico, los siboneyes empleaban términos como “axe” para designar enfermedades, y describían afecciones como úlceras generalizadas y la dermatosis “caracol’. Las crónicas registran además piojos, estados febriles (sechon), anemia (hipa, hipato, hipatía), cefalalgias, odontalgias, ciática, reumatismos, trastornos digestivos, parasitosis —incluyendo niguas—, afecciones respiratorias y problemas genitourinarios.

La evidencia paleopatológica de grupos preagroalfareros revela una alta prevalencia de osteomielitis, osteoporosis, lesiones sifilíticas, anemia y traumatismos. Se documentan fracturas consolidadas de forma imperfecta y un caso notable de reducción e inmovilización de tibia, lo que sugiere conocimientos básicos en el manejo de lesiones ortopédicas. En los taínos predominan patologías dentales severas, enfermedades infecciosas del esqueleto axial, osteoartritis, osteoporosis y casos de sífilis. La esperanza de vida promedio se estima entre 30 y 35 años.

Las prácticas terapéuticas incluían una farmacopea vegetal extensa: manzanillo, guacasí, guayaba, bejuco, sasafrás, jagua, betún, guayacán, tabaco, ananá, verbena, caña fístula, güira, hojas de ciruela, “goaconax” y “perebecenúe”, entre otros. Estas plantas se empleaban como purgantes, vomitivos, cicatrizantes, antiinflamatorios, analgésicos, hemostáticos y tónicos digestivos.


Los estudios de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon sistematizaron la patología, la terapéutica y los rituales indígenas, constituyendo un hito en la antropología médica cubana. Mestre organizó el conocimiento indígena en categorías que abarcan desde sustancias medicinales y enfermedades tratadas hasta hidroterapia, higiene, cirugía primitiva y prácticas obstétricas.

En el plano ritual, la figura central era el “behique”, especialista en medicina natural, magia y ceremonias comunitarias. Los “Buchu-itihu o Bohitos II”, considerados médicos en el sentido más amplio, combinaban funciones curativas, herbolarias y espirituales. Su ceremonial terapéutico incluía purgantes, cantos, fuego ritual, manipulación corporal y la extracción simbólica del mal, atribuido al cemí del enfermo.

Discusión 

Los hallazgos muestran que la medicina indígena prehispánica en Cuba constituía un sistema coherente de conocimientos y prácticas, profundamente ligado a la cosmovisión animista y a la organización social de los grupos aborígenes. La integración de recursos naturales, rituales y autoridad espiritual sugiere un modelo de salud holístico, donde la enfermedad se concebía como desequilibrio entre fuerzas naturales y espirituales.

La paleopatología confirma que estas comunidades enfrentaban un conjunto amplio de enfermedades infecciosas, degenerativas y traumáticas, y que desarrollaron respuestas terapéuticas adaptadas a su entorno. La evidencia de reducción e inmovilización de fracturas indica un conocimiento práctico de la anatomía funcional.

La farmacopea indígena revela una sofisticación notable en el uso de recursos naturales, mientras que la historiografía médica cubana —especialmente la obra de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon— permitió rescatar y sistematizar estos saberes.

En conjunto, la medicina indígena cubana debe entenderse como un sistema cultural integral, adaptado a las condiciones ecológicas y espirituales del archipiélago, y dotado de una lógica interna que articula lo fisiológico, lo ritual y lo comunitario. 

Conclusiones 

El poblamiento prehispánico de Cuba fue el resultado de migraciones sucesivas que configuraron un crisol de culturas plenamente establecido hacia el siglo XV. La concepción indígena de la salud y la enfermedad se articulaba en torno a una visión animista del entorno, donde los fenómenos naturales y espirituales influían directamente en el bienestar humano.

Los “Buchu-itihu o Bohitos II”  y los “behiques”  desempeñaron un papel central en la medicina indígena, combinando funciones curativas, rituales y comunitarias. 

Los estudios de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon constituyen un capítulo fundamental en la historiografía médica cubana. 

La herencia aborigen persiste en la genética, la lengua, la gastronomía, la arquitectura vernácula y el patrimonio arqueológico, confirmando que estas culturas no desaparecieron, sino que se integraron profundamente en la identidad cubana contemporánea.

Recomendaciones 

·         Impulsar estudios genéticos históricos para precisar las rutas migratorias del Caribe. 

·         Adoptar marcos clasificatorios integrados que combinen etapas arqueológicas y grupos etnoculturales. 

·         Realizar estudios comparativos entre pueblos aborígenes caribeños. 

·         Recuperar fuentes primarias sobre prácticas curativas y farmacopea indígena. 

·         Profundizar en la figura del curador indígena como eje del conocimiento médico ancestral.

Resumen 

Este estudio examina el poblamiento prehispánico de Cuba y la concepción animista de la salud entre sus pueblos originarios. Se describen las prácticas terapéuticas basadas en saberes ancestrales, plantas medicinales y rituales dirigidos por los Buchu-itihu o Bohitos II y los behiques. Se reconoce la contribución de López Veitía, Mestre Hevia y De Gordon al rescate de estos saberes. Se recomienda profundizar en estudios genéticos, comparativos y archivísticos para ampliar el conocimiento sobre la medicina indígena y su legado cultural.

Agradecimientos 

El autor expresa su sincero agradecimiento al profesorado del Diplomado de Historia de la Medicina de la UNAM–México, cuyo rigor académico y acompañamiento constante hicieron posible esta revisión.

Nota del autor: Este es un IMRyD resumido para difusión web. 

Como citar este estudio:

González, E.A. (2025). Los aborígenes cubanos: saberes, creencias y prácticas ante la enfermedad. Una exploración histórico-cultural de la medicina indígena prehispánica (5140 a.C. – 1510 d.C.), [Trabajo de Diplomado de Historia de la Medicina no publicado]. Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, UNAM – México.

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