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jueves, octubre 22, 2026

¿Quiénes son los verdaderos médicos esclavos en Cuba?

 Por: Dr. Eloy A Gonzalez.*

A lo largo de varias décadas, las representaciones del realismo socialista en Cuba han ofrecido al mundo una imagen pulcra y heroica: el médico de "estatura continental", un individuo privado de ambiciones materiales que se eleva sobre las privaciones del tercer mundo armado únicamente con un estetoscopio. Esta narrativa ha forjado una "jiribilla colectiva" —perniciosa y simplista— que busca encapsular el drama del profesional de la salud exclusivamente en las misiones internacionalistas. Se menciona el término "esclavitud moderna" al aludir a la apropiación de salarios en países como Qatar o Argelia. A pesar de que esta afirmación representa una crítica válida, apenas representa la capa exterior de un engaño mucho más profundo y despiadado.

En la actualidad, continúa el debate constante y reiterado sobre las misiones médicas cubanas, el trabajo "esclavo" que llevan a cabo los profesionales de la salud cubanos en el extranjero y las difíciles circunstancias a las que se ven expuestos durante estas misiones. La frase "esclavos de batas blancas" alude exclusivamente a las remuneraciones, de las que el gobierno retiene la mayor parte de los fondos. Se pasa por alto que aquellos médicos cubanos que nunca lograron "salir a cumplir misiones" son, en un sentido estricto, considerados: esclavos.

No se puede comparar la experiencia de ejercer la medicina durante años en el "Pinarito de Cambute" en Oriente, como médico cubano, con el desempeño profesional bajo un contrato atractivo en una nación africana o en un hospital especializado de un país próspero del Medio Oriente. He señalado anteriormente: los verdaderos médicos cubanos en situación de esclavitud son aquellos que han laborado incansablemente en Cuba a lo largo de su vida profesional.

En relación con los beneficios. No resulta equivalente ejercer la profesión de médico o especialista, a ser un profesional que, adicionalmente, forma parte del Partido Comunista y ocupa un cargo administrativo relevante, disfrutando de asignaciones como un automóvil, vivienda y un estilo de vida más satisfactorio. Esto es válido si está en la capital, como médico residente casi siempre vía directa, en el post graduado o cumpliendo una misión internacionalista. Es fundamental denunciar la falacia de que el médico cubano vive bien. La realidad es que se creó una aristocracia de bata blanca estrictamente vinculada a la fidelidad política. Solo aquellos con el carnet del Partido en el bolsillo y un cargo administrativo en la solapa accedieron a la casa, al auto y al estilo de vida gratificante.

Se describe al médico cubano como un bloque unificado de abnegación en la retórica del realismo socialista. No obstante, hay una tendencia colectiva y perjudicial que se esfuerza por simplificar la realidad al limitar el debate únicamente a las misiones internacionales. Esta perspectiva es incompleta. Para comprender el entramado vergonzoso del sistema de salud en Cuba, es esencial diferenciar las distintas clases de explotación que ha creado el Estado. No todos los médicos "sufren" las mismas condiciones; hay una jerarquía de la servidumbre que abarca desde la "esclavitud light" de los contratos en países ricos hasta la esclavitud total y silenciada de aquellos que nunca abandonaron la isla. "Un médico que se ha formado, con un carnet de la juventud comunista en el bolsillo y que luego lo reemplazó por el del Partido Comunista no es igual a aquellos jóvenes "simples" como nos llamaban en la universidad, que completamos la carrera para formar parte de una multitud uniforme de médicos que van y vienen, tratados como esclavos disciplinados.  Siempre, los comunistas cubanos, carnet en mano, reciben un trato preferencial y asumen las ganancias secundarias de su posición meramente ideológica, siendo médicos y estén donde estén.

El discurso crítico actual suele centrarse en los "esclavos de batas blancas" en el extranjero. Pero seamos precisos: incluso en esa explotación hay matices de privilegio. No es comparable la experiencia en Qatar o Arabia Saudita con el rigor de Angola en los años 80. El médico que asume una misión recibe beneficios que funcionan como un paliativo frente a la confiscación de su salario por parte del régimen.

Yo mismo viví esa dualidad en Nicaragua. Recibíamos unos irrisorios 2.5 dólares mensuales, pero el régimen utiliza una combinación de recompensas y castigos para motivar al profesional a actuar de una manera específica y mantenida. Al regresar, nos esperaba un bono de entre 8 y 10 mil pesos y el "privilegio" de adquirir un auto. Eran prebendas diseñadas para comprar la lealtad y el silencio. Pero, ¿qué pasa con el médico que nunca cruzó el charco? ¿Qué pasa con el que se quedó sosteniendo el sistema en los hospitales ruinosos de la isla?

Pienso que para hablar de los médicos cubanos y sus derechos es necesario ser médico, haber participado o estar involucrado en misiones internacionalistas y haber vivido la experiencia de prestar un servicio médico social durante mucho tiempo en una zona inhóspita de Cuba; después de eso... ahí me cuentan.

¿Quieren que les diga que es la esclavitud de los médicos cubanos?

La verdadera historia de los médicos esclavos no empieza con el Servicio Medico Rural o Social como se le denominó más tarde. Comenzó con las decenas de médicos que, habiéndose graduado antes del 1959 y ejerciendo su carrera; cuando se produce la instauración socialista en Cuba y como consecuencia de esto la socialización de la Medicina, optaron por emigrar. Entonces ya se había echado el cierre a la Isla (agosto 1962). Se establecieron sanciones inimaginables para emigrar. Los mandaron a sitios muy alejados de su residencia y les impusieron un régimen de trabajo que era excesivo y riguroso. Era un castigo. Decía incluso la gente: "Es médico, pero lo castigan porque se va del país". Esta pena se prolongaba durante años. Los profesionales que eran castigados por ejercer su derecho a emigrar quedaban completamente destruidos.

La esclavitud, para muchos graduados en la Revolución,  comienza en el Servicio Médico Social. Es aquí donde el realismo socialista se convierte en una distopía personal.


Ese es el auténtico esclavo. El que, después de seis años de rigurosos estudios, casado y con hijos, era destinado por decreto a "Pinarito de Cambute" o a cualquier apartado lugar del oriente cubano. Mientras el mundo aplaudía las misiones en el extranjero, miles de profesionales experimentaban un exilio interno que duraba entre tres y cinco años. Una retribución geográfica donde el médico ganaba solamente entre 220 y 275 pesos cubanos; una cantidad irrisoria que se esfumaba en pasajes con la intención de ver a su familia al menos una vez al mes.

En realidad, era un destierro geográfico: los médicos de las provincias del occidente, especialmente los de la capital, eran enviados a la parte oriental del país; se les separaba de sus familias bajo el pretexto de que "la Revolución los necesita". Cuando se daban cuenta de que su salario era un poco más de 200 pesos al mes, lo veían como un sueldo apenas suficiente para subsistir y cubrir los costos de los frecuentes viajes que hacían con el fin de tratar de mantener la cercanía con su familia.

Viene como consecuencia de tanto tiempo de desarraigo familiar, social y profesional la mutilación profesional. Agotados y desanimados, ya teniendo que cargar con el peso del cuidado de toda una familia se ven escasamente motivados y carentes de tiempo como para considerar el acceso a residencias en especialidades competitivas. Al medico entonces no le queda otra opción que asumir la formación en Medicina General Integral (MGI) como destino final, consumiéndose en un consultorio de familia muchas veces distante y sin esperanzas de crecimiento.

El médico y su familia enfrentan un panorama muy adverso con el servicio de medicina social, las misiones nacionalistas y las misiones internacionalistas. Esto no solo causa una crisis económica, sino también una crisis humana: separación de los hijos, divorcios y la ruina del proyecto de vida. En la práctica, esto implicó que el médico y su familia fueran aniquilados; como resultado, las vidas se destruyeron.

La revictimización de los especialistas es un asunto conflictivo y poco discutido. En la categoría de "misiones nacionalistas", los médicos ya establecidos en la capital o en cabeceras provinciales fueron enviados nuevamente a hospitales de zonas interiores, como si fueran piezas de ajedrez, sin derecho a réplica ni compensación adecuada. Si hablamos de trabajo esclavo, pensemos en los médicos cubanos que, después de trabajar en la capital como postgraduados, residentes o especialistas, fueron calificados con el término "misiones nacionalistas". Se les escapó una buena parte de su vida profesional en dos años; ya se había perdido con el servicio médico social o con la misión internacionalista.

Para el resto, los médicos que se consumieron esperando el “permiso de salida”,  para el especialista que operó bajo apagones o el residente que hizo guardias de 24 horas con el estómago vacío, no hubo prebendas. Al final de una vida laboral entera, estos hombres y mujeres —los auténticos médicos esclavos— terminan sin un patrimonio que heredar, con jubilaciones de miseria y la sensación de haber sido estafados por una épica que nunca los incluyó en el reparto de beneficios.

Hay que haber transitado por unas etapas difíciles, obstáculos o situaciones complicadas que requieren gran esfuerzo, en los lugares más inhóspitos de la geografía cubana para tener el derecho de hablar sobre la salud en la isla. Hay que haber cumplido una “honrosa misión internacionalista”. Hay que haber sentido el peso inesperado de la "misión nacionalista" —ese eufemismo utilizado para reenviar especialistas a provincias como si fueran piezas de repuesto— para entender que el sistema de salud en Cuba no forma médicos, sino que extrae plusvalía humana hasta dejar el envase vacío. El "Pinarito de Cambute" no es solo un lugar geográfico; es el símbolo de una generación de profesionales que lo dio todo y no recibió nada. Es hora de que el mundo deje de mirar la propaganda y empiece a mirar las manos vacías de nuestros médicos jubilados.

2026

Para citar este articulo :

A Gonzalez, E. (2026). Medicina y Memoria en Cuba (Primera Edición, pp. 355–360). Arlington Book Publishing House. ISBN: Pending

*Médico Especialista de I Grado en Oncología. Profesor Instructor de Farmacología y Asesor Nacional del Colegio Médico Independiente de Cuba. Editor del Blog de Medicina Cubana y Religión en Revolución. Columnista, Blogger, FreeLancer Writer y Consultor de GLG. Posee un diplomado en Historia de la Medicina por la UNAM (2005) y es autor de cinco libros. Su trayectoria integra la práctica clínica, la docencia y el activismo social a través del periodismo de opinión.