El manejo de las crisis sanitarias en contextos de falta de transparencia suele transitar un camino peligroso: de la emergencia médica al secreto de Estado. A propósito del artículo “Epidemias en Cuba: nuestro Chernóbil”, estas notas de archivo arrojan luz sobre cómo el escamoteo de la verdad científica ha marcado la historia epidemiológica reciente de la isla.
El SIDA: Del silencio a la evidencia
La mentira no siempre es una invención total; a menudo,
consiste en el ocultamiento estratégico de los hechos. Así sucedió con los
primeros casos de SIDA en Cuba. Tras años de investigación y práctica clínica,
es posible afirmar que el diagnóstico tardío no fue falta de capacidad, sino
una política de silencio.
En la década de los 80, atendí personalmente a tres
pacientes que presentaban todos los indicadores del virus. Uno de ellos, tras
hallazgos histopatológicos concluyentes, fue reevaluado en el Hospital Hermanos
Ameijeiras, donde finalmente se categorizó como una Linfopatía Angio
Inmunoblástica Atípica. En aquel entonces, el sistema solicitó autorización
para publicar el caso bajo ese diagnóstico alternativo, evidenciando la
resistencia a reconocer la llegada de la epidemia a territorio cubano.
La Neuropatía Epidémica: ¿Ciencia o distorsión?
Otro episodio crítico fue la denominada "Neuropatía
Epidémica Cubana". Sobre este tema, expertos internacionales y médicos
cubanos en el exilio han denunciado el manejo retorcido de la crisis. El Dr.
Rafael Muci, experto de la OMS enviado a Cuba, y el neurofisiólogo Dr. Pedro
Coutín-Churchman (UCLA), han documentado cómo el enfoque totalitario permeó la
respuesta médica.
El artículo del Dr. Coutín-Churchman, “The Cuban Epidemic
Neuropathy of the 1990s: A glimpse from inside a totalitarian disease”, es una
lectura fundamental para entender cómo se instrumentalizó una emergencia de
salud para proteger la imagen del sistema.
Quizás el ejemplo más extremo de la politización de la
medicina ocurrió a finales de los setenta en Holguín. Siendo Jefe del Servicio
de Oncología en el Hospital Lenin, recibimos una "visita de
evaluación" del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR). La
verdadera razón de la inspección era la preocupación en La Habana por el
diagnóstico de tres pacientes con Linfoma de Burkitt (LB).
Dado que este tipo de linfoma tiene una variante asociada
a virus presentes en África, ciertos sectores en el gobierno, movidos por el
fervor ideológico más que por el rigor científico, temían que se tratara de un
"ataque del enemigo". La posibilidad de una epidemia de Linfoma de
Burkitt en su versión africana se manejó bajo un prisma de seguridad nacional,
sacrificando una vez más la serenidad de la investigación clínica ante el altar
de la paranoia política.
Este recuento de hechos demuestra cómo, cuando la
ideología se antepone a la verdad científica, la salud pública se convierte en
un terreno de sombras.
Créditos:
Autor: Dr. Eloy A. González
Referencia adicional: Epidemias en Cuba: nuestro
Chernóbil

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