lunes, marzo 23, 2026

Epidemias en Cuba: Entre el silencio y el control político

 El manejo de las crisis sanitarias en contextos de falta de transparencia suele transitar un camino peligroso: de la emergencia médica al secreto de Estado. A propósito del artículo “Epidemias en Cuba: nuestro Chernóbil”, estas notas de archivo arrojan luz sobre cómo el escamoteo de la verdad científica ha marcado la historia epidemiológica reciente de la isla.

El SIDA: Del silencio a la evidencia

La mentira no siempre es una invención total; a menudo, consiste en el ocultamiento estratégico de los hechos. Así sucedió con los primeros casos de SIDA en Cuba. Tras años de investigación y práctica clínica, es posible afirmar que el diagnóstico tardío no fue falta de capacidad, sino una política de silencio.

En la década de los 80, atendí personalmente a tres pacientes que presentaban todos los indicadores del virus. Uno de ellos, tras hallazgos histopatológicos concluyentes, fue reevaluado en el Hospital Hermanos Ameijeiras, donde finalmente se categorizó como una Linfopatía Angio Inmunoblástica Atípica. En aquel entonces, el sistema solicitó autorización para publicar el caso bajo ese diagnóstico alternativo, evidenciando la resistencia a reconocer la llegada de la epidemia a territorio cubano.

La Neuropatía Epidémica: ¿Ciencia o distorsión?

Otro episodio crítico fue la denominada "Neuropatía Epidémica Cubana". Sobre este tema, expertos internacionales y médicos cubanos en el exilio han denunciado el manejo retorcido de la crisis. El Dr. Rafael Muci, experto de la OMS enviado a Cuba, y el neurofisiólogo Dr. Pedro Coutín-Churchman (UCLA), han documentado cómo el enfoque totalitario permeó la respuesta médica.

El artículo del Dr. Coutín-Churchman, “The Cuban Epidemic Neuropathy of the 1990s: A glimpse from inside a totalitarian disease”, es una lectura fundamental para entender cómo se instrumentalizó una emergencia de salud para proteger la imagen del sistema.


          La paranoia como política sanitaria

Quizás el ejemplo más extremo de la politización de la medicina ocurrió a finales de los setenta en Holguín. Siendo Jefe del Servicio de Oncología en el Hospital Lenin, recibimos una "visita de evaluación" del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR). La verdadera razón de la inspección era la preocupación en La Habana por el diagnóstico de tres pacientes con Linfoma de Burkitt (LB).

Dado que este tipo de linfoma tiene una variante asociada a virus presentes en África, ciertos sectores en el gobierno, movidos por el fervor ideológico más que por el rigor científico, temían que se tratara de un "ataque del enemigo". La posibilidad de una epidemia de Linfoma de Burkitt en su versión africana se manejó bajo un prisma de seguridad nacional, sacrificando una vez más la serenidad de la investigación clínica ante el altar de la paranoia política.

Este recuento de hechos demuestra cómo, cuando la ideología se antepone a la verdad científica, la salud pública se convierte en un terreno de sombras.

Créditos:

Autor: Dr. Eloy A. González

Referencia adicional: Epidemias en Cuba: nuestro Chernóbil

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