domingo, septiembre 15, 2013

Consultorio médico de la familia: espejo de la medicina cubana

LA HABANA, Cuba, septiembre, 2013 – El sistema de salud cubano tiene una estructura vertical, con base en los consultorios del médico de familia, al que siguen policlínicos y hospitales.
En los años 80, cuando fueron creados, se pensó resolverían todos los problemas de salud de la población.
Muy pronto, los pacientes perderían la fe en los consultorios. Y hoy, la faena del médico de familia ha quedado reducida a tomar la presión arterial, dar recetas de medicamentos, y remitir pacientes a policlínicos y hospitales.
Isabel es una señora de 80 años, que nunca visita el médico de familia del barrio.  Y no es que la anciana no necesite cuidados médicos, sino que prefiere acudir directamente a los hospitales porque posee amistades que la “conectan” con especialistas. Además –nos dice– muchas veces el consultorio permanece cerrado y otras en lugar del médico está un estudiante que solo sirve para recetar aspirinas.
Ofelia, por su parte, no quiere que le recuerden al médico de familia. Resulta que su médico no vive en la vivienda anexa al consultorio. Se la ha dejado a su hija, su yerno y su nieto. Y aunque el médico acude a consultar por el día, está ausente en las noches y madrugadas. ¿Qué sucede si se presenta alguna emergencia médica?
El suegro de Ofelia falleció repentinamente en la casa, a eso de las siete u ocho de la noche. Y como no estaba el médico de familia para emitir el certificado de defunción, tuvieron que permanecer con el cadáver en la casa hasta el día siguiente, a media mañana.
Clara ha vivido mucho. Antes de la revolución –cuenta–, su familia era socia de la clínica privada “Acción Médica”, ubicada en Cocos y Rabí, en la barriada habanera de Santos Suárez. Por una cuota de dos pesos mensuales tenían acceso a todos los servicios de la clínica, con ingreso hospitalario incluido, además de los medicamentos que le hicieran falta. Incluso podían solicitar la visita médica a domicilio, la que no tardaba en llegar más de 15 ó 20 minutos después de ser solicitada. Ahora, en cambio, Clara se lamenta de que su médico de familia apenas “hace terreno”. O sea, no visita a enfermos en cama. “Bueno— advierte Clara— a no ser que les hagan regalitos”.
Consultorio en ruinas 
Amelia desea desesperadamente que la seleccionen para cumplir una misión médica en cualquier otro país. No importa que el gobierno cubano se quede con la gran parte de lo que les pagan a los médicos afuera. Pero cualquier cosa será más que lo que ganan en Cuba, de 15 ó 20 dólares mensuales. La doctora Amelia “resuelve” con lo que gana su esposo que, por las noches, cuidándose de la policía, alquila su automóvil, es botero ilegal.
Los pacientes no son los únicos inconformes con los consultorios del médico de familia. Una doctora que trabaja en un consultorio del Cerro — pidió anonimato–, se muestra agobiada: “Cuando uno llega al consultorio, a los 15 días conoce a todos los viejos del barrio, vienen aquí todos los días, por gusto, a estirar las piernas, pues no tienen otro lugar a donde ir”.
¿Y qué opinan los estudiantes de medicina?  El otro día, varias jovencitas ataviadas con el uniforme de ciencias médicas, merendaban en el banco de un parque. Una de ellas destacaba la importancia de obtener altas notas desde el primer día de clases, para conformar un expediente que garantice una buena ubicación después de graduadas. “Sí, claro— argumentó otra estudiante—, no vaya a ser que resbalemos, nos castiguen y nos manden para un consultorio del médico de familia”.
Fuente: Cubanet.
*Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.