martes, febrero 14, 2012

Los cubanos no tienen motivo para sentirse orgullosos de los servicios de salud que reciben.

Intercambio epistolar intenso en esto de los médicos cubanos y los servicios de salud en la Isla. Ya habíamos cerrado este asunto con el post: Dos periodistas cubanos opinan sobre las cartas de los médicos al periódico Granma. Pero en este punto tercia la bloguera Miriam Celaya quien hace unos días en su blog puso el post: La vitrina rota, para esta vez enfrentar los argumentos de la Dra. Alemán Matías que aquí ya incluimos. Dice Eva que ahora es Miriam:
 …, desde mi perspectiva personal salta a la vista que el mal es más profundo que lo que muchos creíamos. Para empezar, diríase que la Dra. Alemán entiende que los médicos son alguna especie de casta particular que debe colocarse por encima del resto de la humanidad. Es decir, la inmensa mayoría de los cubanos de cualquier profesión, ocupación y oficio pasan por idénticas privaciones materiales y problemas, tienen que esperar el ómnibus por largas horas, con frecuencia no tienen qué desayunar, cobran en moneda nacional y necesitan productos que se venden solo en divisas y, para más remate, se enferman. Ahí estriba nuestra mayor desventaja.
No, los cubanos no tenemos en realidad muchos motivos para sentir el orgullo que nos pide la doctora. Muchísimo menos, agradecimiento. En lugar de eso nos sentimos indefensos, vejados y muchas veces humillados. Nos sentimos impotentes porque no tenemos otro remedio que ir a solicitar servicios médicos de dudosa calidad. Asistir a un consultorio al azar en Cuba se ha convertido actualmente en una especie de ruleta rusa: solo si tienes suerte te salvas. Yo no juego.
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