lunes, diciembre 27, 2010

Un ojo de la cara.

LA HABANA, Cuba, diciembre 2010 – Ciento ochenta pesos convertibles aún debe pagar mi vecino Lester Navarro. Los pidió prestados a un amigo para implantarse un ojo de silicona que, según él, llegó de Francia, nada más y nada menos al precio de 500 pesos convertibles (12 mil pesos en moneda nacional). El implante de Navarro se realizó “por la izquierda”, mediante el llamado turismo de salud, en la Clínica Internacional de Retinosis Pigmentaria Camilo Cienfuegos, en la barriada del Vedado.
Es bochornoso saber que “abrir trochas, cruzar ríos o subir montañas” no es impedimento para los colaboradores cubanos y extranjeros de la salud (graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina) que integran las misiones Moto Méndez y Manuela Espejo, para atender a los necesitados, siempre que no sean cubanos. Cuba (y sus médicos), como parte de ALBA, se encarga de atender –donde sea que estén- a los discapacitados bolivianos, ecuatorianos, venezolanos o haitianos, darles seguimiento y dotarlos de sillas de ruedas, muletas, prótesis, balones de oxígeno y medicamentos de todo tipo.
Pocos cubanos conocen que, alejado de la capital, en un sitio llamado Cangrejera, existe el Centro Internacional de Prótesis, administrado y dirigido por el Gobierno. Fue por esta vía que mi vecino adquirió, mediante un convenio existente entre Cuba y Francia, su prótesis de silicona.
Imagino que, también “por la izquierda”, otros cubanos, con otras limitaciones y siempre y cuando paguen al contado o tengan “padrinos que los bauticen”, puedan agenciarse una prótesis de última generación, sea o no importada. Lo cierto es que este centro importador de prótesis no se hizo para atender legalmente a los nacionales de a pie, aunque tengan la posibilidad de costear los tratamientos en moneda convertible.
Para que se tenga una idea, el costo de estos implantes de ojo mediante paquetes de turismo de salud, es de 3 mil pesos convertibles, unos 3 mil 300 dólares con la aplicación del 20% de gravamen. Puede solicitarse el servicio desde cualquier lugar del mundo, vía telefónica o por Internet; se incluye en la factura las pruebas de diagnóstico, el internamiento en la Clínica Camilo Cienfuegos y el seguimiento postoperatorio.
¿Por qué el Gobierno no organiza una “misión” para ayudar a aquellos combatientes internacionalistas que perdieron un ojo o algunas de sus extremidades en las guerras de Angola o Etiopía? ¿Saben los dirigentes cuántos cubanos tienen que adquirir “por la izquierda” una silla de ruedas, un balón de oxígeno o un tratamiento con antibióticos de amplio espectro?
Es risible decir, para unas cosas, que estamos “bloqueados por el imperio”, mientras hay todo lo necesario para ofrecer excelentes servicios en divisas y sólo para extranjeros; sobre todo si, de paso, se pone en alto el prestigio del “sistema de salud cubano”. Quinientos pesos convertibles por una prótesis ocular en otro país puede parecer menudeo, pero en Cuba, donde el salario promedio oscila entre 15 y 16 pesos convertibles mensuales, esa cifra representa dos años y seis meses de trabajo.
El Centro Internacional de Prótesis (donde se practica el llamado turismo de salud), las farmacias en divisas, los hospitales para extranjeros, el laboratorio antidoping, las clínicas para jefes militares y civiles, entre otros servicios exclusivos, operan bajo la más estricta segregación, un verdadero apartheid de la salud.
Mi vecino, para sufragar el gasto de su prótesis tuvo que vender su refrigerador, un juego de sala, parte de la vajilla de su abuela y algo de su ropa. Apenas lleva un mes de operado y no quiere tomarse el tiempo de reposo. Anda en su “movida” para pagar la deuda, porque como él dice: “esto me costó un ojo de la cara, pero gané otro”.
Fuente: Cubanet.