domingo, octubre 29, 2006

Un niño cubano necesitado de una operación se convierte en un ciudadano de segunda clase.

Ciudadano de segunda clase.

Por: Shelyn Rojas. *

Si naces en Cuba eres un ciudadano de segunda clase, mientras vivas en ella. Los derechos quedan para los que poseen un pasaporte con ciudadanía, heredada o por nacimiento en otro país. Quizás… tal vez, si queda algo después de la repartición, se acuerden del cubano, le toque algún derecho. Pero es para otro tipo de cubano, los privilegiados. Los cubanos de segunda clase quedan en el olvido.

Joan San Pedro Brito es un niño de seis años de edad. Para él, la repartición se quedó en veremos. Hace dos años su madre la señora Anisley lo llevó al hospital Materno del Cerro. Le preocupaba que Jean, a diferencia de otros infantes de su edad, no desarrollara. Allí le hicieron los análisis correspondientes. Le diagnosticaron cálculos en la vesícula y los riñones. Su tratamiento es quirúrgico. De no ser operado a tiempo, los cálculos obstruirán las zonas donde circula la bilis. El resultado es letal.

Mientras estaba en observaciones, empezó a presentar cuadros de vómitos y diarreas que le llevaron a una desnutrición crítica. Joan tuvo una dieta alimenticia "racionada" especial, que duró poco tiempo. Cuando Anisley fue a renovar la dieta, se la negaron. Comenta Anisley que después de dos años, ingresaron a Joan para la operación. En la sala de espera, el día previsto, le recomendaron que regresara a su casa y esperara. Sería avisada nuevamente.

A Anisley y su hijo no les quedó otra alternativa que salir del hospital. Al cabo de cinco meses Anisley volvió al hospital. Su hijo cada vez se agravaba más. Los doctores Hermes y Vázquez le recomendaron que buscara por su cuenta otro hospital. Estos doctores, sin darle una explicación, le expresaron que su hijo no podía ser operado allí.

Anisley gestionó para que Joan fuera atendido en el hospital infantil William Soler. Allí le informaron que tenía que esperar tres meses. Había atraso en la lista de operaciones. Anisley aún mantenía las esperanzas que la patología de su hijo se resolviera. Había esperado lo mucho, que importaba la espera de lo poco.

Llegó el mes de octubre. Joan sería operado el día 17, según la lista. En la recepción no había personal para informaciones. Anisley le preguntó a una enfermera de la consulta hacia dónde debía dirigirse y comenzar hacer las gestiones correspondientes para el ingreso de su hijo. La enfermera le informó que no se estaba operando, que el salón se encontraba cerrado.

Anisley le respondió que estaba errada, el día anterior por mediación de una llamada telefónica le habían dicho que sí estaban operando. Al cabo de un rato la enfermera regresó y le confirmó que el salón de cirugías estaba cerrado. Según la enfermera la causa era el virus que asota a toda la isla, dengue.

Mientras Anisley esperaba su turno en la consulta para que la doctora le diera una explicación se aparecido una delegación de la Misión Milagro. Más de veinte niños peruanos venezolanos y demás. Estos niños fueron asistidos de inmediato. Los niños cubanos que se encontraban allí desde horas tempranas para ser atendidos, tuvieron esperar.

Comenta Anisley que su hijo junto a otro niño que tenía turno para ser operado fueron citados para que en el mes de enero se alistaran nuevamente. La verdadera razón por lo que el salón de operaciones estaba cerrado, afirma Anisley, era por que los niños de la Misión Milagro iban primero.

Joan mide un metro de estatura y su peso corporal no sobrepasa las 29 libras. La desnutrición causa de su enfermedad, si no es atendida a tiempo, lo llevara a la muerte. Joan es un niño de segunda clase. Para Joan no existe quizás… ni tal vez.

* Periodista independiente cubana. E-mail: shelyn2005@hotmail.com