viernes, julio 11, 2014

Gilberto Francisco, un niño de la frontera, que murió en el intento por llegar a Chicago.

Gilberto Francisco Ramos Juárez, de tan solo 11 años, salió de San José Las Flores, Chiantla, Huehuetenango, con la ilusión de llegar a Chicago, pero fue hallado muerto hace dos semanas, vestido con pantalones de Angry Birds, botas de cuero negro y un rosario blanco alrededor del cuello. Esta es parte de la  información pero no toda la información casi qué diría que es la que queremos oír; la que permite que podamos asumir el problema de más de 50 mil niños, la mayoría proveniente de Centroamérica  que han arribado a la frontera sur de los Estados Unidos  en lo que se ha dado en llamar de manera eufemística: la crisis humanitaria en la frontera.  A  los principales protagonistas ya les decimos, los niños de la frontera.
Gilberto Francisco, de no haber muerto, seria ahora un niño más de los que han arribado a los Estados Unidos en una marea humana que algunos estiman llegará a más de 100 mil en el presente año; estaría ahora en alguno de los muchos albergues que se han creado o andando de la mano de algún adulto camino a su lugar de destino. Solo que no ha sido así, este niño ha sido la víctima propiciatoria de esta arribazón de niños a los EEUU. Se necesitaba argüir que esto es peligroso pero no es así; parece que solo concierne al país al que se arriba, los Estados Unidos, que ha permitido que se llegara a esa situación.
Autoridades de Texas, EE. UU.,
 muestran piezas de la ropa que llevaba
 el menor guatemalteco 
Gilberto Francisco Ramos Juárez, hallado muerto.
 Es así que decenas de miles de niños centroamericanos llegan a los EEUU porque este país no hizo una Reforma Migratoria, las leyes para permitir la estadía de personas ilegales en este país y eventualmente hacerlos ciudadanos no se promulgan porque los republicanos no quieren y se oponen. Los niños en sus países son víctimas del hambre, la falta de oportunidades y la inseguridad; esta última por las actividades de las pandillas o maras que tratan de reclutar a los adolescentes y ven en los niños sus futuros miembros. Como los padres en los países centroamericanos o ya instalados en los Estados Unidos han visto señales que apuntan a que se tomaran medias para legalizar a jóvenes graduados que, aunque ilegales, han pasado toda su vida en los EEUU  y se evitaran las deportaciones por razones humanitarias en tanto que el Presidente afirma que va a gobernar por decreto pues no hay tiempo que perder…, por todo esto; es mejor estar aquí a estar allá. La solución es simple: vayamos a los Estados Unidos con nuestros hijos o tratemos de que lleguen a ese país  para que se reúnan con los familiares que ya están establecidos aun cuando no están de manera legal.
Las argumentaciones son tan simples y las historias de separación familiar son realmente tristes, por lo tanto la situación está creada como para que se asuma la irresponsable decisión de viajar o hacer viajar a un niño o niña, hacerlo cruzar fronteras, viajar en condiciones muy riesgosas y pasar por áreas donde la delincuencia y el mal campean.
Del  niño guatemalteco Gilberto Francisco se  contaron muchas historias, todas similares; no faltó la manipulación mediática y el cotorreo que busca usar una muerte para insistir sobre la necesidad de que el país modifique sus leyes migratorias. Los medios hispanos ya no saben que hacer ni que decir, pero la realidad de decena de miles de niños en peligro que viajan solos o acompañados en un acto de irresponsabilidad de los padres, es algo que parece no interesarles. A toda esta alharaca se suman  las organizaciones pro inmigrantes y caritativas que lejos de hacer su trabajo se entrometen en la política federal o local y tratan de socavar las mejores intenciones y el desempeño de aquellos que buscan soluciones con apego al derecho. Leguleyos, chupatintas y babosos hablan de manera tan inopinada que más que generar soluciones causan  confusión y enojo. Hay tantas organizaciones pro inmigrantes que una mirada sagaz a estas nos haría preguntar de donde vienen  los recursos para tantas gentes; otro tanto ocurre con las organizaciones caritativas, algunos se creen que tienen el patrimonio del amor al prójimo.
Volviendo al niño Gilberto Francisco, este salió de una comarca rural de Guatemala, dicen que porque la madre estaba inválida y buscaba dinero para ayudarla; las imágenes eran de una mujer que no parecía inválida en una casa bastante adecuada. El padre afirmaba a la prensa que donde quiera se muere, mientras que el hermano, que seguro fue el que lo embulló, desde Chicago y cariacontecido afirmaba a la prensa que no debió de viajar para morir de este lado. Este era el tercer intento del niño para pasar; el coyote cobró 6 mil dólares. Esta suma y la que debió dar en los dos intentos anteriores sería suficiente para atender a su madre necesitada.  ¿Quién es el responsable de esta muerte?, los odiadores contumaces de este país señalarán a la política migratoria de los EEUU que no abre las puertas a tantos y tantos inmigrantes necesitados, dirán que no existe los mecanismos idóneos para que tan pronto lleguen al Rio Bravo sean recibidos con todos los medios para ser atendidos, hechos los trámites de ingreso al país y relocalizados como refugiados. Las críticas malintencionadas a las condiciones iniciales en que son atendidos estos niños y sus acompañantes,  demuestran un desprecio gratuito por un país que acoge y sustenta.
Hoy sabemos de la muerte de Gilberto Francisco, de los otros que quedaron en el camino nada sabemos; tal vez nunca lleguemos a saber. Cuando pase el tiempo es posible que  escuchemos historias de adolescentes y niños que terminaron en algún burdel a su paso por México donde buena parte de sus vidas les fueron robadas. Tal vez oigamos algunas historias de adolescentes y niños que fueron usados como esclavos laborales, sexuales y en el sucio y creciente negocio de la pornografía infantil. Muchos engrosaran las filas de los miles de indigentes que deambulan por México y que se niegan a regresar a sus países a la espera de un mejor momento para intentarlo una vez más. Para algunos estarán reservados los servicios dentro de las insaciables huestes de los carteles del narcotráfico, que siempre tienen trabajos disponibles para los que trafican o matan.
Hay un ejercicio colectivo de hipocresía en esto de los niños de la frontera. Las responsabilidades no se comparten. Los padres son los principales responsables de poner en peligro a sus hijos. Los gobiernos centroamericanos ven el asunto con un desdén que corrompe la conciencia. México sirve de tránsito y nada hace, no ya por evitar esta migración desordenada, sino para cuidar en lo posible a estos niños. Los delincuentes se frotan las manos, coyotes o polleros están haciendo su agosto, por eso son los principales promotores de informaciones tendenciosas y mentirosas. Los Estados Unidos muestran una actitud compasiva, realista pero confusa; al no crear los mecanismos adecuados para atender a una población de menores que ha superado los recursos en poco tiempo; la situación los ha excedido y ha surgido  una ineptitud  casi contagiosa en un país ordenado y rico. El momento no es de pararse con una pancarta delante de un Ómnibus que traslada a estos niños, mucho menos de andar formando milicias; el momento es de compasión y participación solidaria si es preciso, sin altisonancias o protagonismos.
Un niño salvadoreño le dice a un religioso mexicano en un puesto de ayuda en Chiapas, “voy a regalarme a los Estados Unidos”. Un joven hondureño que viaja sobre La Bestia junto a sus dos hermanos  le dice a un reportero que lleva a sus dos hermanos menores a entregarlos en la frontera a la migra…, lo que pase conmigo no me importe, añade. Una joven madre guatemalteca con una niña de unos 3 años le dice al reportero que va para los Estados Unidos “porque allí reciben a los niños y a sus mamas”.
¿Cuantas historias faltan por contar? ¿Cómo terminará todo esto?

08.07.2014©