martes, diciembre 14, 2010

La odisea de un dentista lesionado en Cuba .

El Dr. Cesar Emilio Brito, de 53 años de edad, en días reciente tuvo que ser socorrido por su vecino Pedro Antonio Sánchez, cuando el Dentista sufrió un accidente doméstico rajándose la cabeza. Literalmente, chorreando sangre fue trasladado de urgencia al Hospital Miguel Enríquez situado la barriada de Luyanó, La Habana. Vecinos de calle Santa Felicia 156 y 158, Luyanó.
La hazaña de ser atendido en el centro médico fue más traumática que, incluso los once puntos que le indujo el accidente. El Dr. Brito, en el centro médico sobrevivió por las ganas de contar la odisea vivida, y Pedro Antonio narró el suceso:
Al llegar en el auto que trasladaron al accidentado al Hospital, el acceso a la rampa del cuerpo de guardia fue inaccesible, ya que enganchaba una cadena, después de bajar al accidentado en plena vía pública, entonces la puerta del cuerpo de guardia se encontraba atascada, provocó la ira de Pedro Antonio, que gritó: ¡esto es un matadero o una unidad militar, alguien que se apiade, por favor, abran!
Minutos de espera, mientras, alguien fue en busca de la llave. En el recinto médico no aparecía ninguna camilla y varias enfermeras leyendo o conversando cualquier cosa inconsulta, y no le interesaba lo que pasaba a su alrededor. Pedro Antonio, gritó de nuevo, ¡un médico carajo que se muere un herido! Mientras, la hemorragia de sangre bañaba a ambos.
Al fin apareció un médico, y ordenó a una enfermera en la faena de controlar la sangría y suturar la profusa herida, mientras el accidentado se quejaba de un dolor espantoso que lo fatigaba.
Foto de la izquierda: Entrada del Hospital Miguel Enriquez en La Habana, Cuba.
A mano limpia y sin guantes antisépticos, ni anestesia local, el joven galeno se dio a la tarea como componer aquella herida, con una aguja sin filo y un hilo más gordo de lo apropiado. El paciente-dentista, rectificó el números de hilo y aguja para esos menesteres, el médico le informó, es lo único que se dispone para los cubanos de a pie. La consulta exhibía una falta de higiene apocalíptica.
Al final de la faena, después de desmayarse varias veces, el dentista le pidió al joven médico una placa y el clínico, declinó: “sólo se autorizan placas para casos graves”.
Treinta mil cubanos, profesionales de la salud prestan servicio en Venezuela en el Proyecto Barrio Adentro. El estomatólogo estuvo en ese programa, que la atención médica en sentido general es honorable. Mientras, la medicina cubana en la Isla, sólo es de excelencia para extranjeros y la élite comunista, que cuentan con en centros especializados de tecnología en punta, enclavado en distrito aislado e inaccesible al cubano de a pie, léase: sitios congelados para extraños es un axioma oficial.
Los profesionales de la salud, que regresan a Cuba a reincorporarse a los centros asistenciales chocan con la realidad, cuando ellos mismos se convierten en paciente y demandan ser atendido con el celo de sus colegas, ya sea, la sutura de una herida o la necesaria placa para reconstruir la fractura de un hueso o la ruptura de un tendón.
El Dr. Brito, contó a sus familiares, que daba gracias a Pedro Antonio, que por la entereza y exigencia de éste, salvó milagrosamente la vida. El dentista fue víctima del ocio, el tedio y la falta de solidaridad, Es el accidente más común en los cuerpos de guardia de la “potencia médica cubana”, que no tiene cura para los nacionales de a pie, y constituye: La epidemia clínica y endémica al son del castrismo.
*Periodista independiente cubano. Agencia Hablemos Press