sábado, junio 21, 2014

¿Cómo es posible que en Cuba, una sobredimensionada potencia médica, sea tan difícil aliviar el dolor de un nacional?

¿Qué puede hacer un niño con un ataque de asma, ante la falta de aerosol y la negligencia médica?
HABANA, Cuba -¿Qué puede hacer un hijo de vecino con un dolor que le atraviesa el pecho, un ataque de asma, o una subida de tensión arterial, sentado en un cuerpo de guardia escuchando música instrumental,  ante la falta de implementos médicos y la negligencia o desinterés de muchos trabajadores de la salud?
¿Acaso la insoportable angina se calma sustituyendo la tableta de nitroglicerina debajo de la lengua con los acordes de El Bolero, de Ravel? ¿La falta de boquilla para el aerosol de un asmático se resuelve con Stardust, de Armstrong? ¿La tensión arterial se baja con un Nocturno de Chopin?
Sin embargo, Maricel Oliva, doblada de dolor, y debido a la falta de papel para realizarle un electrocardiograma en el policlínico Carlos J. Finlay, de Marianao, antes de ser atendida en el Cuerpo de Guardia del Hospital Clínico Quirúrgico Calixto García, en el Vedado, tuvo que escuchar un popurrí de música instrumental.
Hospital Universitario Gral Calixto Garcia, La Habana ,Cuba
“El técnico no está. La recepcionista dijo que no me desespere, pues lo mejor para el dolor en el pecho es la música instrumental, que relaja, hace circular la sangre y mejora el ritmo del corazón. Para música estoy yo”, me dijo y se tapó los oídos para no escuchar las notas “combativas” de El Mayor, de Silvio Rodríguez, en una versión instrumental de la Orquesta Sinfónica Nacional.
En el área de espera del Cuerpo de Guardia, una señora de la tercera edad, ante la ausencia del camillero, era conducida hacia la enfermería por una joven que, sin destreza para conducir la  camilla, topetaba con la pared y se detenía, bajo la melodía de Los ejes de mi carreta, de Atahualpa Yupanqui.
Una joven que apenas podía hablar por la congestión pulmonar, parándose de una silla sin espaldar colocada junto al pestilente baño, se sentó a mi lado y expresó: “En el policlínico Reina, de Centro Habana,  no hay boquilla para dar el aerosol, y cada vez que tengo reforzamiento  tengo que venir hasta aquí”
En las más de tres horas que aguardé por mi turno para ser atendido por alguno de los tres médicos de guardia que atienden las “urgencias”, más de 100 personas con distintas dolencias pasaron por la sala de espera, y pocas salieron satisfechas con la atención recibida.
Un señor que dijo nombrarse Roberto  y no tener miedo a denunciar ningún tipo de negligencia, aseguró que hacía más de una semana corría del consultorio de la familia, en Centro Habana, al policlínico Van Troy, en ese municipio, y de ahí a “este Calixto García remozado, pero con igual desatención”.
Esto es lo último que me podía pasar. Me recetaron Enalapril para controlarme una tensión que por más de una semana osciló entre 200 con 100, pero como no resultó, pues según la enfermera del consultorio esta tableta no siempre es efectiva en personas de color, me mandó Captopril  y aquí no hay”.
Jóvenes, adultos, personas de la tercera edad, se preguntan cómo es posible que en una sobredimensionada potencia médica, con acceso gratuito para todos los ciudadanos del país, y una hoja impecable de atención a extranjeros, tanto aquí como en sus países, sea tan difícil aliviar el dolor de un nacional.
Preguntado Roberto sobre el tema, me contestó para Cubanet: “Estos son unos asesinos silenciosos. Como trabajan con un pie aquí y otro soñando con una misión en la selva de Brasil, Timor Leste o en el Ecuador, para resolver sus problemas, poco les importa que explote quien  no tiene nada que ofrecer”.
Ni los aumentos salariales que aún no les alcanza para terminar el mes, o el mejoramiento de las condiciones laborales en algunos centros hospitalario del país, logran un servicio eficiente por parte de muchos trabajadores de la salud, que delegan en Debussy, Mozart o Leo Brouwer, la responsabilidad de curar.

*Periodista independiente cubano, reside en la Ciudad de la Habana, Cuba.