jueves, enero 13, 2011

A un año de las muertes por frio y hambre en La Habana de pacientes psiquiátricos.

LA HABANA, Cuba, enero 12, 2010– Me arriesgo a asegurar que si en un hospital psiquiátrico de alguna gélida región de Estados Unidos decenas de pacientes hubieran muerto de hambre y frío a causa de la indolencia, la prensa cubana le dedicaría un extenso espacio.
De igual forma, sospecho que si el señor Michael Moore irrumpiera en el hipotético hospital con sus cámaras, para documentar el hecho, el documental pronto se exhibiría en nuestra televisión y se debatiría ampliamente en el programa Mesa Redonda.
Sin embargo, semejante hecho ocurrió en Cuba, donde predomina la calidez, brilla el sol durante la mayor parte del año, y la temperatura promedio en invierno es de 20 grados Celsius.
El manicomio Mazorra( Hospital Psiquiatrico de la Habana) se encuentra a sólo 15 Kilómetros al sur de La Habana, y tras la oleada invernal de enero de 2010, los vecinos de la conurbación del aeropuerto internacional José Martí, y el residencial Altahabana, vieron cómo bajaba la temperatura a 3 grados centígrados.
Foto a la derecha de las victimas , enfermos psiquiatricos del Hospinal Psiquiatrico de la Habana.
Las personas que se abrigaron con colchas, pernotaron en una edificación con mínimas condiciones de protección y se alimentaron adecuadamente, con seguridad salieron ilesas de las bajas temperaturas. No es normal que alguien, que se encuentre dentro de un edificio, muera porque la temperatura exterior baje a 3 grados centígrados. Pero, desgraciadamente esa fue la suerte corrida por las víctimas mortales del hospital psiquiátrico.
Según informaciones de un funcionario del Ministerio de Salud Pública, que por razones de seguridad no puede revelar su nombre, la cifra real de muertes rebasó las cuarenta personas, muy por encima de las 26 que el gobierno admitió. Además, se confirmó que la mayoría murió no sólo por hipotermia, sino también por inanición.
Las pesquisas arrojaron varias causas para la tragedia, entre ellas el deterioro de las ventanas del hospital, que no habían sido reparadas “por falta de recursos”, la falta de ropa de cama y de ropa adecuada para los enfermos, la alimentación desastrosa, la barbaridad de que los pacientes de conducta agresiva eran bañados con chorros de agua a temperatura ambiente y, además, los expedientes clínicos evidenciaron que las víctimas no habían sido examinadas por los médicos desde hacía más de 6 meses.
También se destapó la corrupción imperante en el hospital, principalmente la sustracción de medios por parte de algunos empleados para su beneficio personal: alimentos, vestuario, ropa de cama, donaciones de organizaciones caritativas, etc. Por último saltó de las gavetas una circular emitida por el Primer Vicepresidente del Consejo de Estado, José Ramón Machado, ordenando “reajustes alimentarios” en las instituciones del Sistema Nacional de Salud.
Además de los resultados de la investigación, el testimonio gráfico del hecho es espeluznante; las fotos tomadas en la morgue mostraron el deplorable estado de los occisos, sus osamentas sobresalían como si fueran víctimas del holocausto, y se hicieron evidentes las golpeaduras, lesiones, escaras, heridas sangrantes. En sus rostros quedó plasmada la angustia de los últimos instantes de sus vidas.
Ha transcurrido un año y “aquí no ha pasado nada”. Ni responsables, ni acusados, ni juicios. Las autoridades no han vuelto a hablar del hecho.