domingo, marzo 09, 2008

¿Técnicas de control del pensamiento en Cuba? ¿Por qué y para qué?

Hemos tomado esta información titulada: La isla que se repite, del directo e irreverente sitio denominado: Los Miquis de Miami. Esta información la incluimos en nuestro Blog, porque en realidad no nos sorprendería si cada una de esas líneas responde a la verdad. Hay mucha tela por donde cortar en la realidad de nuestra sufrida Isla. Hay muchas historias ocultas que aún hay que contar. Tal vez el solo hecho de mostrar aquí esta información nos permita conocer algún día el tenebroso andamiaje de una dictadura pervertida. (El Editor)
La isla que se repite.
En su comentario….., noticia que Mariela Castro y CENESEX se preocupan por el cambio de sexo ya que el régimen decidió meterse en este negocio quirúrgico a gran escala. Los médicos y personal paramédico se entrenarán con pacientes cubanos para luego atender a pacientes extranjeros en un centro que ya están construyendo. Así Cuba se torna una suerte de isla del doctor Moreau y al parecer lleva razón.
Quizás uno de los ejemplos más ilustrativos sea el tinglado que montó el Instituto de Materiales y Reactivos (IMRE, Universidad de La Habana) tras confiarle el doctor Oscar Ares a Fidel Castro, de paso por allí, que estudiar las ondas electromagnéticas del cerebro podría dar pie a técnicas de control del pensamiento. El principio físico es simple: las débiles corrientes eléctricas del cerebro humano generan ondas magnéticas que, si pueden descifrarse, también podrían inducirse para inculcar determinada idea. Enseguida llegaron los fondos y se armó el dispositivo de registro de ondas cerebrales dentro de un cubículo de madera, para evitar las interferencias electromagnéticas del entorno. Se coordinó llevar a cabo las exploraciones con pacientes de enfermedades terminales, remitidos por el Hospital Calixto García. En el primer intento con una viejita falló el control de temperatura con nitrógeno líquido y al cabo hubo que desechar aquel errático artefacto con apariencia de cañón. En lo adelante, nadie pudo entrar al cubículo salvo por fisura del sistema de seguridad.
Los fondos remanentes del proyecto se desviaron hacia tareas menos engorrosas del Laboratorio de superconductividad del IMRE, donde bajo la dirección de Ares trabajaban Ernesto Altshuler, Celia Hart y otros físicos. Entretanto, los problemas del «período especial» ocuparon tanto a Castro, que olvidó pedir cuentas al doctor Ares.