miércoles, enero 17, 2007

Cuba: Alimentos contra la Salud humana.

Por: Fabián D. Arcos.
La Habana, Cuba - Enero 2007 - En los medios de comunicación cubanos se publican a veces algunas informaciones referentes a intoxicaciones alimentarias masivas ocurridas en distintas localidades del país, pero con mayor profusión en la capital. Los hechos se conocen cuando resulta imposible silenciarlos.
En ocasiones han aparecido reportajes donde la policía ha detenido a negociantes inescrupulosos que fabricaban productos alimenticios de mala calidad. Tales informaciones han estado encaminadas a denigrar a los productores particulares, aunque los mayores problemas se han detectado en el sector estatal.
Las dificultades que tiene el cubano para garantizar su alimentación diaria lo obliga a recurrir a establecimientos de ofertas gastronómicas, tanto estatales como privados. Fiambres y alimentos ligeros son producto de adulteraciones en su contenido, que en muchos casos atenta contra la salud de los que los ingieren, aunque a veces los consumidores no se percaten de ello.
En Cuba, donde la salud pública es uno de los éxitos más publicitados por el gobierno, existe un cuerpo de inspectores encargado de velar por la calidad de los alimentos que se producen y venden a la población, ya sean elaborados o naturales. Se trata del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos, adjunto al Ministerio de Salud Pública.
Un grupo de investigadores de esa entidad realizó un estudio reflejado en un informe no publicado que refleja una situación en extremo alarmante. Alertan de que antiguos patógenos de transmisión alimentaría han dado lugar a nuevas enfermedades.
El estudio sobre control sanitario de las frutas y vegetales demostró que los nuevos microorganismos que producen desórdenes gastrointestinales han aumentado en los últimos 20 años.
En el informe, dedicado a los vegetales, se aclara que portan microorganismos provenientes de su propia flora, además de absorber los que se hallan en el suelo y en las aguas con que fueron regados. También se adicionan mohos y levaduras dañinos al ser humano.
Como se carece de fertilizantes y el agua para el regadío no ha estado abundante en los últimos años, se han utilizado aguas contaminadas con heces y, en forma de abonos orgánicos las excretas de gallinas, bostas de vacunos y de todo tipo de animales, que son inocuas cuando reciben un tratamiento adecuado, y muy dañinas si se utilizan sin el mismo.
El informe hace énfasis en la existencia de quistes de giardias en las lechugas y de fascciola hepática en el berro, las formas de infestación más común entre los consumidores humanos. Y aunque es una medida generalizada lavar bien los vegetales con agua potable antes de su ingestión, los especialistas plantean que ese tratamiento sólo remueve una porción de las células microbianas, por lo que se deben de enjuagar por lo menos dos veces, haciendo el segundo enjuague con ácidos orgánicos como el acético o el vinagre.
Productos como la remolacha, la papa, col y el apio se pueden conservar durante un tiempo limitado a temperatura de 15 grados centígrados. Pero sólo la papa y algunos alimentos seleccionados son almacenados en frigoríficos. Si es cierto que la congelación disminuye el número de microorganismos, en un clima tropical como el nuestro la durabilidad de la mayoría de los vegetales es limitada y las posibilidades de infección son elevadas.
En los agros mercados actualmente se ofertan conservas de vegetales elaboradas de forma artesanal, pero no siempre las materias primas son frutas y vegetales sanos, sin insectos ni parásitos, libres de cuerpos extraños en su superficie ni alteraciones físicas o mecánicas en los mismos. Como norma no deben de pasar más de 48 horas entre la recogida de esos productos y su elaboración.También se alerta sobre el peligro que representa la adquisición de jamones y pollos ahumados elaborados con productos químicos que en su mayoría resultan tóxicos, y que no siempre se emplean en las proporciones adecuadas, lo que ha causado intoxicaciones masivas.