lunes, marzo 05, 2007

El aborto como planificación familiar.

Por: Miriam Herrera Calvo.
CEFM
La Hababa, Cuba – Febrero 2007 - Desde el inicio del proceso revolucionario, mediante un enfoque político e ideológico con la supuesta emancipación de la mujer, se modificaron los patrones históricos-culturales, en perjuicio de la familia, sus creencias religiosas y de la propia mujer.
La aparente libertad se transformó en irresponsabilidad social y se sustituyó la moral histórica por la moral socialista. Es importante analizar estos conceptos para comprender los fenómenos que enfrenta la sociedad cubana contemporánea. Mediante este análisis es posible evidenciar el impacto de un proceso de larga duración y su incidencia en las problemáticas actuales que puedan explicar los procesos de cambio y resistencia a los mismos.
Uno de los conceptos más golpeados fue el de las relaciones sexuales, que pasó de ser de un componente básico del matrimonio a una actividad de placer, que entra dentro de los presuntos derechos alcanzados por la revolución, formando parte de la modernidad y de las llamadas conquistas de la mujer.
Los nuevos conceptos no solamente contaron con la aprobación de la mayoría, encargada de llevarlos a la práctica, sino que el entorno creado por el propio proceso facilitó su radicalización. La mayoría de los adolescentes, que eran los que se encontraban en una etapa muy activa sexualmente, se incorporaron a planes estatales: becas, movilizaciones masivas, misiones internacionalistas, etc., que los sacaban del control de los padres y de la reprobación de la sociedad en su comunidad, lo que les permitía abandonar con facilidad las restricciones de la conducta tradicional.
Este nuevo comportamiento traía consigo un gran inconveniente, el embarazo precoz o no deseado, potenciado además por la falta de anticonceptivos convencionales como el condón. Lo más comunes eran los anticonceptivos intrauterinos, pero conllevaban la molestia, por no decir el inconveniente de ir al médico que, además, marcaba la evidencia de su comprometimiento sexual.
El aborto se fue convirtiendo en el método más común y práctico, ya que de no producirse el embarazo, no sería necesario. Además, los trámites ante las autoridades médicas casi eran los mismos para un aborto que para colocarse un anticonceptivo.
La política estatal de flexibilizar al máximo los abortos contribuyó decisivamente al l uso de esa práctica. En los centros becarios estudiantiles el personal docente se encargaba de correr con estos trámites y los padres no recibían ningún tipo de información al respecto.
Con el transcurso de los años, esas adolescentes se convirtieron en personas adultas, que veían el aborto como algo normal y lo utilizaban como una forma de planificación familiar. Tanto es así, que Cuba alcanzó una tasa tan alta de abortos, que las Naciones Unidas les donaron una planta de anticonceptivos.
La legalización del aborto y su práctica asimilada socialmente han persuadido a las mujeres para que no se realicen abordos clandestinos, pero a la vez han desestimulado la procreación. Actualmente, en Cuba no se garantiza el reemplazo familiar y varios indicadores demográficos están afectados, como la masa laboral activa y su envejecimiento.
Estos factores tendrán una gran repercusión en la seguridad social y la capacidad de empleo en un futuro no lejano. Pero más que el daño socioeconómico, el peor daño es la pérdida de la autoestima de la mujer y de la concepción de su papel como reproductora de la especie humana.
En una Cuba futura, la cuestión del aborto se va a convertir en una gran controversia nacional, donde un resurgir del papel de la familia, de la iglesia y un enfoque político diferente, tendrán que chocar con una práctica, que se ha convertido en una cultura de planificación familiar.
CUBANET