jueves, agosto 28, 2014

Situación muy crítica del Hospital Clínico Quirúrgico 10 de Octubre en la Ciudad de la Habana.

¡DALE AL QUE NO TE DIÓ!
Por  gracia Divina, me encuentro aún, entre los sobrevivientes de la epidemia de Dengue Hemorrágico que, durante los inicios de la década del 80, abrazó lamentablemente a la Mayor de las Antillas.
El ser un chico activo, en ocasiones, trae sus ventajas. Un descuido del enfermero, me dio la oportunidad de, con discreción, introducir mi índice en mí garganta, induciendo así el vómito. Para sorpresa de los médicos, el adolescente diagnosticado con mala digestión, llenó 17 pomos de sueros de hemorragia. ¡Gracias a Dios!
Experimentar lecciones de este tipo, dejan su marca propia, se desarrolla un sentimiento de nostalgia cuando, en derredor tuyo, sólo encuentras mosquiteros, salas atestadas y cuartos hacinados de personas que, contraer la enfermedad, no fue decisión por cuenta propia.

En las últimas semanas, en reiteradas ocasiones no he tenido alternativa que, revivir –entiéndase en mi memoria- aquellos días lúgubres.
Entrar por la razón que sea al Hospital Clínico Quirúrgico 10 de Octubre, más conocido por la Dependiente es, un riesgo al ciento por ciento. El Hospital de referencia está saturado de personas con Dengue. Los salones de operación cerrados debido a que en este estado de emergencia, es una locura realizar intervenciones quirúrgicas.
Trozos de palos improvisados –entiéndase cortados a machetazos- , sirven de base a los mosquiteros sin, que sean lo suficientemente seguros como para evitar que, durante la noche, se corra o caiga el mosquitero y se propague más la epidemia.

Este, aunque crítico, pudiese ser el menor de los problemas. Puedo testificar que, existen habitaciones con seis personas cuando, cuatro resultan más que suficientes, la Sala Avelino 4to –cuarto piso del edificio- es, un ejemplo de ello y esto, créame, sigue siendo una bicoca.
Tuve el desagradable privilegio de estar presente cuando repartían eso a lo que llaman almuerzo. Un carro metálico como quiera, lleno, en su parte superior de cubos, por cierto TODOS destapados,  que sin exagerar, parecía más que recogían sancocho para cerdos.
La puerta de acceso al elevador, está decorada con una reja que, en su totalidad genera la idea de un cuadro abstracto de esos que sin decir nada, nos tropezamos en ocasiones por doquier. Los pacientes, supuestamente bajo la acción genocida de la guerra fría bacteriológica impulsada por los eternos enemigos norteños, deambulan libremente por la sala, sin tener en cuenta los riesgos de una picada.
El punto de convergencia eran las áreas de la azotea a ambos lados, allí conversan, fuman, meriendan  y distraen la vista, con el ir y venir de otros vulnerables a la plaga. Es aquí donde, en pleno cubano, patearon la lata.
En el momento de mi observación, el área de la azotea bridó una copia fiel del hermoso cielo reflejado en dos sendos charcos de agua, ¡SÍ! Escribí agua, agua estancada producto de la tupición de los respectivos conductos de drenaje. Por increíble que parezca, en medio del alto grado de contagio epidemial, la Dirección del Hospital se da el lujo de permitir semejante situación.
Los auxiliares de limpieza, brillan, por su ausencia. Los jefes de turno de servicio, las supervisoras de enfermería, las mismas enfermeras, la guardia médica, el personal de mantenimiento, en fin, la infraestructura de logística es obsoleta, no funciona, no reacciona y para colmo, el hospital no está en cuarentena y por él, deambulan cientos de personas diariamente, propensas a contagiarse.
Si acaso no he logrado cautivar su imaginación con palabras, permítame mostrarle algunas instantáneas que, de seguro provocarán una avalancha de emociones, fuertes emociones, tan fuertes que quizás sienta lástima por los ingresados allí y de hecho, agradezca a Dios por no encontrarse en la lista de invitados a este “hotel estrallado”.
Y créame que, si esto no es contrarrevolución, entonces, busquemos a Shakespeare y corrijamos algunos términos obsoletos por otros más insurrectos.
*Pastor Alejandro Hernández Cepero. 48a.  miembro de la Liga Evangélica de Cuba; se desempeñó en una misión en El Henequén, Mariel, Prov. De Artemisa, Cuba. Trabaja en la actualidad con el Mover Apostólico, Movimiento Apostólico en Cuba. Es colaborador habitual de algunos sitios web de temas cubanos.