jueves, junio 24, 2010

Dos de Salud desde La Habana, una de hospitales otra de farmacias.

Estas son dos informaciones desde Cuba, sobre la situación de la salud en Cuba. La primera es sobre las condiciones de las facilidades hospitalarias en la capital, la otra información es sobre las farmacias en Cuba. Vienen firmadas por dos conocidas blogueras cubanas residentes san La Habana. Ambas informaciones aparecen en Voces cubanas.
En el Hospital.
Por: Claudia Cadelo de Nevi.
Marta está cansada de los hospitales. Tiene -como la mayoría de sus coterráneos- mala suerte con la salud pública. Uno de los pilares de la revolución en la que nació no deja de parecerle un edificio carcomido en estática milagrosa, un pilar de la destrucción.
Hace algunas semanas estuvo cuidando a un familiar en el Calixto García. Entre otras vicisitudes, los sueros que necesitaba su paciente fueron comprados en el mercado negro, la mayoría de las medicinas “resueltas” y el tratamiento supervisado por los propios familiares. A fuerza de averiguar aprendieron a recordarle a la enfermera la hora exacta de las curas, el nombre de cada pastilla y el tratamiento –llevado a cabo por ellos mismos- para evitar escaras.
Como rara vez había agua, trajeron cubos; como no había cómo calentarla para la hora del baño, compraron un calentador; como había demasiado calor en el cuarto, pidieron un ventilador prestado. Lo llevaron todo: el jabón, las sábanas, la comida, el sillón del acompañante, la crema, el alcohol, las vitaminas y el algodón.
El único problema que quedó sin resolver fue el asunto de la tupición del baño; pero que el inodoro tuviera siempre un agua verde-roja apestosa y que el sifón del lavamanos se botara irremediablemente, podían ser considerados menores teniendo en cuenta la capa de churre de todo el local, la destrucción de las ventanas y los cables flotantes del falso techo.
Marta me cuenta que terminó su estancia agotada: lo único que le pide al cielo es morir de un infarto en su propia casa, sin tener que disfrutar de las comodidades de la salud pública cubana.
Las “Boticas” ó Farmacias
Por: Rebeca Monzo
Recuerdo con nostalgia nuestras otrora hermosas, pulcras y abastecidas farmacias así como a los atentos y magníficos farmacéuticos, dignos apoyo de cualquier médico, capaces de orientarnos responsablemente sobre cualquier medicamento o tratamiento. Estoy hablando de las populares boticas y boticarios que fueron orgullo de nuestro país hace ya más de cincuenta años.
Hoy, en mi planeta, las denominadas farmacias y farmacéuticos en nada se parecen a aquellas del pasado. El proceso involutivo las ha llevado casi hasta la Edad Media. Estoy convencida que cualquier hechicero, de cualquier tribu, era más atento y tenía mejor organizados sus mejunjes. Como muestra de lo que aquí narro, tomo la farmacia sita en Avenida 26 y calle39, en el nuevo Vedado. Al acceder a ella ya queda manifiesto el estado de deterioro y abandono de sus áreas verdes, así como de sus puertas principales de acceso, sin cristales, con las vidrieras rotas. Nos reciben con un hermoso mural adornado con recortes de periódicos viejos y algunas consignas también viejas, además de un letrero mal hecho que reza: aquí comienza la cola. Es bueno señalar que siempre hay cola, a pesar de sus cinco empleadas, ya que solamente una es la que regularmente atiende al público. Las restantes se dedican: una a revisar papeles en un viejo buró, otra a ordenar las pocas medicinas en los semivacíos y destartalados estantes, otra a hablar por teléfono y cobrar (si no está hablando con una amistad ó la familia, lo cual es muy importante), la restante a descansar en la trastienda ó almacén.
Después de aburrirse esperando, cuando al fin le atienden, es para decirle que el medicamento está en falta, o la receta está vencida, o le falta un cuño del policlínico, etcétera. Esto no es patrimonio de esta farmacia, sino que se repite en la mayoría de ellas. Las excepciones son las pocas que existen en moneda dura (CUC).
Visto el caso y comprobado el hecho llego a la conclusión de que esta situación nada tiene que ver con el tan cacareado embargo, sino más bien con la desidia que es la enfermedad del país que ya se ha hecho crónica. Una vez más la consigna Salud para todos, queda muy mal parada.