miércoles, noviembre 29, 2006

Cuba: El manicomio perfecto.

Seré el único loco
Por: Guillermo Fariñas*
La Habana, Cuba, noviembre 2006 - Lo anunciaban los carteles en las terminales aéreas, en las marítimas, en las carreteras: "Usted acaba de arribar al gran complejo demencial Isla Caimán Verde, establecido por la fuerza en el año 1959". Otro tipo de valla laudatoria también se leía por doquier: "La salud de nuestro adorado director es muy buena, sólo debe recuperarse para vivir 80 años más", o "La salud del director no puede ser comentada, ya que es secreto de Estado".
El otrora bello lugar de libre veraneo, era ahora un manicomio rodeado de agua, donde la presión social dentro del mismo se hacía cada vez menos soportable. Por eso, el director del supuesto centro de salud mental, históricamente, dejaba que escapasen a su conveniencia los locos más conflictivos y decididos, así evitaba la rebelión.
Como las desgracias siempre vienen juntas, el "loquero en jefe", como se hacía nombrar el director, cayó enfermo repentinamente, lo que creó incertidumbre y mucho miedo entre los pacientes, pues se podría desencadenar una "guerra de locos", la que haría desaparecer a la psiquiátrica población del sui géneris Archipiélago.

Y para rematar, la solicitada inspección de la desconocida Organización Internacional para la Salud del Trabajo, estaba encabezada por un grupo de psiquiatras y psicólogos extranjeros no chantajeables, los cuales sustentaban la hipótesis de que los administradores y jefes de psiquiatría en la Isla eran enfermos sicóticos. La prensa extranjera comenzó a llamar al sitio "El manicomio perfecto", ya que unos dementes en el ejercicio del poder pretendían a como diera lugar curar a los subordinados locos.
La situación económica, política, social, ideológica, y sobre todo alimenticia en aquel campo de concentración, propició que la mayoría de los colaboradores más cercanos a la dirección (los que viajaban al exterior) desertaran de aquella locura. Los menos favorecidos, no allegados al director, renunciaron ante la opinión pública, y no se dejaron convencer por los larguísimos discursos del director.
Una pareja de famosos psicoterapeutas fueron resucitados de sus tumbas con la mayor urgencia: Freud y Jung. Su misión consistía en diagnosticar la enfermedad del director. Tras una ardua investigación fueron plasmadas las conclusiones: "El director del Gran Complejo Demencial Isla Caimán Verde padece de egolatría".
A partir de ese momento la sola pronunciación en público del diagnóstico se consideró un delito, e incluso se realizó un referendo entre locos para que todo fuese legal. Las penas carcelarias por explicar qué era un ególatra podían oscilar entre la inmediata aplicación de electro-shocks, hasta el fusilamiento.
El alcalde del municipio colindante a la isla donde se ubicaba el manicomio, se quejaba a diario de los métodos anti-humanos que aplicaba el director a sus locos y de la excesiva cantidad de dementes que arribaban en creciente número a las costas de su cuerda municipalidad. Los locos jóvenes no querían ni trabajar, ni siquiera como "represivos loqueros privilegiados" por el director, y tampoco aspiraban a morir allí, cual eternos pacientes psiquiátricos. Su único ideal se centraba en sortear unas cuantas millas náuticas para caminar por el territorio de hombres y mujeres cuerdos.
Un día, un tal Calderín Tamayo, uno de los más eficientes "loqueros represivos", desde su puesto de gerente general de la Empresa de Seguridad Caimán Verde S.A., se entrevistó con el director para informarle de una próxima huida del reclusorio psiquiátrico, que tendría carácter masivo, según sus locos agentes. La respuesta del director ante la noticia fue una frase en tono de orden irrevocable, a viva voz, y tocándose la barba: -Tú tienes la lista de los más locos entre los locos. Ata a todos a sus camas, porque si llegan a la libertad, ¡yo seré el único loco de la Isla!.
* Psicólogo y Periodista independiente. Director de la Agencia independiente de Prensa Cubanacan Press.